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El virus del miedo

Me tocó ser testigo de una escena que da para un análisis interesante. Sin pretender ahondar en temas médicos, que escapan a mi campo, siento que es oportuna la observación que realicé hace un par de días en una guardia de hospital, de noche, mientras esperaba que mi madre fuera atendida por un conjunto de dolencias que, en suma, los profesionales de la salud no pudieron precisar y determinaron como “estrés”, y aventurar un análisis psicosocial.

Habiendo transcurrido una hora, fui observando que del total de demandantes del servicio de guardia (eran siete personas con sus respectivos acompañantes), dos presentaban heridas de algún tipo de accidente, y el resto acusaban “sentirse mal”. Ese resto, en el que tambien se encontraba mi madre, esperaban resultados de distintos tipos de análisis, algunos químicos, otros del corazón.

El diagnóstico fue repetido una y otra vez, cuando el paciente salía del consultorio y se reunía con su acompañante perplejo, quien ya se lo imaginaba internado en terapia intensiva: “el paciente presenta un cuadro de estrés”; “su hija tiene miedo, mamá”.

Una señora, anonadada ante esta última sentencia le preguntó a la médica si le podía dar algo a su hija, porque la veía mal. Ante esto, la profesional le dijo que era imposible, que “no se puede medicar el miedo”…

Dejo los puntos suspensivos para que el lector haga su propia reflexión, la cual no estará tan lejos de la de quien escribe.

La OMS, organismo que en estos tiempos pandémicos se ha vuelto vos autorizada (con quien comparto menos que más), en este caso resulta pertinente para traer la definición más adecuada de “salud”, cuando afirma que se trata “del perfecto estado de equilibrio físico-biológico, psíquico y social, y no simplemente la ausencia de enfermedad”. Entendida así la salud, como un fenómeno complejo y multidimensional, es que me es posible hacer un abordaje del tema en cuestión.

Es así que, lejos de sentirme aliviada porque tanto mi madre como las otras personas no tuvieran nada físico, me alarmé sobremanera, ya que comencé a plantearme qué sucede a nivel social para que el 70% de individuos de una pequeña muestra presenten una misma problemática. Considero que, dada la escala del contexto que describí, la muestra reúne las condiciones necesarias para ser representativa.

De esta manera fue que concluí que, tal como en 1984, la sociedad vivía en un estado de guerra latente, así estamos siendo atacados psicológicamente por el bombardeo de información sobre la pandemia y, combinado con las crecientes y sostenidas restricciones que debilitan y vulneran la posibilidad del contacto social, barrial, incluso familiar, el cuerpo empieza a manifestar síntomas físicos de esta vulneración.

Una anécdota que siempre cuento es la de un señor muy viejito que, por insistencia de su familia fue a hacerse un cheque médico de rutina. El hombre estaba muy bien, y el médico le aconsejó que mantuviera una dieta sana y evitara el alcohol. Le recomendó que volviera adentro de unos meses, pasados los cuales, el pobre hombre se encontraba en un estado desastroso de salud. El médico le preguntó, alarmado, si había seguido sus recomendaciones, y se le comunicó que “al pie de la letra”. Esto significó que para evitar tomar alcohol, el viejito tuvo que dejar de frecuentar el bar donde habituaba encontrarse con sus amigos, este espacio significaba ocio del bueno, esparcimiento, amistad, felicidad, en una palabra. Y tal fue el impacto que esta restricción tuvo en la dimensión física del protagonista, que el doctor le pidió encarecidamente a su familia que le permitieran al señor volver a su bar de siempre.

Esta problemática de salud excede la esfera de lo físico, tal como podemos observar. En este escenario pandémico, la gente se está “enfermando de miedo”… o cabría preguntarnos si “la están enfermando” deliberadamente.

Me gustaría conocer sus experiencias y opiniones.

Laura Maciel, licenciada en trabajo social, actualmente cursa la carrera de ciencia política.

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1 Comentario

  1. Guillermo

    Las consecuencias ´psíquicas de esta Plandemia o como quieran llamarla, la superan con creces. No solo es depresión, si no la consecuencia de ello: falta de controles médicos y enfermedades, suicidios, etc. Y seguramente no hay ni habrá estadísticas de esto como del Covicho este.

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