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La penalización de la maternidad 

Hace unos días, en Constitución (barrio de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires) vi a una mujer que me cruzo casi siempre. Pareciera estar en situación de calle, con claras señales de adicción a drogas y alcohol, y de haber pasado cosas muy duras. No debe llegar a los 40 años, pero está muy avejentada.

Esta vez, la vi alzando un gatito bebé. Le hablaba y se reía haciéndole cosquillas. “¿Dónde está el bebé de mamá?” le decía.

Y me embargó una tristeza infinita. Porque esa mujer se tenía que contentar en expresar sus instintos/pulsiones/deseos maternales (como quieras entenderlo de acuerdo en qué teoría estés parado) en un animal. Con esto no digo que esté mal querer a un animal en absoluto.

Pero me da la sensación que de manera directa e indirecta, por convencimiento (que no es lo mismo que convicción) o por imposición, se está penalizando cada vez más la maternidad, lo cual es algo intrínseco de la mujer.

Cuando hablo de algo intrínseco, me refiero al ser, a la esencia. Claro que el ser puede sufrir accidentes o atravesar diferentes coyunturas. Hay mujeres que no han podido ser madres, no sólo por causas biológicas, sino variadas. Eso no las hace menos mujeres, ¡por favor, no se me mal interprete! Pero desde chicas sabemos que todo nuestro cuerpo, sus cambios, sus ritmos e incluso dolores, todo apunta hacia el ser madre. Afirmar que es algo instintivo no estaría mal, pero sería incompleto: sería circunscribir la maternidad a la esfera de lo biológico. Lo biológico, aunque importante, es sólo una dimensión. Pero la maternidad no sólo es biología o mandato social…un rol que habría que cumplir en la sociedad, sino una necesidad, que exhorta a las mujeres a sublimar, canalizar en un “objeto” ese deseo de cuidar, brindar cariño y proteger.

Y es tan fuerte esa necesidad que se sublima en una mascota, un amigo, una pareja…

El mismo feminismo que inculca que “la maternidad será deseada o no será” se contradice en el discurso, cuando ataca al capitalismo por cosificar a la mujer, por convertirla en un engranaje. Se contradice en los actos, porque todas las feministas que me tocó conocer en mi larga trayectoria, se han apegado a algún animal al punto de lo patológico. Como si esto no fuera poco, se contradice en el pensamiento, cuando mil veces he escuchado que cuando buscaban justificar el aborto, se decían a “mamás”, queriendo referirse a “cuerpxs gestantes”, y a “bebés”, queriendo hacer mención a los “conjuntos de células”.

La maternidad es una institución humana sociohistórica. Pretender arrancarla de las conciencias es un acto de violencia psicológica grave. Y por ello hoy encontramos todo este tipo de formas viciadas/patológicas de maternizaje (acción de maternizar o ejercer la maternidad)

La escena que presencié me hizo inmediatamente recordar a los seguidores del new age, paganismo, naturalismo y otras yerbas posmodernas, que afirman no creer en Dios (con la consecuente contradicción que implica autodefinirse “ateo”), pero creen en energías, en chacras y en el cosmos.

Chesterton dijo que cuando el hombre deja de creer en Dios, comienza a creer en cualquier cosa.

Yo agrego a esto que cuando la mujer está impedida de ser madre, empieza a maternizar cualquier cosa.

Laura Maciel, licenciada en trabajo social, actualmente cursa la carrera de ciencia política.

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