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La vida secreta de una falla: el proceso que convierte una idea en ceniza

La vida secreta de una falla: el proceso que convierte una idea en ceniza

La vida secreta de una falla: el proceso que convierte una idea en ceniza

En los próximos días, Valencia se transformará en un museo al aire libre. Monumentos de varios metros de altura ocupan calles y plazas, atraen a miles de visitantes y se convierten en eje de la celebración. Pero lo que el público contempla durante la semana fallera es apenas la superficie de algo mucho más complejo. Detrás de cada una de esas figuras gigantes hay un proceso largo, artesanal y sorprendentemente meticuloso que comienza mucho antes de que la ciudad huela a pólvora.

Todo arranca con una pregunta aparentemente sencilla: qué quiere contar la falla. Porque no se trata únicamente de un monumento, una falla es una historia. Cada escena, cada personaje y cada gesto forma parte de un relato que puede ironizar sobre la actualidad, retratar costumbres o jugar con símbolos culturales reconocibles. Esa idea se convierte en un boceto: el primer dibujo que define la composición general del monumento y anticipa las escenas que el público descubrirá cuando la falla esté plantada.

A partir de ese momento comienza el verdadero trabajo de taller. Durante semanas, a veces durante meses, las figuras se construyen una a una. Los ninots, los personajes que protagonizan cada escena, se modelan de forma independiente antes de formar parte del conjunto. La estructura del monumento crece lentamente entre madera, cartón y corcho blanco, materiales que permiten levantar volúmenes grandes sin perder ligereza. Lo que desde la calle parecerá una pieza única es, en realidad, un complejo sistema de piezas ensambladas con precisión.

Cuando la estructura está completa llega el momento en que la falla empieza a adquirir carácter. Los colores aparecen, las expresiones de los personajes se definen y los detalles terminan de revelar la intención del artista. Es en esta fase cuando surgen los guiños satíricos, los pequeños carteles o los elementos visuales que invitan al visitante a detenerse frente al monumento y descifrarlo.

Solo entonces llega uno de los momentos más delicados del proceso: trasladar todas esas piezas a la calle. Lo que en el taller estaba fragmentado se convierte, durante la plantà, en un monumento único. Durante apenas unos días, la falla vive su momento de plenitud. Vecinos, curiosos y turistas la rodean, la fotografían y buscan los detalles escondidos entre sus escenas.

Y, sin embargo, todo ese trabajo tiene un destino conocido desde el principio. En la noche del 19 de marzo, las llamas consumen el monumento en la cremà. En cuestión de minutos desaparece lo que ha requerido meses de trabajo. Es precisamente esa contradicción —crear algo bello sabiendo que debe desaparecer— la que convierte a las Fallas en uno de los ejemplos más singulares de arte efímero.

Ese mismo ciclo creativo, aunque a escala mucho menor, también se reproduce en algunos espacios donde la tradición se transmite a las nuevas generaciones. En Cumbres School Valencia, los alumnos de Primaria han vivido este año ese proceso desde dentro con la construcción de su propia falla.

Durante varias semanas, estudiantes de 1º a 6º de Primaria han participado en el diseño y elaboración del monumento junto al profesorado y al personal de mantenimiento del centro.

La falla, dedicada al deporte como parte esencial del desarrollo físico y mental, está inspirada en el conocido lema mens sana in corpore sano y cobra este año un significado especial para la comunidad educativa tras el reciente triunfo del colegio en el Torneo de la Amistad, una de las mayores citas deportivas escolares del país, organizada por el grupo de Colegios RC España.

El monumento reúne escenas que representan distintas disciplinas presentes en la vida escolar como fútbol, baloncesto, pádel, atletismo, voleibol, judo, gimnasia rítmica, natación o ping-pong, convertidas en figuras que los propios alumnos han ayudado a crear.

Tras semanas de trabajo, el proyecto culminaba el pasado viernes con la plantà del monumento en el propio colegio, en una jornada que reprodujo algunos de los rituales más reconocibles de la tradición valenciana: una ofrenda floral a la Virgen, música de banda y, finalmente, la cremà del monumento consumido por las llamas.

Mientras la ciudad se prepara para levantar cientos de fallas en sus calles, en algunos patios escolares los más pequeños ya han descubierto el secreto que se esconde detrás de cada monumento: que antes de arder, una falla es siempre una idea, muchas manos trabajando y una historia que merece ser contada.

 

Colegios RC

Colegios RC es la obra educativa sin ánimo de lucro del Regnum Christi. Cuenta con 7.800 alumnos entre sus siete colegios en Barcelona, Madrid, Valencia y Sevilla, además de la Universidad Francisco de Vitoria (Pozuelo, Madrid).

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