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El “sindiós” de los sin Dios. Y algunas cosas que demuestran lo primero

Aunque de momento no aparece en el Diccionario de la Lengua Española (DEL), pese a que la Real Academia (RAE) sea bastante sensible a numerosos palabros “progres” de la calle, que se apresura a incorporar, este de “sindiós”, parece que le cuesta trabajo aceptarlo y sólo reconoce “contradiós”, que define coloquialmente como “Acción absurda o vituperable”, en una disyuntiva más que cuestionable. Pero el “sindiós”, que va mucho más lejos, se ve que para la RAE no debe estar suficientemente repetido como para incluirlo entre las 2.557 novedades que la actualización 23.4 añade a su edición digital de hace pocos días, y eso que es mucho más antiguo que la mayoría de ellas, tanto, que no soy capaz de recordar la primera vez que lo escuché o lo empleé y ya paso de los 70. Junto, equivale a algo así como el caos o, en términos más coloquiales, el desmadre de algo que supone un lío de “tres pares de narices”, que se podría expresar también con una de las palabras que más acepciones tiene en nuestro argot, “un lío de c…..s”. Nada que ver con la expresión “sin Dios”, separado, en la que la preposición, obviamente, indica carencia o ausencia de Dios, inherente en definitiva a la situación citada.

Y creo que el estado actual de España no se puede resumir en una frase más corta que la que recojo en el título “El ‘sindiós’ de los sin Dios”, tanto en el efecto producido, un auténtico “sindiós” -valga la redundancia- en el más amplio significado de la palabra -cuando la recoja el DEL-, como en sus productores, unos siniestros personajes absolutamente carentes de Dios y ausentes del más mínimo sentido cristiano que predica su doctrina.

La última prueba de lo que digo, que no sé si para cuando se lean estas líneas será la penúltima, ha sido la rápida aprobación en el hemicirco de tramitar la proposición de ley socialista para reconocer en España el derecho a la eutanasia. Y como era de esperar se aprobó por una amplísima mayoría de 201 votos, incluido el de las anchoas y los de la veleta naranja, con 140 en contra, Partido Popular y “franquicias”, Unión del Pueblo Navarro y Foro, y la oposición de la Oposición, VOX -que esta vez antepuso la razón a su manía persecutoria al PP-, con dos abstenciones sorpresa, Tomás Guitarte de Teruel -co- Existe -con y gracias al PSOE- y Joan Capdevila de ERC, hoy “El Rojerío Catalanista”. De esta manera, España será el sexto país del mundo en regular la eutanasia por ley junto a Holanda, Bélgica, Luxemburgo -tres de esa Europa que extendió por el mundo el Humanismo Cristiano, para más inri-, Canadá y Colombia -único del mundo cristianizado en Hispanoamérica, triste herencia que tendrá ya su referencia en la madre Patria tras la por ahora última de los sin Dios del caótico sindiós-.

Y es que estos sociópatas que nos desgobiernan y llevan a España al más absoluto caos nacional e internacional, tienen fijación con atentar contra todos los principios básicos de ese humanismo cristiano que decía y de todo lo que forma las raíces de una sociedad bien estructurada. La cosa empezó aquí con la aprobación en 1981 de la Ley del divorcio que nuestro cenutrio “presimiente” Pedro Plagio cum Fraude atribuyó en uno de sus dislates históricos a Felipe González, que llegó al poder ejecutivo año y medio después para empezar con sus “valiosas” aportaciones al “desarrollo democrático” e ir sembrando lo que hoy es una triste realidad, no conoce a España “ni la madre que la parió”, algo que no consiguió él ni el que lo dijo siendo número dos de partido y gobierno, Alfonso Guerra, pero que se encargaron de completar sus sucesores socialistas ante la pasividad en ese aspecto de las dos etapas “conservadoras” -pero no mucho- de José Mª Aznar y Mariano Rajoy que, a mi juicio, desperdiciaron sendas mayorías absolutas, sobre lo que ahora no voy a volver a insistir. Así, esta primera “zancadillita” a la familia no fue socialista en sentido estricto, pero sí impulsada desde la UCD por el entonces ministro de Justicia, Francisco Fernández Ordóñez, que en el sálvese quien pueda de la debacle del partido de Adolfo Suárez formó el suyo, el PAD -Partido de Acción Democrática, el apellido que no falte para luego incumplir todos el Art. 6 de la Constitución-, que acabaría integrado en el PSOE.

EL siguiente “logro social”, dirigido también en la línea deshumanizadora y anticristiana -progresista, dicen ellos- de ir desdibujando la verdadera naturaleza del individuo, este sí, plenamente socialista siendo ministro de ¿Justicia? el “católico” toledano Fernando Ledesma, fue la Ley Orgánica 9/1985 con la que se despenalizó el aborto para tres supuestos: riesgo grave para la salud física o mental de la mujer embarazada, violación o taras, físicas o psíquicas, en el feto. Coetánea con esta ley fue la LODE -8/1985- que regulaba en su enunciado el supuesto “derecho” a la Educación, que para la izquierda -y no digamos para el nacionalismo, del signo que sea- se traduce como derecho al adoctrinamiento, complementaria sin duda para ir calando en las “semillas” que sobrevivieran a la que le siguió un par de días después y cinco años más tarde completaría la LOGSE del “medio” ministro  Javier Solana  -digo yo que si para él, duodécimo era “doceavo”, segundo, que fue su orden en ese ministerio en la etapa PSOE, debía ser “medio”-. Como ya dije, la “derecha conservadora” que lo sucedió en 1996, pasó de puntillas por ambas y no voy a entrar de nuevo. Llegó después el hoy bolivariano José Luis Rodríguez para dar pasos definitivos en ese ataque al individuo y a la familia, centros neurálgicos de la sociedad con la que parece que se quiere acabar desde hace casi cincuenta años -recomiendo leer el poco conocido Informe Kissinger de 1974, NSSM 200-. El citado ZParo avanzó en esa desmembración del individuo y la sociedad retorciendo la ley de 1985 con un eufemismo de los que tanto le gusta a la izquierda, que pasó en 2010 a llamarse de “Salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo” -aborto a la carta-, sin tener en cuenta que se interrumpe lo que se puede continuar pero que en este caso esa interrupción supone realmente acabar con una vida, es decir, más que posiblemente, el asesinato de un no nacido pero engendrado y, por tanto, un ser vivo, aunque para la gloriosa Bibiana Aído no pudiera “hablarse de un ser humano” (sic) y ahí la tienen en la ONU, para propagar su doctrina -recomiendo aquí la lectura del libro “En defensa de la vida humana”, de José Ramón Recuero, amigo y compañero del Aula Política del CEU, en los que trata ampliamente tanto del aborto como de la eutanasia-. Ya, el antes citado asesor de Nicolás Maduro y cuasi ministro plenipotenciario de asuntos exteriores venezolano, fue “pionero” en legalizar en 2005 el “matrimonio” homosexual -tercer país del mundo después de Bélgica y Holanda (triste pódium “europeo”), que en todo lo negativo de las últimas décadas España siempre está en cabeza- y la adopción homoparental mediante una simple modificación del Código Civil, en un nuevo “adelantamiento por la izquierda” a la torpe derecha que, de haberse decidido con Aznar -siempre con perfil bajo en lo social- a admitir en su momento la igualdad de derechos de esas parejas de hecho, habría contentado al colectivo y frenado, seguramente, o al menos retrasado, ese paso hasta ahora que, con la llegada de su clon y socios al “sindiós” del desgobierno actual, sin duda se habría hecho realidad. Ese “gran” paso progresista vino acompañado de toda una terminología ad hoc para sustituir los rancios términos familiares de padre y madre por “progenitor A o B” -a gusto del consumidor, supongo, la elección de letra- o de marido y mujer, igualmente retro, por el de cónyuge, que para otra de las “geniales” ministras zapaterinas, la “ilustre” que no ilustrada Leire Pajín se suavizó en “cónyugue”, por cierto y sin duda por sus “méritos”, hoy también enchufada en la ONU como representante española en la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible, que estos de la izquierda entienden bien de “redes” y de “sostenerse” en el Presupuesto como sea.

Todo ese panorama, junto a la transexualidad, que cubre la Seguridad Social cuando desatiende la salud dental, por ejemplo; la identidad de “género”, que intencionadamente sustituye al sexo y a la que los “programas educativos” -otro eufemismo más- de algunas taifas regionales incitan a la infancia a plantearse desde pequeños; la pérdida de valores, en una clara inversión de la escala, como el reconocimiento a padres y abuelos, el esfuerzo y el mérito como bases de una Educación de calidad y excelencia frente al igualitarismo por abajo que se va imponiendo entre la cada vez más mediocre sociedad en la que nos encontramos, etc., nos dejan en un escenario propicio para lo que ahora se conoce como Nuevo Orden MundialNOM-, si es que no ha sido ese supuesto “Orden” lo que ha producido y propiciado este “sindiós” al que me vengo refiriendo, para la manipulación social evidente que se está viviendo en este siglo, especialmente visible en este desastroso 2020 que toca a su fin, aunque no sé muy bien si el que empieza va a mejorarlo mucho, porque el despropósito al que nos están llevando estos socialcomunistas y sus “allegados” -no sé si este tipo de allegados está contemplado en el significado que las autoridades sanitarias nacionales (perdón por el eufemismo) quieren dar al término para las, de nuevo en el aire, reuniones navideñas- no sé qué nos deparara en 2021.

Me llega una declaración del antes citado Javier Solana, aunque no encontré el contexto en el que lo dijo, relacionada en parte con lo anteriormente expuesto y en la que dice, supongo que en referencia a España, algo así como “somos el experimento europeo del Nuevo Orden Mundial que lleva adelante Pedro Sánchez, a cuyo respecto convendría saber qué se trató en esa primera reunión del antes citado y acreditado como “Pinocho” con el dirigente de ese movimiento, George Soros, celebrada a los pocos días de la moción de censura que lo llevó al poder, final de Junio de 2018 -dos personajes, presuntamente, sin Dios, pero que sin duda se creen dioses-, en la que estuvo presente ese amigo del exministro y compañero de gabinete, José Borrell, con el que habla “cada semana”, como reconocía en la entrevista que publicaba El País en Mayo pasado y que en la “exquisita transparencia” de la que presume el jefe del ejecutivo en cada comparecencia, no se ha sabido qué se trató, aunque los hechos que nos depara la indiscriminada inmigración exclusiva de hombres jóvenes, físicamente bien dotados, con dinero de bolsillo y móviles de última generación y su libre trasiego por territorio nacional, facilitado aparentemente por el ministro del Interior, puede darnos alguna pista.

Termino con una frase de George Orwell que decía que “En tiempos de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario”. Pues eso, valga esta máxima suya, símbolo de la libertad de expresión, desde la que comparto mi verdad.

Antonio de la Torre, licenciado en Geología, técnico y directivo de empresa. Analista de opinión

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