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¡Como en casa en ningún sitio!

¿No se han preguntado nunca el por qué en casa “hasta el culo descansa”? -disculpen mi atrevimiento-, pero no es mío el aforismo, todos sabemos que la filosofía popular utilizó su “estadística casera” formando estos refranes, sentencias y aforismos, que recibimos de los romanos -que eran unos portentos, en este arte- y hemos aprendido muy bien los españoles -con nota-. En casa, generalmente se te curan todos los males, abres tu puerta de casa, cierras y dejas atrás todo el día de trabajo, de inquietudes, de disgustos y de estrés… Pero llegar y generar un suspiro dejando la llaves en ese mueble que solo sirve para el polvo y “dejar las llaves”, es un acto reflejo. Voy al baño, y ya empiezo a saludar y a besar a mi gente, es un acto-conducta refleja… A no ser que algo más prosaico te vuelva de nuevo a la maraña dejada tras la puerta.

Mi casa es mi refugio, ahí me curo en mi sillón orejero -ahora cheslong-, y ahí con mi familia encuentro generalmente un oasis de paz, de sosiego, de relax; por lo menos en muchos momentos del día y del fin de semana. Pues la razón de todo esto nos lo da unas investigaciones muy curiosas y agradables de la Universidad de Cardiff, que cada vez va teniendo más peso en la ciencia, del nivel de Oxford, en Europa.

Podríamos decir que una ley innata hace que nuestro cerebro “deje de reaccionar a las cosas cuando estas no son biológicamente relevantes” (Burnet, 2018)… Claro está, que estar en casa, en nuestra casa, ahí están todas las cosas que son relevantes biológicamente para nosotros: Necesitamos comer varias veces al día, nadie se aburre de comer, nos cansamos de ciertos alimentos, pero hasta un simple vaso de agua del grifo cuando tienes sed, llega a ser una ambrosía… y, eso es relevante biológicamente hablando para todos. Nuestro cerebro lo reconoce y nos lo premia con una sensación placentera de felicidad y tranquilidad. Dormir siete, ocho horas, más de lo mismo… A nuestro cerebro no le cuesta nada aprender, que nuestra casa es el lugar donde podemos satisfacer todas nuestras necesidades biológicas esenciales, de tal manera que formamos una asociación positiva con ella… ¡Nuestro cerebro es un “verdadero perro de Pavlov”, ya que hace un aprendizaje asociativo continuamente y con nuestra casa!: Nuestra casa es el lugar donde ocurren cosas biológicamente relevantes: Dormir, comer, amar, defecar, miccionar, descansar, leer, cantar, etc… Las casas no son inventos del hombre actual, para guardar las cosas y saber dónde están; existen desde siempre y por toda la naturaleza muchas formas diferentes de casas: nidos, guaridas, hormigueros, colmenas, madrigueras, cuevas…. Todas las especies de la naturaleza tienen hogares, “los humanos, lo único que hemos hecho de novedoso es incorporar un timbre a la puerta”… (Ibídem)

El común denominador de todas las guaridas de las especies y de nuestro “piso con timbre” en particular, es que sirven para cubrir necesidades biológicas de alguna manera y casi constantemente y, nos hace tener: ¡una sensación de protección! Las cosas biológicamente relevantes son aquellas que nos mantienen con vida, que crean la supervivencia. ¡Hemos desarrollado por la evolución un complejo y sensible mecanismo de detección de amenazas! ¡De qué nos sirve tanta comida, si teniéndola en abundancia, un depredador nos devora, o nos despeñamos por un barranco! Ese complejo y sensible mecanismo de detección de amenazas está en nuestro diencéfalo: Amígdala, el córtex cingulado anterior, el giro temporal, el giro fusiforme, etc.; áreas complejas que procesan a una velocidad vertiginosa cualquier situación amenazante y nos hace reaccionar como una huída o una reyerta. Este mecanismo está siempre listo, en guardia, expectante para reaccionar en cualquier momento y ante cualquier embestida, incluso ante “figuras geométricas” en forma de punta (Christine Larson, Wisconsin-Madison, 2003), que percibimos como amenaza…, y nuestro cerebro los detectan y potencian una actitud de cautela.

Es la razón también, del por qué mucha gente, no se sienten capaces de salir de casa, pues el miedo y la histeria constantes a las amenazas, les debilita el sistema inmune, desarrollando una ansiedad-estado, que es muy estresante y afecta negativamente a la salud, porque la casa nos protege, nos da seguridad, controlamos con facilidad las pocas alarmas que suceden; tener un lugar fiablemente seguro y familiar como es nuestra casa, nos da una gran seguridad y felicidad.

Dr. Emilio Garrido Landívar , Catedrático de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos (CEU)

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