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El miedo del Rey

NÚMERO 37

España comenzó el siglo XIX con un rey, Carlos IV, atemorizado por lo que ocurría en su vecina Francia y deseoso de que en España no ocurriera lo mismo.

Gobernaba entonces en Francia el “corso” Napoleón Bonaparte, general del ejército francés que entonces se hallaba en la cima del poder político y militar europeo. Solo tenía una sombra en su actuación y era la que le proyectaba, la “pérfida Albión”, Inglaterra, que le oponía feroz resistencia.

Napoleón necesita aliados. Tiene sus ojos puestos en España, país al que hace muy pocos años ya ha derrotado en la llamada Guerra de la Convención y que, en cierto modo, tiene obligado a ser su aliado.

Cuenta con un “amigo” en la corte española. Manuel Godoy se llama. Es entonces el válido de su majestad Carlos IV, el amante de su mujer, la reina; además, de un antiguo Guardia de Corps.

Quiere una alianza militar. Para ello envía a su hermano Luciano a Aranjuez, municipio madrileño donde se halla uno de los palacios de la Corte española, el llamado Palacio Real de Aranjuez. Allí se firma el 13 de febrero del año 1801 el llamado Convenio de Aranjuez.

El acuerdo establecía las condiciones en las que se unirían los ejércitos y flotas de España, Francia y Batavia – se llamaba a sí al territorio que hoy ocupa Países Bajos y que en 1795 se formó en el contexto de las guerras revolucionarias francesas. Duró solamente hasta 1806, cuando desapareció al formarse el reino de Holanda- para combatir a las fuerzas de Gran Bretaña.

Los términos del convenio incluían:

5 navíos españoles fondeados en Brest (Francia) se unirían a otros 5 franceses y 5 de la República Bátava, al mando de un general español, rumbo a Brasil o India.

10 navíos españoles de Brest, con 10 franceses y 10 bátavos, al mando de un general francés, marcharían hacia Irlanda o el norte de Inglaterra.

5 navíos del Ferrol (España) con 2.000 soldados se unirían a otras dos flotas francesa y bátava, iguales en tamaño, y partirían a conquistar Trinidad y Surinam.

El resto de la flota española se unirían con la francesa y, si fuera posible, con la flota rusa, para combatir a los ingleses en el Mediterráneo.

Se formarían 5 cuerpos de ejército, que se concentrarían en Brest, Batavia, Marsella, Córcega y la frontera hispano- portuguesa.

Andrés Valencia, profesor e historiador

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