El maestro, pieza clave en el ADN de nuestros hijos.(Tercer propósito para el año 2024 y mejorar las evaluaciones Pisa y demás)
El maestro es el corazón y el cerebro del sistema educativo, debiéramos mimarlos, agasajarlos, protegerlos, valorarlos y reciclarlos; es el tercero de los propósitos de este nuevo año 2024, que nos hemos atrevido para mejorar nuestra educación e instrucción. Es la manera y modo de que las evaluaciones sean las que sean, resulten positivas y ascendentes. Recordemos lo que decía Aristóteles: “Aquellos que educan bien a los niños, merecen recibir más honores que sus propios padres, porque aquellos solos les dieron la vida, y éstos el arte de vivir libre”.
Margaret Mead, escritora de antropología, que descubrí en la Universidad de Navarra, de la mano de mi querido profesor José Miguel Barandiarán, recuerdo que en uno de sus libros decía: “Se debe enseñar a los niños cómo pensar, no qué pensar”. No podemos transmitir educación, ni instrucción encapsulada con ninguna ideología para que piensen lo que queremos, sino cómo pensar para adquirir un criterio propio y crítico, disfrutando del placer de la curiosidad, del descubrir… Porque solo por la educación puede el niño llegar a ser hombre, porque el hombre no es más que lo que la educación hace de él, pensamiento que me suena es de Kant. Enseñar, educar no es llenar un depósito de cosas, es encender un fuego que les devore de ilusión y emoción, que hagan un nuevo metaverso de cada niño, despertando la curiosidad en cada una de las acciones educativas a las que se enfrentan con su maestro.
Instruir, educar, corregir, orientar, dirigir, amar a sus discípulos, es una forma maravillosa de cambiar el ADN, gracias a esa continua epigenética que es la educación. ¡Cómo podemos estar satisfechos, en una sociedad del siglo XXI, cuando los maestros-educadores tienen una falta de ilusión, apatía y depresión…; cuando el agotamiento físico y mental alcanza en este gremio el 37%? (Estudio del Profesorado en España, 2023) ¿Podemos imaginar, que un educador del ADN de nuestros hijos, nietos, educandos; confiese que se siente intimidado en un 31 % o insultado verbalmente por su alumno, generándole agotamiento, estrés o depresión? No podemos permitirnos este enorme despropósito, cuando se trata de educar, que no es fabricar adultos según una determinada ideología o modelo impuesto, sino liberar en cada persona lo que le impide ser él mismo, permitiéndole realizarse según su perfil madurativo específico.
Para cumplir esta labor educativa y su enseñanza sea efectiva convirtiendo individuos en ciudadanos cultos, educados, y libres, debemos entre toda la comunidad educativa, (familia, maestro y toda la sociedad) incentivar el esfuerzo y el trabajo… Todo esto con disciplina, obediencia, respeto al profesor y el apoyo de las familias a la autoridad que los padres traspasamos a los profesores, creando una línea educativa de calidad, que redundará en un mejor aprendizaje y mejora en las posteriores evaluaciones de Pisa. ¡Se acabó, no hay otra!: disciplina, esfuerzo y más libros, dejémonos de modas e ideologías… Sin disciplina y esfuerzo no hay posibilidad cognitiva de un buen aprendizaje. ¡Terminemos con los experimentos con gaseosa!… Querámoslo o no todo está inventado, el cerebro de nuestros hijos no puede madurar sin una línea sistemática de rutinas, autoridad y una motivación que les hará más felices cuando sean capaces de disfrutar de ese esfuerzo personal que les da el goce de aprender y el saber del por qué de nuestra existencia.
El maestro tiene que redirigir en una clase de 25 alumnos, con 55 minutos de clase, aunque creamos en Horvard Gadner, no llega el solo a cubrir todas las necesidades de los alumnos y más si tiene algunos especiales, para los que tiene que cambiar de lenguaje y de método y estrategias individuales… De ahí que se necesita una selección del personal educativo con vocación, una formación continuada que les dé herramientas y pautas, sabiendo lo complicado que es vivir en una sociedad tan compleja en la que estamos inmersos, necesitando un continuo reciclaje, en el que no ha habido en general mucha costumbre en dicho colectivo, ni en la administración, la cual desde fuera vemos que depende de las modas y el ministro del ramo, que van dando bandazos según la ideología que sustente al gobierno de turno. Reciclaje, sin ninguna frecuencia seria y científica que genere en los maestros esa ilusión, vocación, e interés por avanzar en caminos psicopedagógicos nuevos, nuevas técnicas personales de los maestros que les retroalimenten la esperanza y la seguridad de su labor es un cambio del ADN de cada uno de sus alumnos.
Dr. Emilio Garrido Landívar, Psicólogo clínico y doctor de la Salud, Catedrático de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos (CEU)


