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Cuando las contradicciones de Pedro Sánchez son normales

El que habitualmente Pedro Sánchez diga una cosa y su contraria, incluso en el mismo día, ya no coge a español alguno por sorpresa; no digamos a sus copartícipes que, además de no sorprenderse, tienen que comulgar con ello e incluso encontrarle disculpa o lógica a lo que no la tiene. En ese esfuerzo son complacientes maestras las ministras Celáa y Calvo, lo que en la mayoría de las veces las sitúa en ridículo al tomar a la generalidad de los ciudadanos por imbéciles.

Este, más que un artículo, será una crónica de las frases “en donde dije digo, digo diego” de los últimos años del personaje del todo por el poder para no perder el poder, haciendo las más estrambóticas piruetas para conservar el poder, con base en el amor-aversión-desprecio entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, teniendo en cuenta que el primero de los sentimientos por parte del primero de los personajes, es más interesado que el que desear una herencia cuanto antes mejor.

Así, tenemos las perlas de frases que entre ambos líderes se intercambiaron a lo largo de estos últimos años, que son dignas de enmarcar para que los dos las tengan, que tendrán, presentes a lo largo de su difícil y forzada compañía, por mucho que las quieran enmascarar en un “convenio” por el interés de España y de los españoles; interés que no parecen compartir del todo mandatarios de la Unión Europea y líderes históricos del PS.

El 10 de Septiembre de 2.014, Pedro Sánchez, con el ánimo de que le creyésemos y votásemos, suelta que “El PSOE no va a pactar con el populismo, porque el final del populismo es la Venezuela de Chávez”. La cosa estaría bien si el ciudadano Sánchez gozase de la presunción de veraz, adjetivo que todos sabemos que no le caracteriza.

En Enero de 2.015 dice sin ruborizarse: “Pablo Iglesias, el de Podemos, hace de la mentira su forma de actuar en la política, de hacer política”. Una persona que no miente más porque no entrena, tiene la osadía de llamarle mentiroso a otro, aunque lo sea.

El colaborador, o socio preferente, de Pedro Sánchez, no se queda rezagado y contrataca manifestando: “Habéis dejado de ser el partido de la gente corriente, aunque ahora os remanguéis la camisa”. Otro que tal baila, pues, aunque transite siempre con la camisa remangada, nunca ha sido un partido de la gente ni del obrero, ya que pasaron de no tener nada, o poco, a tener buenas viviendas y unos suculentos saldos en sus cuentas bancarias; la gente y el obrero no cambiaron, pero ellos sí, y mucho.

No para ahí el diálogo indirecto entre los dos contendientes, así, en Enero de 2.016, Pablo Iglesias, en estilo poético, le dice a su, no sabemos muy bien si socio o contrincante, “La posibilidad de ser presidente es una sonrisa del destino que Sánchez tendrá que agradecerme siempre”.

Aún fue más duro, aunque no exento de verdad, cuando en Octubre de 2.017, le “dispara”: El PSOE es el partido del crimen de Estado. Tienen las manos manchadas de cala viva”.

Ya más recientemente, en Septiembre del año en curso, Pablo Iglesias, compungido él, manifiesta que “Si me arrepiento de algo es haber confiado en la palabra de Pedro Sánchez. Pedro me mintió”. Debe de ser uno de los pocos que creía que Sánchez es serio de palabra y no miente.

En ese mismo mes y año manifiesta Sánchez: “No dormiría por las noches como el 95% de los españoles si hubiese aceptado las imposiciones de Podemos para gobernar en coalición”. Más adelante añade: “¿Merece la pena ser presidente, tener un Gobierno condenado a fracasar y vernos abocados a unas elecciones dentro de cinco o seis meses?” …La solución más cómoda, la más fácil, puede no ser la mejor. Si se ha demostrado algo es que es inviable”.

En cuanto a la desconfianza, esta es mutua, pues Sánchez también manifestó, después de las elecciones del próximo pasado mes de Abril, que “Pablo Iglesias es el problema. No puede estar en el Gobierno porque no me fío. Tiene posiciones discordantes en temas clave como Cataluña”.

A las 24 horas de finalizadas las elecciones del día 10 de Noviembre del año actual, y tomando por desmemoriados a la mayoría de los ciudadanos españoles; hete aquí que para Pedro Sánchez, al final, el populismo ya no es la Venezuela de Chávez. Pablo Iglesias, el de Podemos, ya no hace de la mentira su forma de actuar en la política, de la política. Ya Pedro Sánchez duerme tranquilo acetando las imposiciones de Podemos para gobernar en coalición y ya le merece la pena ser presidente y no tener un Gobierno condenado a fracasar y verse abocado a unas elecciones dentro de cinco o seis meses; ya es un Gobierno viable.

Otro tanto ocurre con el pensamiento del asaltador de los cielos; ya no le importa que el PS haya dejado de ser el partido de la gente corriente. Ya no le importa, o lo ignora, que el PS sea el partido del crimen de Estado y que tengan las manos manchadas de cal viva. Ya no se arrepiente de que Pedro Sánchez le haya mentido.

Lo que ya no es posible, es que el 95% de los españoles durmamos tranquilos después de la formación del Gobierno que a Sánchez en Abril de 2.019 se le antojaba inviable y de insomnio y después del 10 de Noviembre del mismo año le parezca la mejor solución progresista. Hasta la Bolsa crujió tras el famoso abrazo.

Vivir para ver y ver para creer.

José F. Feijóo Carrasco, profesor y ex secretario de Ayuntamiento

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