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Carta a los Reyes Magos

Queridos Reyes Magos, siempre he creído que erais verdaderos y nunca me habéis fallado, siempre me habéis concedido todo lo que he pedido, especialmente si más lo necesitaba, porque la vez que pedí un piso, no me los disteis; pero pronto tuve la concesión de la hipoteca y el piso llegó envuelto en letras, que cada mes iba pegando en mi despacho de casa, una debajo de otra, hasta empapelar las paredes con todas ellas, la última fue la definitiva y ese día fue realmente recibir vuestro regalo, que supe era vuestro regalo de verdad, gracias; sois magos y yo nunca lo dudé, ¡incluso cuando supe que eran los padres!

Ahora que estoy ya en mi última etapa, ya no necesito piso, me sobra casi todo, la pensión todavía la cobro religiosamente, espero que siga siendo así porque si no, no sé que podrá pasar en este aciago año que hemos pasado y que, aún teniendo una rendija de esperanza, la incertidumbre nos atenaza continuamente con tantos “ertes”, “eres”, falta de trabajo, economía por los suelos, y un gobierno que está más a las suyas que a las nuestras. Por eso esta vez os pido queridos reyes magos, que como llevasteis regalos al Niño Dios: Melchor oro, Gaspar incienso y, Baltasar mirra; yo os pido por favor que también nos deis oro, incienso y mirra; tranquilos, que no es ese oro metálico al que me refiero, no, ni ese incienso cual desodorante o abrótano, que se necesitaba entonces; ni la mirra, sustancia resinosa aromática con propiedades medicinales…, tan usada en tiempos de Jesús para combatir mil males; te pido otro oro, otro incienso y otra mirra diferentes pero similares, que por eso sois magos.

Querido Rey Melchor, necesitamos tu “oro” más que el comer, ese oro, que es para nosotros una rendija de esperanza, para que la vacuna produzca sus efectos positivos y sea gratuita para todos. Oro, que será -sin lugar a duda-, recuperar la normalidad, la vida, la calidad emocional de nuestras vidas: volver a abrazarnos, a juntarnos, a vivir sin miedo, a no sospechar de quien tose porque tiene un catarro, a tener prudencia sin temor…, ¡ese es el oro que te pedimos Rey Melchor! Hay muchos, pero mi lista no acabaría en este recuadro del que dispongo. Por eso, abusando de tu poder mágico, quiero que no te olvides de los jóvenes, que la crisis de la natalidad ha diezmado dicho grupo, son siete millones de jóvenes; se emancipan tarde y mal, abundan los desempleados, la desesperanza y un pesimismo ante la falta de empleo cuando el 44% de ellos tienen una formación universitaria… Las tasas de suicidio entre los jóvenes aumentan, y no hacemos apenas nada por prevenirlo; ese es el oro que te pido.

Querido Rey Gaspar, necesitamos incienso, pero un incienso que “huela-se perciba” como optimismo inteligente. Lo necesitamos a grandes dosis, vivimos instalados en el miedo, y es un miedo enfermizo que nos atenaza y nos debilita, y observo -que a pesar de la vacuna-, el miedo sigue aumentando. Rey Gaspar, haznos sentir ese optimismo de vivir, de disfrutar de los pequeños placeres diarios que no valoramos, y tenemos muchos donde agarrarnos. Me duele leer que más de la mitad de la población española, cree que el próximo año empeorará la situación económica… ¡Hemos pasado etapas tan negativas como las presentes y las hemos resuelto con trabajo y con dignidad, entre todos! A pesar de tanta mentira como nos envuelve día tras día, es difícil estimular un optimismo inteligente, pero somos cada uno de nosotros quienes debemos tomar una nueva actitud, nuevas decisiones personales, sin pensar ni pararte en “que la primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira” (F. Revel, 2006) Nuestra decisión, nuestra actitud frente a la vida será siempre la verdad, es la verdad.

Querido Rey Baltasar, necesitamos tu mirra, pero una mirra que nos cure, que sea un bálsamo para curar muchas heridas que se abren y otras que no se cierran… Por eso te pedimos insistentemente que nos ayudes a crear, a fabricar “felicidad sintética” cuando no tengamos la felicidad natural. Es tan buena e importante como la natural. Cuando vemos, que flaqueamos, que nadamos en falacias incumplidas, que el termostato de la felicidad natural baja de nivel construye felicidad sintética, para que tu termostato en los momentos difíciles suba o se mantenga a flote. No te dejes llevar por los titulares, por las modas, por los presagios, por la inmadurez de una ingeniería social, que no nos ayuda a construir puentes, porque no quieren -esas fuerzas extrañas-, que seamos felices, que seamos libres, que podamos pensar por nosotros mismos. Rey Baltasar, ya lo siento, es duro, pero lo necesitamos.

¡Felices Reyes Magos para todos!

Dr. Emilio Garrido Landívar, Catedrático de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos (CEU)

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