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¡Estamos desarrollando una indefensión, una impotencia crónica!

No quiero justificar, quiero aclarar algunos comportamiento que estamos observando cada día con más certeza. La gente, los jóvenes, muchos… Hemos llegado a un punto de inflexión personal, psicológica y social frente a la Pandemia, que nos está haciendo mucho daño: Unos niegan la pandemia, otros agreden a quien sea, otros no aceptan la situación y, muchos hartos “tiran por la calle de en medio” como pollos sin cabeza… ¡Es una situación de incertidumbre total! Pasamos de una orientación paternalista de un “estado papá”, que nos quería proteger con medidas muchas de ellas desmesuradas, incongruentes y carentes de lógica sanitaria. Ahora tenemos diecisiete “papás autonómicos”… Más incertidumbre, más miedo, más normas, unas coincidentes y otras desajustadas a la realidad real… Nuestra sociedad despistada, harta, aburrida, desanimada, sin norte, sin líder, sin verdad constada. ¡Qué situación estamos viviendo con tanta incertidumbre, zozobra, miedo y ansiedad, en la que estamos paralizando nuestra vida por momentos y un miedo enorme a enfermar, a contagiarnos, a vivir, … a morir!

¡Todos esto que resumo y acontece con tanta crudeza, es miedo intenso! No podemos estar en un estado de alarma continuo, constante y crónico… El estado de alarma -mecanismo cerebral que nos orienta ante el peligro-, no puede durar días, semanas, meses… No, porque esa alarma continua-crónica nos introduce en una desesperanza -en perfiles vulnerables y lábiles-, con más dureza y más severidad y vivimos con el alma encogida y nuestro cerebro -más preparado para resolver el instante, el alerta, y orientarnos-; no solo no nos orienta sino que hacemos una impotencia aprendida, que no quiere decir otra cosa que “no merece la pena luchar”, me dejo llevar, “para qué tanta incertidumbre, tantos ERTES, tantas deudas, tantos cierres, seguimos muriendo como las cucarachas, hagamos lo que hagamos”… En alguna medida la salud ha sido mermada, las relaciones emocionales y sociales depauperadas y casi anuladas; la economía esperando la inyección de Europa y, mientras tanto… “¡Todo se resuelve -perfiles sensibles, frágiles, lábiles, sin un euro que aportar a la familia-, con una ideación de suicidio!”, es cierto que se sienten incapaces de modificar esta situación, no vale la pena luchar más, para qué, no tengo ganas, no puedo huir ya más, me dejo llevar, entrando en una depresión crónica. ¿A que parece exageración?

Es un sentimiento de desesperanza tan profundo que nos asalta en la diana del “activador descendente” que anestesia nuestro diencéfalo y se nubla nuestro cortex frontal… “Vivimos unas experiencias tan dramáticas y tan largas -especialmente para muchos-, que haga lo que haga no logramos resolverlas y menos solos, sin interacción social o profesional”: ¡Tengo miedo a vivir! ¡qué indefensión, abandono, desvalimiento, soledad, orfandad, indigencia psicológica!

¿Es posible modificar estos comportamientos? No solo es posible, es urgente y necesario, es cuestión de salud primaria, es la base para prevenir la depresión y el suicidio, porque la ideación ya la tienen, es cuestión de tiempo. Se hace urgente elegir bien nuestros pensamientos, tendemos a lo catastrófico, cuando estamos en emergencia emocional y eso nos desbarata. Llevamos tanto tiempo haciendo o pensando lo mismo negativo y en nuestra contra, que no nos damos cuenta en qué torbellino estamos metidos, y no somos conscientes de que se pueden cambiar las cosas, por lo menos tu actitud… Dentro del túnel, solos, enroscados en nuestros pensamientos tóxicos y continuos, no podemos pensar en nada más que lo negativo. Por eso es tan importante una ayuda, un punto de apoya para “levantar ese mundo negro”, de impotencia, de volver a sentirnos capaces de que se puede, puedes, hay que intentarlo… Sé, que muchas veces sabes qué hay que hacer, pero estás bloqueado emocionalmente en tu práctica, pues tus pensamientos son muy reiterativos en tu contra, el miedo te atenaza. Intenta buscar el lado positivo de tu entorno familiar, tienes la vida en tus manos, es tuya, no tienes otra, vale la pena intentarlo de nuevo, no te culpes, sal, haz algo, busca ayuda, la necesitas, quizás tu solo no puedas y no pasa nada por ello, pero desenróscate de esa desesperanza e impotencia. ¡Se me acaba el recuadro, qué pena! La desesperanza y el pesimismo, no son formas más “realistas” de ver la vida, rodeate de gente positiva.

Dr. Emilio Garrido Landívar , Catedrático de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos (CEU)

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