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¡La comodidad mal gestionada, no nos favorece nada!

 

Sin ningún ánimo de nada, menos de herir, de machacar, sin ánimo de erigirme en gurú de nada; sino deseo desde mi atalaya del retiro laboral, donde lees más, reflexionas más tiempo, ves la vida pasar con otro prisma; percibo acontecimientos, conductas, emociones que simplemente me “chocan”, me sorprenden y me hacen sopesar la vida que transcurre a tal velocidad que ya estamos en Cuaresma y pasado mañana será sanfermines… Pues con ese espíritu abierto, humilde y libre que merecen nuestros lectores de Navarra Información, les cuento: Somos testigos de fotos, de emociones, de dolor y sangre de tres guerras días tras días, donde mueren personas de verdad, con sangre real, cadáveres por las calles y escombros por doquier…Hoyas de comida a granel, donde se diputan que les llegue algo, aunque sea líquido…

Lo vemos todos los días, tres veces al día; y nuestra nevera -a pesar de los precios-, a pesar de la huelga necesaria de los agricultores y ganaderos, sigue estando llena…, algunas neveras inteligentes te dicen que te falta los yogures Activia cero-cero. Tenemos coches automáticos, con asientos calefactados para que la espalda allí donde pierde el honroso nombre se caliente de inmediato para ir a la oficina. Tenemos grifos, y sale agua siempre que giras su pomo. Tenemos luz, sí luz eléctrica, no falla nunca, gas, calefacción, comemos cinco veces al día, y nuestros colchones son viscoelásticos… Tenemos un nivel de comodidad, de progreso, de abundancia que ni siquiera nos “paramos a pensar y valorar” los milagros domésticos con los que vivimos… ¡No digamos nada de esos fines de semana pegados a la tecla del Néflix, con kilos de chucherías y cojines por doquier, donde la inanición es casi absoluta!

Mucha comodidad y mucho sobrepeso, mucho progreso y cada día menos libres; muchas pantallas en casa y cada vez más aburridos, un móvil que no para de avisarnos, y cada vez desarrollamos más ansiedad, menos comunicación. Menos esfuerzo, menos arranque y más infelices, más incertidumbre, menos riesgo, más miedos, más suicidios… Avanzamos que es una barbaridad, en ciencia y tecnología, no lo duda nadie, pero no somos más felices. Tenemos más cosas, más ergonómicas, más modernas, más adaptadas pero hay una gran mayoría, un porcentaje significativo, que se adormece ante tanta pantalla, tanta información, tanta mecánica electrónica, todo se basa en tocar, en pulsar, en recibir el premio de inmediato sin ningún esfuerzo -especialmente en tiempos de ocio-; y, dejamos las relaciones sociales, nos emparejamos vía internet, no me gusta, tengo más…, no hay riesgo, no hay trabajo personal, no hay ejercicio de compromiso, de conflicto, de no salir de mi estado de confort.

La trampa de la comodidad, el timo de tener todo a mano, la estafa de “no hacer nada”, el casi y absoluto agotamiento de estar todo un fin de semana tirado en el sofá, y el lunes acudir “medio enfermo” al puesto de trabajo… ¿Hemos pensado que tanta comodidad y progreso, no nos está yendo nada de bien? ¿No tendríamos que volver a estadíos más primitivos, menos modernos, y salir más al monde, a descubrir nuestra geografía, dejar las pantallas, las neveras repletas de todo, y buscar un poco de riesgo, y volver a casa agotados y cansados porque henos descubierto el esfuerzo de subir al monte, de otear el horizonte limpio y fundirte entre las nubes… El esfuerzo de buscar algo de incomodidad en subir al monte, se nos ha acabado el agua, estamos sudorosos; nos hace más felices, nos llena la mochila de emociones positivas, y esas emociones buscadas, trabajadas, cambian la membrana celular y nos proporciona otra forma diferente de ver la vida, y además no echas en falta tu sofá, tus cojines, tu comodidad pasiva y triste de una tarde enfrascado en el tedio más absoluto.

Estamos en Cuaresma, y yo que soy mayor, nos enseñaron a hacer algún “sacrificio” en ese tiempo de penitencia, ¡si he dicho sacrificio y penitencia! Si somos cristianos, es una manera sencilla y coherente de austeridad y esfuerzo; y, si no lo es, ese esfuerzo y disciplina le ayudaran a vivir de otra manera, porque siempre que nos proponemos un reto que supone molestia, desazón, incomodidad, te hace más fuerte y adquieres una compensación que te hace más dichoso y en definitiva más alegre, más feliz.

Dr. Emilio Garrido Landívar, Psicólogo clínico y doctor de la Salud, Catedrático de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos (CEU)

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