Mientras sigue la diatriba USA-Irán, Israel mediante, entre Donald Trump y no se sabe quién por parte iraní, porque el nuevo ayatolá Mojtaba Jamenei continúa desaparecido, después de la severa advertencia de hacer “explotar sus plantas generadoras de electricidad más grandes” y la réplica de hacer lo propio con las plantas desalinizadoras de los países amenazados, con mensajes de uno: “Quieren la paz, han acordado que no tendrán armas nucleares, creo que hay una muy buena posibilidad de que terminemos logrando un acuerdo, así que le damos cinco es Estados Unidos que el que ha enviado mensajes solicitando negociar para poner fin a la guerra días y luego veremos a dónde nos lleva eso –de momento a diez días más de plazo–. Yo diría que al término de ese plazo podemos tener un muy buen acuerdo, así que por el momento no habrá ataque a las instalaciones energéticas iraníes” y el desmentido del otro: “es Estados Unidos el que ha enviado mensajes solicitando negociar para poner fin a la guerra”, no sé cómo no se ha resuelto ya el conflicto después de la sonora admonición tuitera de nuestro enérgico presimiente: «El gobierno de España exige la apertura del estrecho de Ormuz y la preservación de todos los yacimientos energéticos de Oriente Medio. El mundo no debería pagar las consecuencias de esta guerra «, sin duda, espoleado en su inmarcesible “resiliencia” por ese aluvión de cartas de ánimo, del uno al otro confín, de sus mesnadas de admiradores a las que se refería hace unos días nuestro epistolar felón. Lo cierto es que seguimos entre la euforia norteamericana: “Estamos teniendo un éxito tremendo en Irán. No le queda armada naval, no les queda fuerza aérea, no les queda equipo aéreo ni radares. Todos los líderes han desaparecido, nadie sabe con quién hablar, pero estamos hablando con las personas correctas…” y las largas iraníes: “No hay conversaciones con Estados Unidos. El intercambio de mensajes a través de mediadores no equivale a una negociación con Estados Unidos… Teherán no tiene ninguna intención de mantener conversaciones con Estados Unidos”.
Mientras tanto, aquí en España, Fray Perico el Renuente comparecía en el hemicirco de los disputados para hacer oposición al Partido Popular de José Mª Aznar, al que nombró unas quince veces en sus monólogos, desde su manido eslogan del “No a la guerra”: “El 15 de febrero de 2003, más de tres millones de ciudadanos salieron a manifestarse por toda España con un mensaje sencillo y rotundo, no a la guerra. Callar ante una guerra injusta –él prefiere callar (y otorgar) ante las peticiones de sus socios– e ilegal, no es prudencia ni lealtad, es un acto de cobardía –lo dice el Galgo de Paiporta que no se atreve a pisar la calle– y de complicidad. España no va a ser cómplice de agresiones ilegales ni de mentiras disfrazadas de libertad –es mejor ser cómplice de liberar asesinos etarras–. No, esta vez no, mientras yo sea presidente del gobierno”, que él quisiera que fuera siempre y seguir echando balones fuera y bombas de humo que tapen el complicado panorama judicial que se le viene encima.
Por su parte, Alberto Núñez Feijoo resumió en cuatro palabras más la postura de su partido: “no a la guerra y no a usted”, al tiempo que ironizaba a propósito de una imagen que llegaba desde Irán: “Algo tan honorable como la defensa de la paz difícilmente se puede personificar si la propaganda iraní estampa tu cara en misiles de guerra”. Estuvo bien el líder del PP, del que ABC decía que había sido el de las grandes citas y nada menos que Gabriel Rufián apostillaba que había sido “la mejor intervención” que le había escuchado. A fuer de ser honrado debo decir que también me gustó y creo que merece la pena escucharlo .
Frente a las manifestaciones de su rival –enemigo sería más preciso en su caso– reapareció el matón de patio insultante: “No sabe usted poner a Huelva en el mapa –lo dice el que citaba a Almería y Cádiz como provincias limítrofes–, ¿pero sí sabe dónde están las armas nucleares en Irán? Cúrreselo un poco, señor Feijóo, que es que no hace tantas cosas. Viene aquí… hombre, base sus intervenciones en función de verdades, de datos objetivos. Esa contradicción es tan evidente, tan flagrante, que me lo deja huevo” –¿verdades como las de la DANA de Valencia, como las del apagón, como las del accidente de los trenes de alta velocidad en Adamuz…–. Y remató con un nuevo exabrupto: “Pero entonces ¿va a votar que sí mañana al Real Decreto? es que no se puede, no se puede, no se puede ser más endeble. Cúrreselo un poco más”. Parece que se le olvidó una vez más lo que él mismo decía el pasado 1 de febrero en Teruel, cuando algunos lo insultaron: quien insulta no tiene argumentos ni nada que ofrecer a la sociedad. Y, sin ánimo publicitario alguno, tampoco estuvo mal Núñez Feijoo en su segunda réplica, pero al César lo que es del César, aunque deje más de una sombra en el pronóstico y trayectoria.
Lo puso en su sitio el ya citado socio de Esquerra: “A ti te ha venido la diosa Fortuna ver con esta guerra” y añadió: “Su potra es legendaria. Está muy bien eso de tener visión y potra, pero claro, el no a la guerra no puede ser un eslogan, el no a la guerra tienen que ser hechos”. Evidentemente molesto, replicó sin meditar bien: “¿Potra?, sí hombre, sí, la pandemia, el volcán, las DANAs –que no tiene ese plural, por cierto–, la guerra en Ucrania, la guerra en Gaza, en el Líbano, en Irán” y claro, sólo evidenció su condición de GAFE mayúsculo que ya hemos comentado en otros artículos.
También perdió los papeles su cada día más “PortaCoz” parlamentario, Patxi “Nadie” López, al que hablar de ETA lo dejó en evidencia y le sacó sus peores formas: “… Ya vale, ya vale esa utilización de mierda (sic). Eso son ustedes. Son ustedes los que utilizan las víctimas y el terrorismo…”. Parece que ETA le remueve algo, no me atrevo a decir que sea la conciencia, porque no sé si tiene, pero tal vez se acuerde de lo que le dijo Pilar Ruiz, la madre Joseba Pagazaurtundua: “Patxi, harás y dirás cosas que nos helarán la sangre”.
No faltó en el debate la referencia a una nueva traición por un tiempo más de permanencia en la Moncloa, la liberación sangrante de la asesina etarra Soledad Iparraguirre, Anboto, a la que se atribuyen al menos catorce atentados, por los que fue condenada a más der 700 años de cárcel y ya está en régimen abierto con sólo seis cumplidos. Se trata de una etarra más ha excarcelado la consejera de Justicia del Gobierno Vasco, María Jesús San José, que no es precisamente del PNV –con el que siguen las dádivas de competencias– sino del PSOE, que le devuelve el apoyo que recibe en el Congreso y que también paga con esta decisión el de Arnaldo Otegui, el líder de BILDU, prolongación política de la banda terrorista, que ya manifestó su apoyo al desgobierno Frankenstein a cambio de la liberación de los doscientos etarras que todavía seguían en prisión.
Y no puedo dejar sin citar aquí, antes del desembarco, aunque sea brevemente, otra de las terribles noticias que hemos vivido esta semana, como ha sido lo que no tengo reparos en calificar de suicidio asistido de la joven de 25 años, Noelia Castillo, vestido, eso sí, como “aplicación” de la aberrante ley de eutanasia que aprobó en 2021 otro desgobierno del mismo personaje y después de que el Tribunal Europeo de ¿Derechos? Humanos haya emitido su veredicto final, desestimando la batalla legal que había presentado el padre durante dos años para evitar el fatal desenlace. Como muchas veces he dicho, no soy jurista, pero de la lectura de las definiciones b) y c) del Artículo 3 de la mencionada ley, que más parecen condiciones o circunstancias, no alcanzo a ver que se den exactamente las circunstancias para aceptar esa decisión de la víctima, a la que la Generalidad de Cataluña, primero, parece que desatiende en ese centro tutelado al que la desestructuración familiar la lleva, y que la conduce a un primer intento de suicidio, para después operarla, rehabilitarla hasta capacitarla para subir una escalera y ayudarle en su recuperación física, aunque, evidentemente, no en la psíquica, para al final, suministrarle una dosis de Propofol para provocarle el coma y un bloqueante neuromuscular para la paralización total del organismo, que la han llevado a esa muerte “voluntaria” que la izquierda progre llama muerte digna, en un abuso muy laxo de ese término, poco presente me parece en los autores de esa aberrante ley. Me avergüenza que el Estado haya sido cómplice de la aprobación de esa, insisto, aberración natural del poder legislativo. Por cierto que, según datos del ministerio de Sanidad, en 2024 cincuenta y cuatro personas cambiaron de opinión y renunciaron de manera voluntaria a su primera decisión de ser víctimas de esa eutanasia, lo que demuestra que siempre puede haber otra salida. Creo que también merece la pena a este respecto, leer lo que Alberto Núñez Feijóo ha dicho, algo poco habitual en un político y, para muchos, menos aún en alguien del PP: “Muchas personas me pidieron un pronunciamiento público sobre Noelia. No lo he hecho hasta ahora porque creo que el asunto merece más que la ligereza de estas horas y la brevedad con la que mañana nos fijaremos en otra cosa. Este caso nos exige una reflexión profunda. Las instituciones que debían proteger a Noelia le fallaron desde la infancia y de una manera tan desgarradora que debemos pedir perdón y algo más que palabras. Una sociedad justa no mide su progreso por cuántas muertes permite, sino por cuánta vida cuida hasta el final. Porque la vida humana es digna siempre”. Espero que esta sea una de las reformas legislativas que haga si llega a la presidencia y que España necesita de manera urgente.
Dejo para el final el “desembarco” en Andalucía de María Jesús Montero, a la que muchos, jugando con la paráfrasis de la conocida cofradía sevillana, llaman ya “del gran poder recaudatorio” tras su paso por el ministerio de Hacienda que ahora deja, tras ser enviada por su jefe al fracaso, en esa línea “decapitadora” de exministros que lleva el okupa de la Moncloa. Y es que pese a la declaración de humildad exhibida por la ya candidata oficial a la presidencia de la Junta de Andalucía, región en la que me temo que no dejó buen recuerdo en sus etapas como consejera de Sanidad y de Hacienda: “Una persona que tiene grandes responsabilidades en el gobierno, en este caso, vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, que, probablemente ha sido la persona o la mujer, sin duda, con más poder del conjunto de la democracia, decida presentarse a unas elecciones autonómicas, que eso no se ve habitualmente, que una persona con ese recorrido decida venir a Andalucía para rescatar a los ciudadanos andaluces del desgaste, del deterioro de los servicios públicos para rescatar a los ciudadanos andaluces”, me parece que el de la “Omaíta” sanchista en Andalucía no va a ser precisamente el desembarco de Alhucemas o el de Normandía. Y es que la decisión del ya presidente en funciones andaluz, Juanma Moreno, parece que sorprendió a casi todos al adelantar un poco más las anunciadas elecciones en Andalucía: ”Los tiempos que están por venir exigen anticipación y capacidad de respuesta. El coste de la vida se está disparando, el contexto internacional es incierto y sé también que los próximos meses exigirán gobiernos estables y audaces para que puedan dar respuesta a las dificultades que puedan llegar, gobiernos que den confianza y seguridad y que tengan la capacidad de tomar decisiones”. Y como si del popular baile andaluz de las Sevillanas se tratara, la llamada a las urnas ya convocada para el 17 de mayo próximo va a ser la cuarta de la serie que empezó en Extremadura el pasado diciembre y que tras las de Aragón de febrero y las de Castilla y León hace un par de semanas, pueden significar también la cuarta derrota, y puede que la más estrepitosa, del Partido Socialista antes Obrero y casi nunca Español, que ha derivado desde hace casi ocho años en el desastroso Partido Sanchista.
Unas elecciones que se presentan con la doble incógnita de si el PP logrará revalidar su mayoría absoluta de la pasada legislatura, que exigiría alcanzar al menos 55 diputados, y si VOX sigue lo apuntado en mayor o menor medida en las tres llamadas electorales regionales antes citadas y consigue ser segundo partido en algunas de las ocho provincias andaluzas, que podrían llevar al PS de “Marisú de Sánchez” a horadar el ya mal resultado de su antecesor, Juan Espadas, que se quedó con 30 escaños en 2022, pese a que ha anunciado que va a contar en su campaña con el presidente de la Generalidad, Salvador Illa, que no sé si será su apoyo o su puntilla (perdón por el pareado). Y, por supuesto, tampoco faltará la ayuda de Pepe Félix Tezanos, que echará una manita con esas encuestas que pagamos todos de su Centro de Invenciones Sánchez, en el que también ha derivado el antiguo CIS. Con lo que no va a contar es con el voto con DNI digital, que ha desestimado la Junta Electoral en una acertada decisión y que dejaba muchas dudas sobre la pureza del voto.
Para el caso de que Moreno no se haga con ese último escaño que las encuestas ponen en duda, se anticipaba con su talante moderado, dejando un aviso a VOX: ”Cuando se pone Andalucía por delante de todo, el diálogo es posible y los acuerdos también llegan, esa forma de actuar basada en la moderación y el respeto, en la búsqueda de acuerdos que sean útiles para los ciudadanos, es uno de los rasgos de lo que se ha denominado la vía andaluza”. Y en esas elecciones van a jugar un papel estelar dos personajes de u n perfil similar, Pedro Sánchez y Santiago Abascal que personalizan sus respectivos partidos, que son ellos, y en los que faltan líderes regionales con cierto carisma, por lo que seguramente serán los que lleven el peso de las respectivas campañas, más evidente en el vasco, porque el doctor Plagio cum Fraude no dudará en dejar tirada a su candidata si las cosas pintan peor de lo que se intuyen, mientras que Abascal no tiene otra que meterse de hoz y coz en la campaña ante el bajo perfil del candidato designado por él a última hora, Manuel Gavira, del que lo único que se puede decir es que es un perfecto desconocido pese a haber sido el portavoz de VOX en el parlamento Andaluz.
Se quedan en mera cita, la crisis de VOX, con la apertura de expediente de expulsión de Iván Espinosa de los Monteros, otrora inseparable de su “amigo” Santi; el barco de apoyo a Cuba del millonario PabLenin Iglesias, con viaje previo a Méjico, seguramente en clase business, y escala en hotel de lujo cubano, como buen “comunista” moderno que se precie, y la recomposición del puzle ministerial con la promoción nominal de Carlos Cuerpo y el aumento de la cuota valenciana con Arcadi España, que puede suponer la decapitación anticipada de la ministra Diana Morant que también parecía llamada al sacrificio autonómico.
Antonio De la Torre, licenciado en Geología, técnico y directivo de empresa. Analista de opinión.

