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OPINIÓN: Gabilondo y el 11-M (IV) – Decisión vital

OPINIÓN: Gabilondo y el 11-M (IV) – Decisión vital

La Gran Soflama leída por Iñaki Gabilondo (ver el artículo anterior sobre El Tiempo Nuevo) es uno de los documentos sonoros más inquietantes que se haya podido pronunciar en España desde que se inició la Transición. El hecho de que haya pasado totalmente desapercibido (hasta la publicación de mi libro el 11 de Marzo de 2013, y a partir de ahí totalmente soslayado y silenciado), no le resta ni un ápice de su valor intrínseco en nuestra particular “Historia Universal de la Infamia”.

Y digo desde la Transición, porque las propuestas implícitas de de-sustanciación y liquidación de la nación española que lanza a la cara del Gobierno saliente, el mismo autor las equipara a las gestas de la Transición, y para ello exige, no ya colaboración de todas las fuerzas políticas, sino la más estricta “Unidad”, en un “¡Prietas las filas!” en las que se incluiría como estrella invitada a la propia ETA.

Esto, de por sí, es suficientemente inquietante –por no catalogarlo desde el punto de vista moral-, sobre todo teniendo en cuenta que se produce cuatro horas después de los terribles atentados, con el exclusivo propósito de beneficiar a quien los acaba de cometer y, por ende, a todos los que lo utilizan como “agitador” para recoger sus frutos manchados de sangre.

Pero más desasosiego produce aún la velada amenaza que parece vislumbrarse en la segunda parte de la Soflama, cuando hace el siniestro augurio de algo que puede ocurrir –y que para que tenga una carga mayor de ansiedad y suspense no lo nombra- si el Gobierno se entretiene con lemitas de manifestaciones a favor de la Constitución y rehúye el envite que se le está arrojando (lo puedes oír aquí desde el min 3:27 al 3:41):

“… y aquí sí que va, amigos oyentes, sin la más mínima duda, una profecía que verán Uds. cumplida por desgracia, y no sólo antes de las 7 de la tarde, [con gran énfasis, incisivo] antes de las 7 de la mañana de mañana”.

En el citado artículo nos preguntábamos a qué se podía estar refiriendo el locutor de la SER. El hecho es que Aznar, tres horas después, a las 14:30, hizo público su rechazo al envite y a cualquier tipo de componenda con el Terror, de una manera lapidaria:

“No vamos a cambiar de Régimen ni porque los terroristas maten ni para que dejen de matar”.

Y a partir de ese momento empezaron a ocurrir toda una serie de sucesos que supondrían una auténtica “desgracia” para el Gobierno y el PP, con la ocultación del arma del crimen (el explosivo que explotó en los trenes), y la aparición de las pruebas falsas (Kangoo y mochila de Vallecas) que islamizaron un atentado que había sido cometido -por alguien que desconocemos- con las señas de identidad de ETA. Todo ello -la ocultación del crimen y su suplantación- ocurrió en dependencias policiales, de la manera que ya hemos relatado en múltiples ocasiones, y, además, “antes de las 7 de la mañana de mañana”, es decir de las 07:00 del día 12, tal y como había vaticinado con una precisión de relojero suizo el periodista estrella del grupo PRISA.

Sin embargo, tenemos que seguir preguntándonos: ¿Se refería esa profecía -que se iba a cumplir irremisiblemente- a esos sucesos, o había algo más, quizás de mayor entidad? Es una cuestión pertinente. En primer lugar, porque el locutor nunca nos ha dicho a qué se estaba refiriendo, y no podemos hacer otra cosa que conjeturar y tratar de encontrar pistas, asociaciones o coincidencias que nos alumbren el camino.

En segundo lugar, porque como ya hemos sugerido en otros lugares, los sucesos relatados protagonistas del Gran Cambiazo -o del Gran Fraude- en la investigación y enjuiciamiento de los atentados se podrían considerar en parteinducidos, provocados, forzados para evitar males mayores. Esto es mucho más patente si tenemos en cuenta, como ya hemos hecho hincapié en múltiples ocasiones, que en todos los escenarios donde tienen lugar los ocultamientos (restos de explosivo y artefactos detonadores en los trenes), las transmutaciones (Titadyn en Goma 2 Eco) y las apariciones –o alumbramientos- (Renault Kangoo y mochila de Vallecas), en todos ellos se encuentran determinados elementos policiales considerados de la cuerda del PP. Sin ir más lejos -entre otras cosas porque desconocemos el eslabón “efectivo” superior en la cadena de las transmisiones de las órdenes que se pudieran haber dado- está presente en todos esos escenarios como la máxima autoridad el Comisario de Seguridad Ciudadana, Santiago Cuadro Jaén, miembro del llamado clan policial del Opus Dei. Sin contar con el asentimiento tácito de la cúpula de Interior, tal y como lo describí en el capítulo 9.5. de Las Cloacas del 11-M.

¿Qué podía, por tanto, haber prendido la mecha con esa rapidez -a las siete horas de los atentados- para provocar e involucrar a los más diversos y dispares estamentos en esa aventurada, incierta y delictiva empresa?

No hace falta ser un asiduo a las películas de cine negro o similares para entender que la amenaza y el chantaje son dos de las armas más eficaces para conseguir torcer la voluntad de las personas. La segunda de ellas, el chantaje, fue sin duda el factor fundamental que explica todo lo que ocurrió después de los atentados, como ya hemos apuntado en los artículos anteriores y trataremos en profundidad al finalizar la serie de las Teorías del 11-M. Es más, desde entonces, el chantaje y su primo hermano, la extorsión -con el señuelo de la corrupción-, se han convertido en el leit motiv, en el auténtico protagonista de la acción –en sentido weberiano- de la política española, como describí enArmas de Extorsión Masiva. En cierto sentido, o en todo, la extorsión permanente que vivimos hoy es la “continuación del 11-M por otros medios”, que diría Von Clausewitz.

Tengo muy pocas dudas, por tanto, que el soporte de los mensajes que se lanzaron en la Gran Soflama no navegaran en esas aguas procelosas.

Pero, ¿y qué decir de las amenazas? ¿Las hubo en el 11-M? Lógicamente, el chantaje en sí lleva aparejado la amenaza de hacerlo efectivo. Pero aquí nos estamos refiriendo a la amenaza pura y dura, aquella cuyo precio, en caso de no cumplirse sus designios, es la propia vida. ¿La hubo en el 11-M?

Esto nos lleva a uno de los artículos que más hemos ponderado de Luis del Pino,Reflexiones acerca de la masacre del 11-M, absolutamente imprescindible para entender el 11-M. Al final del artículo, Del Pino se hacía eco de unas interesantísimas reflexiones de un contertulio de su blog, el Peón Negro“Rolón”, en el que analizaba el sentido de una enigmática sentencia que pronunció en el juicio oral el nº 1 policial en la la lucha antiterrorista, el Comisario General de Información Jesús de la Morena, a preguntas del abogado defensor de Jamal Zougam.

Para enmarcar este pasaje del juicio quiero hacer un inciso. Jamal Zougam fue el principal cabeza de turco del 11-M. No voy a reincidir en todo lo que se ha escrito al respecto (ver capítulo XXIV de mi libro). Lo que sí quiero destacar ahora es que si hay alguna persona que debería de saberlo mejor que nadie, esa es Jesús de la Morena. Ya referí la nula importancia que De la Morena –en la Comisión parlamentaria- otorgaba a los testimonios de los testigos para incriminar a alguien (CI, 3, pág. 102):

«Si usted ha ejercido la judicatura, sabe que las identificaciones… Nosotros somos bastante escrupulosos. Mire usted, tenemos gente identificada que está en libertad; tiene muy poquito valor. Para nosotros, como policías, y más para la Justicia, la identificación es algo más. Quiero decir que la identificación puede poner un poquito sobre la pista».

Esto lo aplicaba al caso de los reconocimientos de etarras que fueron vistos el día 11 en Madrid, para desecharlos. Sin embargo, su criterio no lo aplicó para Zougam, del que no se pudo averiguar ninguna otra “pista”, ningún indicio objetivo que le relacionara con los hechos, tal y como se reflejan en la propia Versión Oficial del 11-M. La cayó la mayor pedrea -42.000 años- solo por los famosos testimonios de las rumanas, que eran contradictorios, no ya con sus propias declaraciones sino, además,  con otros testimonios que situaban a Zougam hasta en tres trenes distintos, lo cual anulaba todas las testificales. Pero estaba claro que “había que condenar y se condenó” a alguien…

Pues bien, desde el inicio de su intervención en el juicio oral el abogado de Zougam acorraló a De la Morena preguntándole inquisitivamente por qué le detuvieron el día 13 si, como el propio Comisario estaba reconociendo, no tenía ningún antecedente. De la Morena, que estaba a la defensiva y sin argumentos, como zanjando el asunto le contestó de esta manera enigmática (ver juicio oral a partir de las 01:44:11 hrs.):

“… y además le quiero contestar. Yo creo que es la mejor decisión que hemos tomado en nuestra vida.”

Como señala Rolón (puedes ver su comentarios nº 35 y 36 aquí), con esta respuesta el Comisario estaba reconociendo implícitamente que su detención no tenía nada que ver con los hechos, que se trataba de un acto discrecional, de una decisión individual que debería de obedecer a otras razones. El propio juez Bermúdez, cogido fuera de juego, le exigió que aclarase tan sorprendente declaración, a lo que De la Morena añadió lo que constituye el verdadero quidde la cuestión:

“Pues sí. De alguna manera ya se estaban barajando las vías islamistas y, como le decía anteriormente, ya teníamos la presión de que iban a cometer otra atentado”.

Para los que han seguido medianamente de cerca los avatares del 11-M con un mínimo espíritu crítico, ya saben que ninguno de los cabezas de turco de la Versión Oficial –ya estuvieran vivos como Zougam o muertos, como los hallados en Leganés (si son de verdad los que dicen que aparecieron en los escombros)- tuvieron nada que ver con los atentados y, por tanto, poco pudieron presionar. Pero demos por buena momentáneamente la Versión Oficial y convengamos que fuera cierta. ¿Por qué sentía esa “presión” el Comisario General? Una presión con un apremio tal que, como ya confesó “anteriormente” en el juicio, refiriéndose al día 12, “todos pensábamos que el reloj jugaba en nuestra contra… iban a volver a atentar” (ver juicio oral a partir de las 00:31:56 hrs).

¿Cómo se puede tener esa presión, nos preguntamos, si el día 12 no sabían quién había ejecutado los atentados? No nos parece esta una reacción normal porque la experiencia nos dice que lo habitual es al revés, que los que están presionados son los terroristas para que no les cojan. Por eso, después de un atentado, y mucho más de esa magnitud, se suelen cerrar todas las vías de escape del lugar del crimen, por tierra, mar y aire, para evitar la fuga, algo -y esto sí que es verdaderamente anómalo- de lo que no hay constancia que se realizara con alguna entidad. ¿O es que a lo mejor sí sabían quién fue y no eran necesarias tomar estas medidas preventivas…?

El hecho es que esa presión, que De la Morena dramáticamente manifestó que la tenían “ya”, y que era “contrareloj”, no tenemos que dudar que existió, aunque resulta muy poco creíble que se estuviera de verdad refiriendo a los “islamistas”, porque como dice con gran tino “Rolón”, en esos momentos no conocían a los “pelanas” que volaron en Leganés a los que endilgaron los atentados. En realidad sí les conocían, porque eran todos confidentes, pero la decisión de involucrarles fue muy posterior, ya en las postrimerías del mes de Marzo.

¿A quién podía referirse pues? Dejo que sea “Rolón”, con sus propias palabras, el que deje planteada la cuestión:

«¿Y si se refería a los verdaderos asesinos, y la detención de Zougam (o la de cualquier moro de atrezzo) fuera una condición impuesta para no cometer otro atentado, tan brutal o más que el del jueves, pero con la misma “profesionalidad”?»

Luis del Pino parece sugerir en el artículo citado que ese podría ser el Plan B, si las cosas no se plegaban al gusto de los autores de la masacre.

¿Era eso lo que se pretendía? Lo desconocemos. Pero sí sabemos dos cosas. La primera, porque el propio Comisario nos lo ha confesado, es que la amenaza de un nuevo atentado era explícita. Y segundo, que para evitarlo tomaron una “decisión” totalmente discrecional –si no arbitraria-: detener a algún morito antes de las elecciones, del día 14, que era -como bien deduce “Rolón”– cuando se pararía “el reloj que jugaba en su contra”.

Esto nos lleva de nuevo al protagonista de esta serie. ¿A qué se refería Gabilondo en la Gran Soflama, en ese capítulo interpretado con ese “espíritu de miedo envuelto en ira” del que hablara “El Divino” Herrera, cuando profetizaba las desgracias que iban a acaecer “no sólo antes de las 7 de la tarde, sino antes de las 7 de la mañana de mañana”?

Lo dejamos ahí, como otra de las incógnitas irresueltas del 11-M. Pero claro, no podemos por menos de seguir apuntando las secuencias de los acontecimientos. La Soflama ocurre a las 11:35. Ya hemos dicho quién era el destinatario: principalmente José María Aznar. Y el presidente respondió literalmente a las propuestas que se le estaban lanzando -muy probablemente entre bastidores, y por personas interpuestas-, pero, por si tuviera alguna duda, explicitadas públicamente en la Gran Soflama. Y su respuesta fue ¡No!, plantarse:

“¡No vamos a cambiar de Régimen ni porque los los terroristas ni para que dejen de matar!”  

Pero aquí lo más importante y enigmático, cuyo significado me había pasado desapercibido hasta ahora, es ese “para que”. ¿A qué venía esa mención? No parece normal. Ya se sabe que los terroristas si no consiguen lo que quieren van a seguir matando. Pero a ningún político se le ocurre decir que no van a darles gusto “para que dejen de matar”. La mención parece claramente, como toda la frase y toda su comparecencia de las 14:30 del día 11; parece, decía, una respuesta directa a un desconocido interlocutor que le está haciendo unas propuestas cuyo desenlace, de no aceptarse, puede ser letal.

¿Estaba apuntando Aznar a lo mismo que se estaba refiriendo el Comisario General de Información, como intuyó el Peón Negro “Rolón con gran sagacidad? ¿Hubo una amenaza explícita de seguir atentando antes de las elecciones de esas mentes maquiavélicas y criminales autoras del 11-M?

¡Quién sabe! Y dudamos mucho que el expresidente vaya a sacarnos de la ignorancia. Todavía le debe a todos los españoles aclararnos quiénes eran esos autores venidos de desiertos y montañas no tan remotas…

Y con esto damos por concluido este serial, dejando que Gabilondo le ceda el relevo al otro gran protagonista mediático del 11-M, al que fuera director de informativos de la COPE, el supernumerario del Opus Dei José Apezarena.

Dejemos mientras tanto que el irrepetible Iñaki -esperemos- siga apacentando el Tiempo Nuevo…

Hasta pronto.

Ignacio López Brú, autor del libro Las cloacas del 11-M

Artículo anterior OPINION: Gabilondo y el 11-M (III)-La célula hermética

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