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La enseña de Vizcaya de los hermanos Arana Goiri

La enseña de Vizcaya de los hermanos Arana Goiri

Número 27

Los derbis futboleros desatan pasiones aquí en España. Real Madrid contra el Barcelona, Sevilla contra el Betis, Celta contra el Deportivo, etc, etc. Uno de ellos, no citado aún, es el que enfrenta a los equipos vascos, antes vascongados, por excelencia, la Real Sociedad contra el Athletic de Bilbao.

El símbolo oficial de su región, hoy llamada Comunidad Autónoma, al igual que en el resto de las CCAA de este país, es su bandera, en este caso la Ikurriña.

Más de 120 años de historia, si señor. Su creación se debe a los hermanos Arana Goiri, Luis y Sabino -este último el “sancta santorum” del nacionalismo vasco-. Pero, asómbrense, ambos acabaron descontentos con el uso que se hizo de su creación e imaginamos del uso que se le hace hoy.

Estamos en el verano de 1894. Luis Arana Goiri se encontraba en su caserío familiar dibujando el escudo y una serie de leyendas para la fachada de la sociedad «Euskeldun Batzokija», cuya inauguración se iba a celebrar pocos días después en Bilbao. Su hermano Sabino estaba junto a él haciendo unos garabatos en una hoja de papel, hasta que se volvió y preguntó: «Mira Luis, ¿qué te parece este diseño de bandera para Vizcaya que concuerda con el escudo?». El menor de los Arana no pensó en Navarra ni mucho menos en el País Vasco.

El objetivo, por tanto, no era crear la que fue considerada más tarde la primera ikurriña de la historia. Ni tampoco para representar oficialmente a todos los vascos, como ha ocurrido desde 1979 y durante un breve periodo de 1936.

Una vez configurada la enseña e, incluso, hasta inventado su nombre —fusión de las palabras vascas «ikurra», que significa símbolo, y «ehuna», que significa tela—, los hermanos Arana la cedieron para que fuera izaba en el mástil principal de la sociedad «Euskeldun Batzokija», en Bilbao, el 14 de julio de 1894. Fue el primer acto colectivo del nacionalismo vasco, lo que llevó a la malinterpretación de que la bandera fuera considerada también como el primer símbolo de este.

Luis Arana alzó la voz contra esta apropiación tanto antes como después de que la muerte de su hermano, en 1903, a causa de la enfermedad de Addison. «Era la bandera de Vizcaya, que se la conoce con el nombre de la bicrucífera, porque lleva la cruz blanca de nuestra fe cristiana y la cruz verde de San Andrés», insistía Luis Arana en varios escritos, a principios del siglo XX, sin que los sectores nacionalistas le prestaran atención.

En 1932, sin embargo, Luis Arana todavía se esforzaba por explicar en la prensa que era imposible que su hermano Sabino hubiera propuesto y diseñado una bandera que representara a todo el País Vasco.

Una postura que también defendió el mismo Iñaki Anasagasti en su blog, en 2009. El ex diputado del PNV creía fue una usurpación en toda regla, puesto que el pequeño de los Arana fue vizcaíno antes que vasco en aquella época, a pesar de ser el impulsor del nacionalismo. Y como tal, en aquella época, solo podía pensar en una bandera para Vizcaya.

Pero volvamos al derbi, estamos en el día 5 de diciembre de 1975. Por entonces la ikurriña estaba aún prohibida, como lo estaba la senyera, bandera de Cataluña. Esta, no obstante, había ido ocupando desde tiempo atrás su espacio al menos en el Campo de futbol del Barcelona, el Nou Camp, donde desde hacía algunos años había sido frecuente (y tolerada) la presencia de senyeras mezcladas con las banderas blaugrana, en especial en las visitas del Real Madrid. Pero la ikurriña aún era perseguida, asociada como estaba al terrorismo etarra, más que a la simple aspiración nacionalista.

La gran reivindicación, que efectivamente consiguió romper todas las barreras, se produjo en el primer derbi vasco de aquella liga. Athletic de Bilbao y Real Sociedad no siempre se han llevado bien, más bien se han mirado con el recelo propio de los rivales regionales. Pero en algo estaban de acuerdo, y ese día, sin aviso previo, y para sorpresa de todos, la salida al campo fue precedida por la ikurriña. Cortabarria, capitán de la Real, la portaba con la mano izquierda; Iribar, el mítico «Chopo», portero y capitán del Athletic, la sostenía con la derecha. Tras ellos, ordenados en sendas filas, sus compañeros de equipo. El partido se jugó en el viejo campo de Atocha, que prorrumpió en una ovación atronadora cuando se produjo la impactante imagen. La idea había sido, se supo luego, de Cortabarria, un amigo del cual le hizo llegar la bandera, plegada y escondida, al vestuario, en los prolegómenos del partido. Hubo acuerdo en los dos vestuarios y también con los entrenadores, Irulegui y Aguirre, ambos ex jugadores de la Real y el Athletic, respectivamente. El que no sabía nada era el árbitro, el andaluz Sánchez Ríos, que luego consignaría el hecho en el acta.

Después de la liturgia nacionalista vino el fútbol, donde el acuerdo dio paso a la lucha verdadera. Ganó la Real por cinco a cero.

Andrés Valencia, historiador y profesor

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