Últimas noticias

¿Por qué una persona consume aunque haya decidido parar?

¿Por qué una persona consume aunque haya decidido parar?

NAVARRA INFORMACIÓN

¿Por qué una persona consume aunque haya decidido parar?

“No es no querer, es no poder parar”: AdriánNGallardo desmonta el mito de la voluntad en la
adicción

El director terapéutico de Esvidas Cádiz, centros de tratamiento de adicciones, explica por qué la enfermedad altera el autocontrol, cómo el consumo puede pasar de alivio a malestar y por qué una recaída empieza antes del consumo

Muchas personas con adicción se despiertan convencidas de que ese día no van a consumir. Se lo prometen, lo intentan y, aun así, terminan repitiendo la conducta. Esta distancia entre lo que quieren hacer y lo que finalmente hacen continúa interpretándose como una cuestión de esfuerzo personal.

En 2023 se registraron en España 48.635 admisiones a tratamiento por abuso
o dependencia de sustancias psicoactivas, sin incluir alcohol ni tabaco. Ese
mismo año, las admisiones por alcohol alcanzaron las 28.143, aunque el
Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones advierte de que esta cifra
recoge solo una parte de los tratamientos realizados en el país.

Detrás de esos datos hay una realidad que sigue chocando con una idea muy
extendida: la de que una persona con adicción no se recupera porque no quiere,
porque no se esfuerza o porque no tiene suficiente fuerza de voluntad. Adrián
Gallardo, director terapéutico de Esvidas en Cádiz, rechaza esa lectura desde el
inicio de su entrevista con Esvidas: “No es un problema de no querer, sino que
es un problema de no poder parar”.

Su explicación sitúa el foco en una enfermedad que afecta al cerebro, al
autocontrol, a la toma de decisiones y a la relación de la persona con el malestar.
Una mirada que también ayuda a entender por qué la recuperación no siempre
es lineal: el National Institute on Drug Abuse recuerda que, en las enfermedades
adictivas, la recaída puede formar parte del proceso y que los tratamientos deben
contemplar prevención, seguimiento y ajustes según la evolución del paciente.

Cuando querer parar no basta

Gallardo insiste en una idea especialmente difícil de explicar a familias y
pacientes: muchas personas con adicción sí quieren parar. Lo intentan, se lo
prometen, empiezan el día con esa intención y aun así vuelven a consumir.

“Seguramente hayan podido despertarse pensando en que hoy no lo voy a hacer
y han acabado haciéndolo”, señala. Para el terapeuta, esa distancia entre lo que
la persona decide y lo que acaba haciendo muestra una de las claves de la
enfermedad: “Su decisión es no consumir, pero acaban consumiendo porque hay
una ausencia de autocontrol”.

Ahí entra el mito de la voluntad. Gallardo no niega el esfuerzo de quien intenta
dejar de consumir. Al contrario, lo coloca en el centro del problema: “La fuerza
de voluntad es lo que aplica cada día el adicto para intentar no consumir y no le
sirve de nada”.

La frase no habla de falta de compromiso, sino de una voluntad que se queda
sola frente a la compulsión, la obsesión y la pérdida de control. Por eso el
terapeuta diferencia entre intentar resistir y empezar un proceso real de
recuperación, con tratamiento, estructura y ayuda profesional.

Una enfermedad que cambia el cerebro y la relación con el
placer

Para Gallardo, hablar de adicción como enfermedad no es una forma suave de
nombrar el problema. Es una descripción de lo que ocurre en el organismo. “La
adicción es una enfermedad porque hay un cambio en la estructura y en el
funcionamiento del cerebro”, explica. Ese cambio, añade, “afecta al sistema
de recompensas, afecta a la toma de decisiones y afecta al autocontrol”.

La entrevista no se queda solo en la explicación neurológica. Gallardo describe
la enfermedad como una realidad con varias capas: “Tiene un componente
físico, que es la compulsión, el no poder parar; tiene un componente mental,
que es la obsesión”. A eso suma una dimensión más profunda, vinculada al vacío
emocional: “Cuando hablamos de espiritualidad no hablamos de algo
religioso, sino de algo profundo, un sentimiento de vacío muy grande que hace
que nada le llene”.

Desde ahí se entiende otro punto clave: la persona adicta no siempre
consume para buscar placer. En muchos casos, llega un momento en que
consume para no sentirse mal. “No me quiero sentir mal, no me quiero sentir
vacío. De esta manera encuentro una forma artificial de sentirme bien”, afirma
Gallardo.

Con el avance de la enfermedad, esa relación cambia todavía más. El consumo deja de funcionar como recompensa y empieza a operar como alivio. “El consumo pasa de ser un refuerzo positivo a un refuerzo negativo: no es que me haga sentir bien, es que me alivia el malestar”, resume.

El consumo es el final de la cadena, no el principio

Una de las ideas más relevantes de la entrevista es que el consumo no aparece
de forma aislada. Antes de la sustancia suelen aparecer conductas,
pensamientos, permisos y rutinas que van preparando el terreno.

“El consumo es el final de todo; es la consecuencia de un montón de patrones
de conducta que me acaban llevando hasta ahí”, explica Gallardo. Esta lectura
cambia la pregunta. No se trata solo de mirar el momento en que la persona
consume, sino de entender qué ha ocurrido antes para que ese consumo vuelva
a aparecer como salida.

Por eso, dejar de consumir no basta si no se trabaja todo lo que empuja a la
persona a repetir el mismo recorrido. Gallardo sitúa ahí el autoconocimiento,
pero no como una idea abstracta ni como una frase de autoayuda. “Es
fundamental que un adicto se conozca, porque si no se conoce, tarde o temprano
va a recaer”, advierte.

Y concreta qué significa conocerse dentro de un proceso terapéutico:
“Conocerse no es saber cómo me llamo o de dónde vengo. Es saber qué
defectos tengo, saber cómo actúo”.

Recaer antes de consumir: conocerse, hablar y pedir ayuda

La recaída, para Gallardo, no empieza necesariamente cuando la persona
vuelve a consumir. Puede empezar antes, en la conducta. “Para mí las recaídas
son, en primer lugar, conductuales”, explica. “Una recaída conductual es
empezar a darme permisos”.

Esos permisos pueden parecer pequeños: mentir, abandonar una rutina, callar
algo importante, no compartir una señal de alarma o convencerse de que esta
vez “no pasa nada”. Pero la enfermedad avanza precisamente ahí, en lo que
se minimiza y se oculta.

Gallardo lo describe como un desplazamiento progresivo: primero aparece la
conducta, después el malestar emocional y, finalmente, el consumo puede volver
a presentarse como forma de alivio. Por eso insiste en que la recuperación
exige mirar de frente los propios mecanismos. “No tienen que cambiar su
personalidad, tienen que cambiar su modo de actuar en base a su personalidad”,
explica.

Ese cambio no se sostiene únicamente con promesas. También requiere
aprender a pedir ayuda antes de que la enfermedad vuelva a tomar el control.
Para Gallardo, esa es una parte esencial del tratamiento: “El éxito en el
tratamiento no solamente es que un adicto no vuelva a consumir, es que
aprenda a pedir ayuda”.

El mensaje alcanza también a las familias, que a menudo intentan proteger,
controlar o resolver una situación para la que necesitan orientación. Gallardo
defiende la importancia de acudir a profesionales especializados: “Igual que hay
profesionales para el cáncer, igual que hay profesionales para la neumonía, aquí
también los hay”.

 

About The Author

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *