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La politización de las víctimas

Ayer martes en Pamplona tuve ocasión de asistir a una charla de Maite Pagazaundurtúa, y a pesar de haberla escuchado hablar hace apenas unas semanas, volvió a sorprenderme la artillería desplegada. Con permiso, me apropio de algunas frases para hablar de otra cosa.

“La politización de las víctimas la empezaron sus asesinos”, dijo Maite. No les mataron por el color de su pelo sino por sus ideas y por sus acciones, por oponerse al totalitarismo de una banda que tenía una clara agenda política. Quería un país homogéneo, excluyente y comunista. Y mataba para conseguirlo.

Y no mataba sólo para acabar con la oposición de unos pocos. “Eran asesinatos homeopáticos”, dijo Maite. Mataban a uno para acallar a miles y hacer huir a cientos. Mataban para crear el terror. Mataban para que aún hoy la gente no se atreva a hablar de estas cosas, a criticar sus ideas, a salir a la calle a defender las contrarias.

Y el efecto no ha cesado. “Es un Síndrome de Estocolmo”, dijo Maite. Las instituciones vascas y sus comunicaciones han asumido el marco conceptual, el lenguaje de los terroristas. Han dado carta de normalidad y naturaleza a sus ideas. Hasta algunas víctimas han asumido el marco y las palabras de los victimarios.

En algunos no sorprende. “Nunca hubo dos bandos”, dijo Maite recordando el título de un libro de Antonio Rivera que nos recomendó. Pero sí que hubo quienes quisieron creerlo. Gente para la que la división entre nacionalistas vascos y no nacionalistas era más importante que la división entre demócratas y sectarios. Gente que compartió un bando imaginario con ETA.

En otros, sí sorprende. “Alicia ha decidido que le compensa aceptar que las palabras significan lo que diga Humpty Dumpty”, dijo Maite. Y Alicia se equivoca, porque la ganancia a corto plazo no compensa lo que está cediendo al normalizar a esas personas, esa ideología y esa historia. No compensa los pasos que da, y que no podrá retirar con facilidad.

El resultado es que unos y otros quieren hacerles callar. “Parece que sólo nosotros no podemos hablar”, dijo Maite. Que se puede hablar de los sentimientos de pérdida, pero no se puede hablar de las causas políticas de la violencia. Que salirse del marco y “abrir la lata” de las palabras manipuladas es “venganza” o “beneficiarse” de su violencia.

Maite dijo muchas cosas más (y la charla está grabada gracias a Sociedad Civil Navarra). Describió lo que pasó y lo que está pasando con la precisión y la crudeza de un cirujano, y pese a ello consiguió acabar con optimismo. Optimismo por la juventud, por la sociedad civil, y por la artillería que viene de Europa para ayudar a poner coto a los comportamientos sectarios y a los que los fomentan.

Porque el nacional-populismo no es nuevo ni exclusivo de España. Lo único peculiar es que aquí hemos decidido que es “progresista” pese a ser lo más reaccionario que existe. En el resto de Europa, los nacionalismos excluyentes se ven como lo que son: una rémora del siglo pasado que ataca la convivencia y la democracia, que pone en cuestión el Estado de Derecho y los derechos de las minorías allí donde gobierna. Algo que llevó a Europa a dos grandes guerras y que hoy preocupa muchísimo.

En España hemos dejado a medio legislar la protección contra la discriminación que dicta el artículo 14 de la Constitución. Nos hemos acordado de legislar sobre la discriminación por sexo o raza u orientación sexual, pero no por ideología u ocupación, por ejemplo. De este modo, los delitos de odio (aquellos en los que se perjudica a alguien por pertenecer a un grupo), y los de incitación al odio, encuentran en la legislación española una sorprendente falta de respuesta. Esto es lo que está detrás de que no se pueda actuar judicialmente contra homenajes y otros actos de radicalización, como los que denunció COVITE también ayer ante el Parlamento de Navarra. Las leyes están mal.

La buena noticia que confirmó Maite ayer es que la abundancia de nacional-populismos en otros países de Europa ha puesto estos temas sobre la mesa y no tardaremos demasiado en recibir más propuestas europeas sobre ésto. Propuestas que desembocarán antes o después en legislación para que Humpty Dumpty no pueda seguir dejando pasar el acoso, la discriminación y la incitación al odio sólo porque le convenga..

Miguel Cornejo, es economista y presidente de Asociación Pompaelo.

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