7.300 kilómetros. Esa distancia, a priori insalvable para una niña de 8 años, está a punto de desvanecerse. Mi hija estudia en una escuela pública de Navarra. Todo apunta a que el próximo curso su clase será unitaria, de 2 niveles educativos, y tendrá una ratio elevada; esto es, que los cierres anunciados por el Consejero Gimeno se llevarán a cabo.
El consejero de educación más polémico de la Navarra autonómica ha dicho que no se cierran aulas en la escuela pública, pero sí, se cierran, y esta es una. Y no solo se cierran aulas, sino que las escuelas pequeñas pierden personal: además de los y las docentes que intervienen directamente, este centro pierde la secretaría. La situación se intuye perniciosa al no contar con una figura administrativa en el centro, por lo que toda la responsabilidad recae el la dirección, que en este caso, como ocurre en muchos centros pequeños, termina siendo unipersonal.
Y parece que estos recortes vienen para quedarse. Las aulas que se cierren el curso que viene tendrán serias dificultades para ser recuperadas a corto plazo, si se cumple la previsión recesiva de la economía.
Estas medidas no refuerzan, de ninguna manera a la educación pública, como dice el señor Gimeno. La ataca, la agrede y perpetúa esa desventaja de vivir en la periferia de Pamplona. Y lastran a esos centros pequeños en los que un gran número del alumnado no conoce la lengua vehicular, y sin embargo no cuentan con recursos adicionales para revertir esa situación. Los cierres irán a más y sólo se abrirán unidades en aquellos centros grandes con un alto índice de matrícula nueva. ¿Adivinan en que modelo lingüístico? Y mientras se esquilmarán las ya endebles de escuelas rurales de la Alta Navarra. ¿Intuyen qué modelo lingüístico es el más perjudicado?
Todos estos recortes ocurren porque parece que no hay para todas y para todos, a pesar del record de recaudación de la Hacienda Foral de este ejercico: 5.865,7 millones de euros.
O sea, no es que no haya dinero, es que no hay voluntad política de invertir lo que se debe en la educación pública.
En un escenario bélico y de inminente falta de petróleo a nivel mundial y sin una ley contra la despoblación en vigor, el cierre de unidades en las escuelas empuja a las zonas rurales de Navarra a una muerte segura. Sin escuelas no hay futuro. Eso lo sabe todo el arco parlamentario de Navarra. Ahora solo queda que demuestren talla política.
Angela Campo Lumbreras

