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Irache recibe decenas de casos de centros de formación online que no cumplen lo prometido

Irache recibe decenas de casos de centros de formación online que no cumplen lo prometido

NAVARRA INFORMACIÓN

Irache recibe decenas de casos de centros de formación online que no cumplen lo prometido

Las prácticas no son las que se publicitan, el material está obsoleto, el precio final sube o el título no es oficial

La Asociación de Consumidores de Navarra Irache ha recibido en las últimas semanas a decenas de personas que habían contratado una formación online y que ven que la academia no cumple lo prometido. Algunos de ellos no dan las prácticas prometidas, ofrecen material obsoleto, suben el precio final o el título que ofrecen no es oficial, entre otros problemas.

La Asociación aconseja pedir todas las condiciones del contrato por escrito, asesorarse y estudiarlas detenidamente antes de aceptarlo. Algunas personas acuden para asesorarse antes de inscribirse, pero otras ya han pagado una matrícula, a veces de miles de euros, y no les permiten echarse atrás, pese a que no es lo que esperaban.

Las prácticas no son las prometidas

Varias personas han acudido a Irache al encontrarse muy molestas porque entienden que las promesas de “prácticas garantizadas”, “en las mejores empresas” o “inserción laboral” no se han cumplido. En algunos casos, señalan que tardan varios meses tras acabar la parte teórica del curso en conseguir las prácticas. Otras veces en las prácticas no ponen en práctica nada de lo aprendido en el curso. En algunos casos, para acceder a ciertas prácticas el consumidor tiene que cumplir unos requisitos, como certificados académicos o cumplir tiempo en desempleo, de los que se había informado en la academia y a los que el consumidor no puede acceder.   También sucede que el alumno se presenta a las prácticas en un proceso selectivo en igualdad de condiciones que cualquier otra persona que no lo ha realizado.

La publicidad de muchos de estos cursos los asocia a conseguir un empleo y muchos ciudadanos que se inscriben creen que, si hacen el curso, el puesto de trabajo está garantizado. Sin embargo, el contrato solo habla de un servicio de enseñanza. Cuando el consumidor quiere echarse atrás, ya ha firmado y no tiene documentos que demuestren que hubo tal estafa ya que los contratos solo hablan de un servicio de formación.

Títulos que no siempre valen

Otra cuestión delicada es el carácter oficial o no de los títulos obtenidos. En ocasiones en la publicidad se ofrece un título “reconocido” u “homologado”. Sin embargo, en ocasiones el alumno descubre posteriormente que no es un título oficial. Esto puede significar que una empresa privada puede contratarme para un trabajo, pero que, por ejemplo, para acceder a un empleo público o unas oposiciones el curso no me valga de nada.

Solo dan la información al inscribirse

Buena parte de los problemas de estos contratos de formación se originan en la falta de información transparente. Algunas de estas academias obligan a que el consumidor facilite sus datos, mediante un formulario u otra manera, antes de facilitarle las condiciones del curso, tales como metodología, precio final o materiales que facilita. Otras veces es peor y solo dan la información (algo a lo que están obligadas por ley) cuando el consumidor ha pagado ya la matrícula.

Esto hace que en muchas ocasiones lo que en su momento ofreció el comercial o la publicidad del curso no se corresponda con la realidad. No es extraño que verbalmente se dé a entender que es una formación presencial, de máxima calidad, con todas las garantías, con seguimiento y servicio de tutoría y que luego solo se trate de un material y el acceso a un campus online. Puede pasar que las clases online diarias prometidas en las que podía interactuar con alumnos y profesores sean en realidad la grabación de clases presenciales impartidas hace meses y que no ofrecen ninguna posibilidad de interacción.

Sin claridad en el precio

La falta de transparencia es especialmente grave cuando se da en el precio del curso. Algunas de estas academias van sumando conceptos, pero no informan con claridad del precio final que tendrá que pagar el consumidor. Es habitual que, al tratarse  a veces de miles de euros, se ofrezca una financiación para afrontar el pago. Sin embargo, la información que se da sobre esta forma de abono no siempre es transparente e indica claramente los intereses o el importe final a pagar.

Catorce días para desistir

Cuando el consumidor se da cuenta de que el curso contratado, y por el que ha podido pagar dos o tres mil euros, no es lo esperado, en muchas ocasiones ya no está a tiempo de echarse atrás. Si el contrato lo firmó en su casa, contrató a través de internet o fuera de la academia, tiene catorce días para echarse atrás. Si ya se ha superado este plazo, puede que la empresa de formación diga que no hay incumplimiento y se niegue a devolver el dinero. Si el consumidor decide simplemente no pagar los recibos de la financiación, puede que posteriormente la financiera se los reclame, quizá con intereses. En cualquier caso, la empresa tiene la obligación de informar sobre este derecho de desistimiento -siempre que se haya contratado por internet. Algunas empresas hacen pagar una señal y, aunque el consumidor se eche atrás dentro del plazo de desistimiento, se quedan con este adelanto. Otras señalan que, independientemente de que no hayan transcurrido los catorce días desde el contrato, si el consumidor ya ha entrado en el portal y ha accedido a los servicios, no puede echarse atrás.

Para reclamar, debe darse un incumplimiento

Lo habitual es que, cuando el cliente se dé cuenta de que el curso no cumple las expectativas, ya sea tarde para desistir. En estos casos, algunas empresas admiten la negociación para anular el contrato o rebajar el precio, pero no siempre es así.

Para poder reclamar, tiene que darse algún incumplimiento de las condiciones que constan en el contrato o incluso en la publicidad del curso, condiciones que se han plasmado de forma muy medida por algunas de las empresas. No basta con que las promesas del comercial no se hayan cumplido, ya que no hay manera de demostrarlas. Si hay algún incumplimiento contractual, se puede llegar a rebaja del precio, mejora de las condiciones o incluso anulación total del curso.

Pedir condiciones por escrito antes de firmar

Por todo ello, antes de firmar la suscripción de cualquier formación, es muy importante pedir toda la documentación por escrito, poder estudiarla detenidamente y, si es necesario, buscar asesoramiento.

Entre los puntos que conviene tener en cuenta en estos contratos, están:

  • El carácter de los títulos ofrecidos. Hay que asegurarse de qué institución u organismo certifica que son títulos oficiales y qué validez pueden tener para acceder a puestos de trabajo o procesos de selección en el mercado laboral.
  • Debe constar la denominación oficial del curso, el número de horas docentes, los contenidos que se van a impartir, la fecha de inicio y finalización y el horario de la formación.
  • Se debe detallar claramente todo el material que se va a entregar al consumidor. También se debe indicar el soporte, es decir, si se trata de material impreso (libros, cuadernos…) o material telemático y la forma de hacer uso de él (mediante un portal web, un usuario y contraseña, material recopilado en dispositivos…).
  • La metodología: si va a haber clases presenciales, online, si hay horarios de tutoría, si hay exámenes, trabajos de entrega…
  • La evaluación. Qué criterios se usan para que el alumno supere una asignatura o un curso y las consecuencias de no superarlo (entre ellas, si tendrá que pagar otra vez para matricularse en la materia no superada).
  • El precio total del curso, desglosado por conceptos, y las formas de pago. Si hay posibilidad de financiación, deberá constar toda la información requerida en este tipo de contratos.
  • La posibilidad de cancelación en algún momento o posibles penalizaciones.
  • La denominación, dirección y localización del centro, el nombre de la persona física o jurídica responsable.

 

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