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¿Existen talibanes en España?

Yo creía que en España ya existía la libertad religiosa y la libertad de conciencia, eso por lo menos he ido integrando a lo largo de todos estos años de democracia activa, así se estableció desde 1979 cuando dicha libertad sustituyó el famoso Concordado con la Iglesia. Ahí se especificaba que la educación religiosa se convierte en un derecho y por lo tanto, deja de ser obligatoria de manera que las autoridades académicas adoptarán las medidas oportunas para que del hecho de recibir o no recibir la enseñanza religiosa no suponga discriminación alguna en la actividad escolar.

Una izquierda minoritaria en España tiene constantemente la pretensión de acabar con las instituciones católicas dedicadas a la enseñanza, así como la intervención de los bienes de la Iglesia, que parece una nueva desamortización, de dudoso provecho para los ciudadano. Yo creía que el tan cacareado “progreso que nos vendieron” se concentraba en invertir, incentivar, estimular la empresa, a los autónomos para crear riqueza con el empleo en todas las áreas y especialmente pensando en los jóvenes que son sin duda nuestro porvenir, sobre todo estando tan preparados como lo están, que según leo estos días, trabajan en puestos cuya preparación es infinitamente de más nivel intelectual del trabajo que ocupan. Esto es progreso real y medible, amén por supuesto de más cosas…

Progreso, no entiendo yo que sea centrar todas las fuerzas “democráticas de un gobierno, de una nación moderna” en acosar, oprimir, desacreditar unos pobres monjes que rezan por la paz, para que este mundo sea un poco mejor. ¿Creen realmente que esto es un tema que preocupe a quienes no comen, no pueden pagar la luz, no pueden enchufarse la máquina de hemodiálisis, respiradora, no tienen casa, están en paro o son autónomos que han perdido todo estos dos años de pandemia?

A mi entender de ciudadano medio, me pregunto cuando leo tantas cosas en un verano de canícula, que me desorientan, me aturden, me llenan de incertidumbre y me hacen pensar que no llevamos un camino de progreso… ¿Les parece poca cruz y grande, la que tenemos que soportar con la enfermedad, que no remite; con el paro que no mejora, con la industria que se cierra; que estemos haciendo un problema grande y de diana para intentar tirar una cruz en el Valle de los Caídos que la inmensa mayoría de los españoles no ha visto, sino por fotos? ¿A quién daña esa cruz, por muy grande y pesada que sea? ¿Quién se preocupa de que esté donde está? ¿Qué daño hace a los españoles, explíquenmelo, con la de problemas que tenemos más importantes y vitales? ¡Estamos tontos, fuera de lugar y con el norte perdido!

La frustración de un país entero, que se centra en temas que no interesan a la mayoría, porque no son prioritarios en el progreso de una nación libre y democrática, genera una enorme ansiedad nacional, que la estamos palpando día a día, no solo por la pandemia -que también y es mucha y seria-, sino por otros síndromes de los que solo los sanitarios y grandes bloques de la sociedad preocupada valora y discute, entre ellos las familias: El suicidio, la salud mental, el abandono en la salud preventiva, en la educación de la voluntad y la perseverancia en lo fundamental. Esto es un campo y una cruz que tendríamos que resolver… Aquí hay que invertir, eso es progreso, no tirar cruces de piedra, “balones fuera”, que no hacen sino desorientar al español de a pié, creándole más incertidumbre, más ansiedad al no ver un camino acorde a las necesidades de los ciudadanos que tanto necesitan para sobrevivir en un estado cada vez más de penuria…

La pandemia nos ha demostrado, no solo en nuestro país, la enorme deficiencia de madurez emocional que tenemos los humanos, la enorme vulnerabilidad despertada con sobresalto ante un virus que seguimos sin controlar por ese miedo que nos atenaza y nos vulnera todavía más, por falta de madurez…; ¡esa es una verdadera cruz, que tendríamos que plantearnos seriamente, porque hemos logrado un “bienestar”, una buena formación, unos derechos y deberes sociales, económicos y poco más… Pero no hemos invertido mucho en ese desarrollo personal, interior, de auto-dependencia, de seguridad, que todo esto nos da felicidad interior y a fin de cuentas salud. “Dependo de mí mismo, aunque necesite de los demás; ser uno mismo y no depender de nadie, porque para vivir la vida no necesitamos “representantes”, eres tú quien debe vivirla, nadie puede hacer por tí lo que tú deber hacer por tí mismo…” y, a esto se llama madurez, salud mental, salud con mayúsculas, y dejarnos de poner la diana en insignificancias que nos dan pan, ni le importa al la inmensa mayoría del pueblo.

Si además el “papá estado”, nos pone palos en la rueda de nuestra libertad y nos adoctrina con otros dogmas cual chistera mágica, estamos en un tramado que nada facilita nuestra maduración emocional como grupo y como personas, sí mayor incertidumbre y desasosiego: Traducido por inseguridad, ansiedad, tristeza, pesimismo, mayor fragilidad y más deterioro del sistema psicoinmune.

Dr. Emilio Garrido Landívar, Catedrático de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos (CEU)

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