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OPINIÓN: Gabilondo y el 11-M (II) – El Tiempo Nuevo

OPINIÓN: Gabilondo y el 11-M (II) – El Tiempo Nuevo

En el anterior artículo nos habíamos quedado con la entrevista de Gabilondo a Jonan Fernández, en la que el representante de Elkarri, con voz de cordero pedía subrepticiamente la negociación con ETA: “tenemos que arreglar esto juntos, no a cabezazos, una “bonita” y “sensible” manera de referirse a las matanzas de la banda asesina, incluida la que acababa de ocurrir en los trenes de cercanías de Madrid, porque Jonan daba por supuesto que había sido ETA. Y de paso, la equiparaba equidistante con las Fuerzas de Seguridad, porque los “cabezazos” da a entender que son mutuos.

Tan deleznables palabras fueron despedidas por el entrevistador con un comprensivo “Gracias Jonan”, y a continuación, a las 11:35, sin solución de continuidad, Gabilondo expuso ya completa esa partitura que sospechábamos que llevaba escrita al menos desde las 10:07. En estos cuatro minutos largos que llamé en mi libro “la Gran Soflama” (cap. 6.7.), asunto que ya amplié en el artículo 5º de este blog (ver aquí), es muy probable que se encierre gran parte de la clave de los atentados. Por su importancia lo destaco de nuevo, recomendando al lector que no se pierda su audición, que parte de las palabras finales de Jonan Fernández en la generosa entrevista que le hace Iñaki (lo puedes oír aquí):

  1. «Muchas gracias Jonan. Nosotros desde luego necesitamos creer, hemos de decir que tenemos algunas dificultades para hacerlo, hemos vivido situaciones, no de esta envergadura, pero situaciones que han conmocionado a la opinión pública, y la voluntad de unir expresada en un primer momento de una forma incontestable por todos, duró poco, e inmediatamente después se fueron produciendo fisuras y desplazamientos en uno u otro sentido. Es demasiado grave lo ocurrido este 11 de Marzo. Otro 11, en efecto, como recordaba Fernando Vallespín, que tiene el carácter no sólo de día catastrófico, así lo ha declarado el Gobierno, sino de día negro, que lo es, de día absolutamente conmocionante para nuestro país. Sólo puede ser digerido por esta sociedad si se produce una respuesta a la altura del desafío. No vale una respuesta digamos convencional, asistir a unas manifestaciones multitudinarias. No, tiene que haber un cambio de página. No se puede seguir viviendo como se ha vivido, de espaldas unos a otros, cada uno encerrado en su burbuja autista. España tiene que plantearse las cosas de otra manera. Un Tiempo Nuevo. Lo será, si no lo es habremos fracasado, y nos gustaría que lo fuera. De experiencias anteriores extraemos muy pocos motivos para la esperanza, pero tenemos que creer que esta vez tiene que ser posible. Ciento treinta y tantos muertos. ¿Puede esto despacharse con la política de los días de labor? Esto sólo puede despacharse con la política de las grandes solemnidades. La que hizo de España un país modélico cuando fue capaz de afrontar el desafío monumental del fin de la dictadura, con una Transición inesperada, con la elaboración de una Constitución que nos desconcertó a todos por haber sido capaz de unir posiciones políticas clamorosamente divergentes, por lo que significó el pacto de la Moncloa, por lo que significaron algunas cosas que se gestionaron con política mayor. ¿Tenemos políticos de política mayor? Creemos que sí. ¿Estarán a la altura de lo que se necesita? ¡Ojalá!, pero esto no se puede resolver con la política menor. Para comenzar, yo tengo la impresión insisto en que el domingo la sociedad española tiene que ofrecer un dato que dé la vuelta al mundo, una participación en las elecciones como no se haya conocido en el mundo en los últimos 25 años, con el voto que cada cual quiera a quien quiera dar, con una participación que rompa completamente las primeras páginas de todos los periódicos del mundo
  2. Si esto no es así, pues lloraremos a nuestros muertos, los olvidaremos dentro de dos días, comenzaremos a discutir el lema de la manifestación antes de la 7 de la tarde, y aquí sí que va, amigos oyentes, sin la más mínima duda, una profecía que verán Uds. cumplida por desgracia, y no sólo antes de las 7 de la tarde, [con gran énfasis] antes de las 7 de la mañana de mañana. Pero en fin, nosotros creemos que los ciudadanos tenemos algo que decir, además de entregar la sangre que nos pidan las unidades móviles de donación, además de acudir a todos los llamamientos que se nos hagan. Tenemos una cita el domingo que tiene que convertirse en un auténtico plebiscito a favor de la democracia, desde la posición política que cada cual defienda, y si nos es así, no habremos hecho mucho. Y a las fuerzas políticas, que las esperamos en este desafío mayor. Nunca se ha encontrado ninguno de nuestros políticos en una tesitura como esta. Hasta el  momento han podido fintar a la actualidad con maniobras más o menos brillantes, o más o menos no brillantes. Esta vez se les reclama para un desafío de primer nivel. Les estamos aguardando y les estamos necesitando en ese nivel. Hoy es el día de todos unidos en torno a las Fuerzas de Seguridad, todos unidos en torno al Gobierno, y todos unidos mirando a los ojos a nuestra clase política y pidiéndole que sea capaz de colocarse a la altura de los grandes desafíos, a la democracia de nuestro país. El jueves 11 de Marzo ya está en la historia. Vamos a decidir si está en la historia sólo por lo que ha hecho ETA, o también por lo que ha sido capaz de hacer la democracia después de lo que ha hecho ETA. Son las 11 y 38 minutos de la mañana». (A continuación un minuto muy significativo de música de acción, drama y suspense…

Lo primero que quiero resaltar es que se trata de un texto abstruso, enigmático, que no pretende que entienda el gran público, porque no es este su destinatario. Necesita por tanto, una exégesis, como la que ya realizamos con “la pequeña soflama” que soltó a las 10:24. Quien lo haya oído puede albergar pocas dudas de que Gabilondo está leyendo un texto escrito. Un texto que encierra una serie de mensajes de tal calado que muy difícilmente podrían salir de la chistera del locutor, lo cual no impide, es evidente, que se identifique absolutamente con todo lo que transmite y teatraliza.

En segundo lugar, aquí también hay una amago de atacar con el islamismo (“Otro 11-M, en efecto, como recordaba Fernando Vallespín…”). Pero, se trata, más bien, como ya hiciera a las 10:07, de una advertencia, como si fuera un aviso para navegantes de que esa baza pudiera utilizarse como arma arrojadiza más tarde, si las circunstancias lo requirieren. Pero ahora, en su larga alocución, por todo su contenido, se entiende perfectamente que Gabilondo da como un hecho incontestable que es ETA la autora, y así lo dejó de claro al final: “El jueves 11 de Marzo ya está en la historia. Vamos a decidir si está en la historia sólo por lo que ha hecho ETA, o también por lo que ha sido capaz de hacer la democracia después de lo que ha hecho ETA”.

La Soflama la he dividido en dos partes. La primera es ideológica, programática. El leitmotiv es la negociación política con ETA. No lo dice, claro está. Sería una temeridad por su parte, en esas circunstancias. Pero no ha tenido reparo en traer al plató a sus adalides Carod-Rovira y Jonan Fernández, que le preparan el terreno. Jonan decía que “tenemos que arreglar esto juntos, no a cabezazos”, es decir, no con bombas -¡¡a ver si aprendemos!!-, sino negociando, y Gabilondo lo confirma con un “estilo” similar, equidistante entre la víctima y el verdugo, lamentándose, porque “no se puede seguir viviendo como se ha vivido, de espaldas unos a otros, cada uno encerrado en su burbuja autista, aunque se le olvidó añadir que unos pegando el tiro y otros poniendo la nuca. No. No se puede seguir así -sigue Gabilondo-,  “tiene que haber un cambio de página… hay que hacer las cosas de otra manera”, no como ocurrió en “experiencias anteriores” de las que extrae “muy pocos motivos para la esperanza”, refiriéndose claramente a las anteriores treguas y negociaciones con ETA del PSOE y PP, que “fracasaron”, porque esas cosas “no se pueden resolver con la política menor”. Los ciento treinta muertos que contabilizaba a las 11:35 Gabilondo no pueden “despacharse (sic) con la política de los días de labor”, hay que “despacharlos” de otra manera, se desprende claramente que negociando con los asesinos todo lo que piden. En eso consiste la Política Mayor que ya nos había anunciado a las 10:24.

Ahora bien, si alguna vez no había quedado claro que la “negociación política” con la banda asesina –así como la propia ETA- no eran sino un mero instrumento de “agitación” para así poder recoger las suculentas nueces de un proyecto mayor, más ambicioso, este texto de Iñaki Gabilondo ya nos ha despejado todas las dudas al respecto, con la declaración, como si fuera un pronunciamiento, del TIEMPO NUEVO.

Porque Gabilondo nos está diciendo que todo este largo camino que ha recorrido España, dejando atrás todo un reguero de muertos, por fin puede coronarse felizmente si haciendo de la necesidad virtud (“no hay mal que por bien no venga”, como diría el Caudillo ante la voladura de Carrero) toman las riendas de la nación líderes capaces de llevar a cabo “la política de las grandes solemnidades. La que hizo de España un país modélico cuando fue capaz de afrontar el desafío monumental del fin de la dictadura, con una Transición inesperada, con la elaboración de una Constitución que nos desconcertó a todos por haber sido capaz de unir posiciones políticas clamorosamente divergentes, por lo que significó el pacto de la Moncloa, por lo que significaron algunas cosas que se gestionaron con política mayor.

Son las 11:35 de la mañana del día 11, a cuatro horas de la masacre criminal más letal que haya sufrido España, y la Voz del Grupo Prisa nos está hablando de hacer borrón y cuenta nueva, de inaugurar un Nuevo Régimen, de adentrarnos en una Nueva Era, de hacer una Nueva Constitución: ¡¡¡es el Tiempo Nuevo, imbéciles!!! (que diría Clinton), el que se está llevando a cabo por etapas, algo que ya he mostrado en diferentes lugares (en La senda de la secesión y en  Felipe VI y el Tiempo Nuevo), comenzando por la negociación política con ETA pactada en estos últimos años, y que hoy pasa ineludiblemente por meternos en ese Correccional que he llamado el Reformatorio Constitucional (ver aquí): una paulatina sustitución de los españoles por los territorios como depositarios de la soberanía nacional hasta desembocar en un Estado, no federal, sino confederal asimétrico, con varios estados semiindependientes asociados al resto de España para poder succionarla mejor.

Esto es el 11-M, el Tiempo Nuevo que ha inaugurado el 11-M, y que lo anunció como una Buena Nueva Iñaki Gabilondo. Pero si todavía quedaban algunas dudas, la segunda parte de la Gran Soflama nos muestra mucho mejor esa estrecha relación entre los atentados y los objetivos que perseguía. Para entenderlo, tenemos que preguntarnos en primer lugar, a quién iban destinadas esas propuestas de Iñaki, que tenían que ser lo suficiente abstrusas y enigmáticas para pasar desapercibidas por cualquiera que no fuera su destinatario. Y este es, evidentemente, el Gobierno de la nación y, en concreto, su presidente, José María Aznar. Porque la Gran Soflama no es otra cosa que una propuesta, una oferta, para que el Partido Popular se pliegue a las condiciones que se le están ofreciendo, si no quiere atenerse a las consecuencias. Esto queda muy claro cuando Gabilondo dice: “Si esto no es así… comenzaremos a discutir el lema de la manifestación antes de la 7 de la tarde…”, refiriéndose necesariamente a Aznar. Recuerde el lector que el Presidente del Gobierno llamó a Zapatero a las 10 de la mañana para comunicarle que iba a convocar una manifestación al día siguiente a las 7 de la tarde, como así se difundió a esa hora en los medios de comunicación. Es, por tanto, bastante anterior a la soflama de Iñaki. Y el lema de la manifestación, que fue bastante discutido por la oposición, sería totalmente contrario a las “ofertas indeclinables” difundidas por Gabilondo, una muestra más de esa “política menor” que tanta repulsión le producía al locutor. Así decía el lema: Con las víctimas, con la Constitución, por la derrota del terrorismo”.

Y no solo repulsión. Lo que dice a continuación del lema de la manifestación es la prueba más clara, a mi entender, de que se le estaba lanzando al Gobierno un órdago a la grande del que no se esperaba otra cosa que el asentimiento: “y aquí sí que va, amigos oyentes, sin la más mínima duda, una profecía que verán Uds. cumplida por desgracia, y no sólo antes de las 7 de la tarde, [con gran énfasis] antes de las 7 de la mañana de mañana.” 

Después de oír por primera vez esta jettatura de Iñaki, me prometí que si alguna vez me topara con él cruzaría los dos dedos medios de las manos sobre sus respectivos índices, por si acaso, porque una “una profecía que verán Uds. cumplida por desgracia”, y además con la ira destemplada con que la lanza: “y aquí sí que va…” es mucho más que una profecía e, incluso, que una maldición. Y lo es, además, por dos razones:

  1. Por el nivel de detalle, ya que se verá cumplida, no antes de las 7 de la tarde”, refiriéndose al día 12 y a la hora de la manifestación, sino “antes de las 7 de la mañana…” del día 12, con lo cual, Gabilondo le estaba advirtiendo al Gobierno de las desgracias que le podrían acaecer en un abrir y cerrar de ojos si no se avenía a razones.
  2. Por el silencio misterioso que mantiene sobre el “qué” de la profecía y a “quién” va dirigida. No me acuerdo qué filósofo solía decir que “una amenaza sin objeto ni sujeto amenaza dos veces”.

Pero dejando al filósofo, y volviendo a Iñaki Gabilondo, el “quién” de sus imprecaciones creo que ya ha quedado como una evidencia en sí misma que se trata del Gobierno y su presidente. ¿Pero a “qué” se estaba refiriendo? ¿Cuáles eran las “desgracias” que podrían acaecerle? Como es una pregunta que no podemos responder, solo conjeturar, nos remitiremos, simplemente, a destacar las cosas que ocurrieron antes “antes de las 7 de la mañana de mañana”. Pero previamente quiero hacer unas consideraciones.

Me preguntaba nuestro contertulio Tucco (ver aquí), refiriéndose a “los mensajes” que se le estaban transmitiendo al Gobierno desde la SER esa mañana: ¿No cree usted que deberían haber existido otros “canales” menos explícitos para hacerlo llegar? Por supuesto, ambas vías no serían excluyentes, pero ¿qué necesidad tenían de mostrar sus cartas de una forma tan clara?”. Yo no tengo la menor duda que esos “canales” que sugiere Tucco, por medio de personas interpuestas, se debieron de haber utilizado, entre otras cosas, para pulsar la “disposición” negociadora del Gobierno y, sobre todo, de la plana de Interior. Pero también estoy convencido que desde el primer momento debieron de percibir su resistencia para avenirse a razones. En ese sentido, el hacer públicas las “ofertas indeclinables” les daba un contenido conminatorio y beligerante mucho mayor; era, por decirlo llanamente, una llamada de atención para aquellos a los que iba destinada de que “no se iban a andar con chiquitas”, que iban a por todas.

Y es un hecho que el envite fue contestado, y además por el mismísimo José María Aznar en su primera comparecencia a los medios, a las 14:30 del día 11, cuando dijo aquellas palabras que pasaron desapercibidas en ese momento, de las que Luis del Pino resaltó que encerraban la clave de los atentados del 11-M:

“No vamos a cambiar de Régimen ni porque los terroristas maten ni para que dejen de matar… No hay negociación posible ni deseable con estos asesinos… Quien decide es el pueblo español”.            

Nunca anteriormente se había hecho una proclama contra el terrorismo de ese tenor. Lo normal había sido hasta entonces afirmar con rotundidad que se les combatiría con todas las armas del Estado de Derecho, que pagarían por sus crímenes… ¿Pero decir que no van a cambiar de Régimen? ¿Qué sentido tenía lanzar ese mansaje a los españoles, que nunca pensarían que tal cosa –que se coartase la capacidad soberana del pueblo español- pudiera ocurrir? Y mucho menos después del mayor crimen contra nuestra nación.

¿A quién estaba contestando, entonces, José María Aznar? Fuera a quien fuese, en cualquier caso sus mensajes son una respuesta literal a las ofertas latentes contenidas en la Gran Soflama. Gabilondo pedía un Tiempo Nuevo, o sea, un cambio de Régimen y Aznar contesta: ¡No! Gabilondo pedía negociación con ETA y Aznar dice: ¡No! Gabilondo pide líderes que hagan “Política Mayor”, es decir, que cedan, que entren al mejunje, y Aznar contesta: “Quien decide es el pueblo español”.           

En definitiva, Aznar, a las 14:30 del día 11, no se allanó, resistió. Decidió enfrentarse, aunque, bien es verdad, la oposición duró sólo unas horas. Pero el caso es que en ese momento decidió dar la batalla, seguramente porque pensó que podía ganarla y quizás no midió bien, no sólo las bazas del enemigo, sino la debilidad de sus propios flancos. Y las “desgracias” anunciadas, a partir de ese momento arreciaron. Porque de lo que se trataba, ante la contumacia “constitucionalista” del presidente, era acabar con Aznar y con el PP. Ya no había más “zanahorias” que ofrecer. Ahora, el “palo” exterminador del islamismo, que ya había insinuado Iñaki a lo largo de la mañana, como medida disuasoria, irrumpió en el escenario para no abandonarlo más. Las “chapelas” se transformaron en “turbantes”, y las calles y las “ondas mediáticas” -con la SER en primera línea- se convirtieron en el campo de batalla para echar la culpa de los atentados al Gobierno por la guerra de Irak, mientras se le acusaba de mentir mendazmente para ganar las elecciones.

¿Es casualidad que a partir precisamente de esas horas del mediodía, una furgoneta que estaba extrañamente varada en estado de revista en Alcalá, como si esperara acontecimientos, se le diera la orden de encaminar sus pasos a las dependencias policiales de Canillas a las dos de la tarde, y que justo después de la comparecencia de Aznar, como por ensalmo, empezaran a aparecer objetos en su interior que apuntaban a la media luna, como una cinta con versos del Corán? ¿Y es casualidad que más tarde, a la 1:45 de la madrugada del día 12, apareciera en otra dependencia policial, la Comisaría de Vallecas, una mochila o bolsa con una bomba y un teléfono móvil de iniciador, que casualmente tenía una tarjeta que sirvió para montar toda la trama “islamista” que conocemos como la Versión Oficial de los Hechos? ¿Y que a las 9 de la noche del día 11 un extraño grupo yihadista, Abu Hafs al Masri, del que ningún servicio secreto internacional daba la menor credibilidad, reivindicara los atentados?

No, sin necesidad de acudir a las Reglas de la CIA (“una vez es un accidente, dos veces es una coincidencia; tres es una acción enemiga”) no nos lo parece. Entre otras cosas, porque esos tres elementos que cambiaron el curso de la autoría de los atentados, como ya he demostrado ampliamente, al igual que otros investigadores, son pruebas falsas, preconstituidas y aliñadas por elementos de eso que conocemos por las cloacas del Estado. Lo que sí nos resulta impresionante, en cualquier caso, si no estremecedor, es la capacidad predictiva de Gabilondo, pues nunca hemos visto anunciada una “una profecía que se va a cumplir por desgracia” de una manera tan certera, y con tanta exactitud: “antes de las 7 de la mañana” del día 12.

Pero volvamos a la mañana del día 11. Una duda nos asalta, a saber: ¿Si la evidencia admitida por todos al principio era que ETA había sido la autora de la masacre, cómo se puede entender que se le pidiera al Gobierno que negociara con ella, además al Presidente que más la había combatido y odiado, y que no solo eso sino que se propusiera un cambio de régimen para darles más gusto? ¿No tendrían, más bien, que haber salido corriendo de España, todos los que defendían esa posición?

Y en efecto, tendrían que haber puesto pies en polvorosa. Recordemos, como contó Fernando Múgica en su primer Agujero Negro, que justo después de la declaración de Otegui a las 10:15 de la mañana en que negaba que ETA fuera la autora, el CNI le grabó una conversación telefónica en la que, preso del pánico, decía: «Si sale alguien por ahí [se refiere a alguien de los suyos] reivindicando esto, estamos perdidos definitivamente. Yo tengo que saberlo cuanto antes porque si es así no puedo volver a mi pueblo. Tengo que marcharme cuanto antes. Necesito saberlo». Una postura muy sensata. Entendemos perfectamente que en esas circunstancias lo que menos podría desear es ser reconocido.

¿Y entonces, cómo se explica lo de Gabilondo, dando ese protagonismo a Carod-Rovira y Jonan Fernández, que tendrían que haber viajado de polizón en cualquier chalupa a vapor rumbo a Nueva Zelanda? ¿Cómo se explica, además, que recogiera y enarbolara él mismo esa bandera, y con esa amenazadora prepotencia?

Sólo hay una manera de responder a esta pregunta: porque quien fuera que estuviese detrás de esas propuestas -evidentemente el “autor intelectual”- tenía bazas muy fuertes que jugar contra el Gobierno, que podían tumbarlo o dejarlo contra las cuerdas, y, precisamente, en relación a unos atentados que llevaban inequívocamente “la firma” de ETA. Repárese en esto, porque es la clave para entender este capítulo fundamental del 11-M. Todas esas propuestas de la Gran Soflama están referidas a ETA, y sólo tienen sentido si quien las hace sabía fehacientemente que los atentados habían sido hechos con “las señas de identidad” de ETA, de manera que fuera quien fuese el verdadero autor (ETA, Cloacas con ingredientes etarras, o Cloacas a secas, las dos últimas las más probables, como se verá en un próximo capítulo de “Las teorías del 11-M”), se le pudiera achacar a la banda.

Ya sabemos que los hechos nos dan la razón, porque como he demostrado en los capítulos V, VII y X de Las Cloacas del 11-M –en línea con la investigación científica de Antonio Iglesias en su libro Titadyn– en los trenes, al revés de de lo que dice la “trucada” sentencia de la Audiencia Nacional, no explotó Goma2ECO sino Titadyne, el explosivo habitualmente utilizado por ETA. Es de lo más significativo que el Director del CNI, Dezcallar, como si apuntara a algo de lo que prefería no hablar –aviso para navegantes-, sembrara la duda en la Comisión de Investigación sin que nadie le inquiriese al respecto: «La gente dice: si es Titadyne es ETA. No. Si es Titadyne no es ETA. Si es Titadyne lleva la firma de ETA» (vid. artículo del blog nº 12).

Preguntemonos: ¿Tenía algún sentido la Gran Soflama, en su contenido y en sus advertencias conminatorias, si quien la escribió no supiera quién era el autor, o que supiera que eran islamistas? En ninguno de los dos casos. Nadie se tira con ese ímpetu exterminador a una piscina si no está seguro que está llena.

¿Cuáles eran, por tanto, esas bazas que permitieron hacer esas ofertas de gran calado que “no se podían rechazar”, aunque Aznar, quizás incauto, las rechazó? He explicado en otros lugares cuáles podían ser (por ejemplo en el art. citado anterior y en el capítulo XXVII de mi libro), y las desarrollaré más a fondo próximamente. En resumen, al Gobierno le vendieron, como reveló Fernando Múgica en su primer Agujero Negro, que ETA iba a atentar en las vísperas de las elecciones, pero se le aseguró que se iba a poder abortar y, de paso, desarbolar a toda la cúpula y los aparatos logísticos de la banda, es decir acabar con ella. La fecha que daban era el día 12 de Marzo, lo cual confirmaron de manera aproximada los altos mandos policiales y de la Guardia Civil. Díaz de Mera dijo en la Comisión que “sabíamos que la organización terrorista ETA se iba a hacer presente en el proceso electoral” (CI, 9, pág.4), al igual que los jefes de Información De la Morena y el General García Varela. Y parece obvio que si le vendieron esto es porque se trataba de una operación teledirigida y controlada desde la propias Cloacas, en principio afines al PP. Pero lo que se encontraron fue un adelanto de los atentados con una gran masacre encima de la mesa. Indudablemente, alguien se había enterado de la operación –si no es el que la había propiciado- y había decidido darle un escarmiento Aznar. El Gobierno fue sorprendido por cloacas internas enemigas, y, además, muy probablemente, traicionado por las suyas. Ya habrá tiempo de entrar más en detalle en esta guerra de cloacas. Pero el hecho es que la superposición de las dos operaciones, todas emanadas de las sentinas del Estado, pero con el señuelo de ETA -sin descartar su colaboración-, dejaba en una posición delicadísima al Gobierno, porque se le podían atribuir directamente la autoría de los atentados.

Con estos ingredientes letales en la trastienda es con lo que se le lanza al Presidente del Gobierno el órdago a la grande del TIEMPO NUEVO. Aznar a las 14:30, como hemos visto, se plantó. Y el lector de nuevo se preguntará. ¿Por qué, entonces, si los atentados habían sido realizados con las señas de identidad de ETA, y había bazas para echarle las culpas al Gobierno, por qué no lo hicieron? Evidentemente, porque éste se defendería y saldrían a la luz no sólo sus vergüenzas, sino las de los verdaderos autores. Es decir, que todo el mundo perdería. Se derrumbaría todo el Sistema. Pero eso no quitaba que el Gobierno estuviera maniatado y no pudiera oponer ninguna resistencia al Plan B, el montaje islamista ex post para echarle las culpas a Aznar por la Guerra de Irak y, de paso, acusarle de mentir. Y Aznar no pudo hacer nada porque fueron sus propias cloacas afines las que se pusieron a tapar el verdadero atentado –y colaborar en el “islamista” de repuesto-, entre otras cosas para borrar las huellas que hubieran podido dejar en la operación incruenta prevista para el día 12.

Recuérdese, a título meramente ilustrativo, que en los escenarios donde ocurre “la transmutación” del Titadyne en Goma2ECO, la figura presencial más importante es el Comisario General de Seguridad Ciudadana, Santiago Cuadro Jaén, del llamado clan policial del Opus Dei, que también es omnipresente en todo lo que rodea a la mochila de Vallecas. Claro, que cuando hablamos de cloacas “afines” estamos haciendo suposiciones. A lo mejor no eran tan “afines” como pudiera pensarse. En un próximo artículo, cuando le toque el turno a José Apezarena, tendremos ocasión de replantear el asunto.

Pero ya nos hemos alargado más de la cuenta. Todavía hay cosas que dilucidar sobre ese “equipo hermético” que se hizo con el control de la investigación de los atentados y que pasaba la información a una “célula del PSOE”, como sostenía Fernando Múgica en su Primer Agujero Negro, además de indagar las razones por las que Aznar dijo que “no vamos a cambiar de Régimen… para que (los terroristas) dejen de matar. Ese “para que” es de lo más intrigante y creo que no habíamos reparado suficientemente en su significado. ¿Se recibió, acaso, además de “ofertas indeclinables”, alguna amenaza más concreta de los propios autores de los atentados?

Lo dejaremos para el próximo día.

Ignacio López Brú, autor del libro Las cloacas del 11-M

Artículo anterior OPINIÓN: Gabilondo y el 11M- (I)-La Troika

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