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¡Nuestro trabajo para alcanzar la normalidad!

Cuanto antes seamos conscientes de que somos nosotros quienes debemos caminar e interiorizar hacia una normalidad normal, más fácilmente se nos hará la cuesta después del confinamiento… ¡No lo dude! No espere milagros, el milagro es cada uno de nosotros interiorice, que vivimos rodeados de virus, bacterias, y que nos son necesarias para esa vida… ¡Todos sabemos que aproximadamente tenemos cerca de 40 billones (millones de millones) de bacterias y unos 60 billones de virus! Estas cifras parecen espeluznantes, sin embargo son tan necesarias para la vida, como que son vida, forman parte de nuestra vida…

Por eso debemos acostumbrarnos a vivir con este virus -coronavirus-, y al que venga y se le ponga el nombre que sea… ¡Son parte de nuestra vida y de nuestro cuerpo! Tenemos la gran ventaja de que la ciencia “avanza que es una barbaridad” y pronto tendremos una vacuna para este virus, como hemos tenido para otros muchos, que nos han generado una gran calidad de vida y evitado muertes sobre todo en la infancia. Luego, la tranquilidad nos embarga con un optimismo inteligente, de que las cosas las vamos superando con vacunas físicas y con vacunas psicológicas -psicovacunas-, que son más lentas y costosas porque dependen de cada uno de nosotros y no estamos acostumbrados a hacer “poco por nosotros mismos”, es más cómodo que nuestro centro de salud nos haga todo… ¿Pero yo qué hago, cómo ayudo, cómo normalizo mi situación personal? Porque algo tendré que hacer yo -como persona viva y pensante activo-. Por eso es muy importante que cada uno de nosotros tome las riendas de su vida, de su salud y tenga conciencia de una prevención continuada.

Las vacunas físicas nos ayudarán de forma física, tranquilos que llegarán y pronto. Pero también tendremos que “crear” las otras vacunas psíquicas, emocionales, sí -han oído bien-, emocionales; pues ellas nos previenen continuamente de interpretar las cosas de otra manera y a nuestro favor, y eso es una decisión personal y de cultura de salud, que depende de cada uno de nosotros. Por eso se nos exige un esfuerzo para controlar el miedo, nuestro miedo y el miedo social, que depende de cada uno de nosotros. Prudencia sí, miedo no. Ahí, es un trabajo suyo, no del centro de salud, que tiene otras prioridades. Prográmese cuando se acuesta y nada más levantarse, un pensamiento, una emoción positiva y a su favor, porque ese pensamiento-emoción es su mejor y mayor prevención: “¡Tendré un día duro, pero extraordinario, porque la vida depende mucho de lo que yo quiera y desee lograr!”, “¡nada ni nadie me va a obstaculizar mi objetivo personal y laboral, porque intentándolo soy más feliz y así prevengo cualquier toxicidad que me rodee!”… “¡Todavía no tengo trabajo, pero tengo una formación, que me hará encontrar más pronto que tarde, un puesto que me merezco y deseo con fuerza!”. “¡He salido de otras similares o peores, y tengo la experiencia de que con esfuerzo saldré de esta igual que de las otras, estoy totalmente convencido!” ¡Esto es fortalecer mi sistema inmune, hacicéndolo psicoinmune! No se lo tome a broma, sus sistema inmune “oye sus pensamientos y según sean ellos actúa en contra o a su favor”, depende de tí, y de la perseverancia que tengas en esa tarea preventiva. Lo que la ciencia nos dice es que no se puede vivir sin pensamientos, y si ellos son a nuestro favor, nuestro sistema inmune se hace psicoinmune, y genera neuropétidos continuamente que favorece nuestro nuestro sistema central y periférico y nuestra resiliencia; los cuales actúan como neurotransmisores. Una vez liberados, se unirán a receptores específicos para ejercer su acción en la célula diana.

Si a este proceso preventivo, que es nuestra labor para fortalecer nuestro sistema inmunológico, en definitiva tu salud, lo combinamos con el ejercicio físico, tres veces en semana y una buena alimentación mediterránea y, la meditación-oración -por lo menos semanal-, su nivel de calidad de vida y por ende de salud, es una auténtica bomba de pura prevención, que ayuda a normalizar su vida y la de los demás, porque ya sabe que cuando uno mejora, mejoramos todos.

¡Bueno, pues no nos queda otra! La normalidad hay que conquistarla de nuevo con nuestra norma, normal.

Dr. Emilio Garrido Landívar , Catedrático de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos (CEU)

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