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OPINIÓN: Gabilondo y el 11M- (I)-La Troika

OPINIÓN: Gabilondo y el 11M- (I)-La Troika

Todo el mundo sabe que en épocas de guerra no existe libertad de expresión en los medios de comunicación, porque están totalmente al servicio de la propaganda y la política de desinformación del bando al que sirven. Y por supuesto, da igual que el bando en cuestión represente a una democracia o a un régimen totalitario infernal. La guerra, como la muerte, es la gran niveladora, iguala a todos por el mismo rasero, independientemente de que los motivos que lleven a ella sean justos o deplorables.

Esto, en gran medida, también es aplicable en épocas de paz, sobre todo en lo que atañe al terrorismo, que, como ya hemos indicado en numerosas ocasiones, parafraseando a Carl von Clausewitz, “es la continuación de la política por otros medios”. Y mucho más aplicable al caso español, en el que el terrorismo vernáculo de la ETA ha sido sistemáticamente utilizado como “agitador del árbol” para que otros (y no sólo los nacionalistas ni exclusivamente partidos políticos) “recojan las nueces”, como podemos comprobar si nos fijamos en esta vulnerable España terminal, a gusto de todos los enemigos de nuestra nación milenaria.

No digamos, por ende, si de lo que estamos hablando no es sólo de terrorismo, sino de terrorismo de Estado, como es el caso del 11-M, algo que ya sugirió sutilmente en la Comisión de Investigación parlamentaria nada menos que el Secretario de Estado de Seguridad, Ignacio Astarloa, cuando haciéndose el encontradizo, como si se cayera de un guindo, lanzó este misil (indudablemente para que que no le apretaran mucho las tuercas, no fuera “que nos hiciéramos todos daño”, algo que, por cierto, consiguió con creces):

«… no tengo el más mínimo a priori sobre ninguna de las hipótesis, que es quien haya sido…. para llegar a saber quién ha sido no descartar nada…, hay que llevar hasta sus últimas consecuencias todas las líneas, se llamen ETA, Al Qaeda, servicios secretos, se llame lo que se llame… He mencionado servicios secretos,terrorismo de Estado…».

Sirva este prólogo para enmarcar la estrecha dependencia y complicidad que tuvieron los medios de comunicación con muchos de los sucesos relacionados con el 11-M, lo cual, aunque de un carácter absolutamente “generalizado”, tuvo dos nombres propios que descollaron por encima de cualquier otra referencia:Iñaki Gabilondo, el periodista estrella del Grupo Prisa, y José Apezarena, el director en esas fechas de los Servicios Informativos de la cadena COPE, a los cuales irán dedicados los próximos capítulos de este blog.

Gabilondo pasará ya a la historia como el periodista que difundió el bulo de los suicidas que sirvió para asestar un golpe definitivo electoral al Partido Popular. En realidad no fue él el primero en hacerlo. La primera fue la locutora de la SER,Ana Terradillos, a las 22:00 del día 11, de una manera muy escueta: «… en el primer vagón del tren que estalló antes de llegar a Atocha, iba un terrorista suicida. Interior no lo confirma».. Pero cuando abrió su programa a las 6 de la mañana del día 12, Gabilondo acogió “la primicia” con tanto énfasis y ornamento que se ganó desde entonces la primogenitura de “la noticia”: «Las fuentes consultadas por la SER confirman que una persona llevaba tres capas de ropa interior y estaba muy afeitada, una práctica muy habitual entre los comandos suicidas islámicos antes de inmolarse».

Sin embargo, no es esto lo más importante de la labor “informativa” que desplegó el locutor de Prisa en esos días de oprobio. En el 11-M nada es lo que parece. Todo es un trampantojo. Los recordatorios vergonzantes de este suceso que regularmente le lanzan los periodistas que están al otro lado de la trinchera, especialmente Federico Jiménez Losantos, aunque merecidos, para lo único que sirven es para que Gabilondo se blinde con lamentaciones “jeremiacas” denunciando la injusticia que se comete con él por asunto tan menor, del que no es en absoluto responsable…

Pero en realidad, el relieve que se la da a este suceso, con el que Gabilondo en el fondo se encuentra la mar de cómodo, lo que hace es desviar nuestra atención de lo fundamental: del oscuro papel que desempeñó en esos momentos decisivos en que se fue decantando la suerte del 11-M, en concreto, entre las 10:07 y las 11:40 de la mañana del día 11.

Desarrollé todo esto en uno de los capítulos que considero más novedoso de las Cloacas del 11-M, el capítulo VI: La batalla político-mediática, y me sorprende –o quizás no- que apenas ningún periodista haya reparado en el relieve y relevancia que tuvo todo lo que ahí se coció para entender, no ya la naturaleza de los propios atentados, sino el devenir de todo el proceso de descontitucionalización y desustanciación de la nación española que le sucedió.

Veamos si ahora tenemos más suerte. Pero antes de entrar en faena, voy a dar dos pistas que ayudarán a situar los acontecimientos. La primera la dio Fernando Múgica (q.e.p.d.) en su Primer Agujero Negro:

«Lo que el Gobierno no conoce es que ya en esos momentos (se refiere a las primeras horas del día 11) se han puesto a trabajar duramente un grupo de mandos policiales y algunos agentes del CNI, de la cuerda más dura y leal al Partido Socialista, para informar a sus dirigentes de todos los detalles que puedan conducir la situación en beneficio propio. Son los mismos que consiguen que cambie de manos la investigación y que la controlarán desde ese momento. Se forma un equipo hermético que deja de lado a la Guardia Civil y que ralentiza las informaciones que se pasan al CNI. Llaman, sin embargo, cada pocos minutos a una célula del PSOE que obtiene así información privilegiada, lo que les permite montar una estrategia eficaz contra el Gobierno».

La segunda pista nos la dio Eduardo Zaplana en la Comisión de Investigación parlamentaria, cuando dijo que tenían datos (del contexto de desprende que del CNI) de que Carod-Rovira había mantenido conversaciones desde la mañana del día 11 con Arnaldo Otegui para «desgastar al Gobierno para que no tenga ningún beneficio político electoral» (ver aquí, pág. 106).

La intriga que revelan estos testimonios traslució muy pronto. Fue Rodríguez-Zapatero el que enseñó la patita, en su segunda aparición en los medios, cuando después de atribuir al atentado a ETA y de utilizar el manido mantra de la unidad de los demócratas le lanzó este misil al Gobierno: «… y desde luegoespero que el Gobierno informe a todos los partidos de cuál ha sido el alcance, las circunstancias, de esto que, lamentablemente, los minutos confirman que puede ser una gran tragedia».

Es sencillamente inaudito que el jefe de la oposición lanzara esas sospechas sobre el Gobierno a las 8:50, cuando apenas había transcurrido una hora de los atentados. Ahí está contenida la amenaza (“espero que el Gobierno informe…”) que sería más tarde el leit motiv de la campaña de agit-prop que tumbaría al PP: “El Gobierno miente”. La sutil mención a algo tan concreto como el “alcance, las circunstancias de esto” -unido a esa amenaza frontal- es muy difícil de entender, si no es desde la presunción de que Zapatero ya podría saber a esas horas lo que de verdad había pasado –o al menos ya le podrían haber puesto sobre la pista-, y más aún, que sabía que el Gobierno del PP tendría cosas que ocultar de “eso que había pasado”. Nadie se tira a un charco plagado de minas si no conoce donde están colocadas… El “equipo hermético” del que hablaba Múgica, le debería haber ya aleccionado…

Que fueron amenazas es algo que pronto se podría comprobar por el inequívoco acuse de recibo que emitió uno de los principales objetivos del ataque, el ministro Acebes, a las 11:30, en su primera aparición pública: «Les iremos dando a lo largo del día toda la información según vayamos teniéndola, de manera rigurosa, de manera seria, pero ahora hay que dejar trabajar a los servicios de seguridad…». Emociona ver tanta solicitud, tanta obsequiosidad… Aunque todavía no era un barco hundido, estaba seriamente tocado…

¿Y qué hacía Gabilondo, a todo esto? Sus comienzos fueron ejemplares. Desde primera hora de la mañana se había mostrado consternado. Fue de los primeros en atribuir los atentados a ETA, a las 8:05, y sus referencias a la unidad continuas, como la que hizo a las 9:29, que parecía ungido de fervor evangélico (San Juan, 17, 21: “… para que todos sean uno”). Esto decía: «… son los días en que lo primero que hay que hacer es colocarse en torno a la autoridad y…eh…, en fin, ser en torno a la autoridad uno». Debió de ser un trastorno temporal, transitorio. Pero no le duró mucho. Apenas media hora. A partir de las 10 dio un giro de 180º y recuperó su ser, su esencia, en su estado más prístino. A las 10:07, aprovechando como noticia “la amenaza” de Zapatero que ya hemos glosado, tomó claramente el relevo y el liderazgo del acoso al Gobierno, “a la autoridad”, irrumpiendo con un mensaje sibilino (lo puedes oír aquí):

«Estamos hablando de un atentado de una envergadura tal… Damos por supuesto que se trata de ETA, no lo sabemos todavía de quién se trata, difícilmente pudiera ser alguien distinto, (y aquí hace una pequeña pausa y resalta con énfasis) a no ser que…, metidos como estamos en este mundo enloquecido donde está actuando así el terrorismo internacional. ¡Quién sabe! ¡En fin! Tiempo habrá, porque por el momento nos están reclamando atención acontecimientos de una urgencia muy superior».

La SER ha censurado de nuevo su Fonoteca del 11-M (se podía oír aquí) pero afortunadamente tengo guardados algunos pasajes como este, donde se puede escuchar la peculiar y extraña dicción del locutor. Da toda la impresión de que está leyendo un texto, que tiene delante, un guion escrito. Más adelante se verá esto con mayor claridad. Pero vayamos al contenido. A esas horas nadie dudaba que era ETA la autora de los atentados. Prácticamente todos los políticos se los atribuyeron. Zapatero a las 8:50 y 9:30, al igual que Llamazares (9:15), Durán y Lleida (9:15), Ibarretxe (9:30), Carod-Rovira (10:00)…

El Gobierno y el PP fueron de lo más parcos y remisos. El primero en hacerlo fue el ministro portavoz, Eduardo Zaplana, a las 10:00. Ningún dato -a esas horas prácticamente inexistentes- podía avalar lo contrario. Pero Gabilondo sí duda. Ahora bien, no se trata de una muestra de cautela, o de mera precaución ante lo todavía desconocido. No. Aquí lo importante es que plantea como posibilidad -y es la primera persona que lo hace- el que el terrorismo pudiera ser “internacional”, es decir islamista. Pero lo hace de una manera oscura, misteriosa, porque primero enseña “la zanahoria” de ETA (“difícilmente pudiera ser algo distinto”) para renglón seguido enseñar “el palo” del atentado islamista. Y lo hace con un ligero tinte de amenaza : “¡Quién sabe! ¡En fin! Tiempo habrá”… para ajustarle las cuentas al Gobierno, parece sugerir…

Nótese, por tanto, y esto es importante, que la estrategia de acoso, el agit-proppreexistió a cualquier postura que adoptara el PP sobre los atentados. Era algodado, anterior. Que tomen nota todos los que repiten como loritos el mantra de que que el Gobierno “gestionó” mal los atentados y que por eso perdió las elecciones. Y en efecto. Lo gestionó mal, porque no supo contrarrestar el putschque ya a primeras horas de la mañana se comenzó a “gestar”, y esto sí que se “gestionó”, hay que reconocerlo, con gran maestría.

La alocución de Gabilondo ocurre a las 10:07. Y sólo unos minutos después, a las 10:15, irrumpe en el escenario Arnaldo Otegui con unas declaraciones a una radio vasca, que marcarían el terreno político en el que se jugaría la gran partida del 11-M. Otegui negó que fuera ETA y añadió (así recogió la Agencia Efe sus palabras):

«Según afirmó, lo primero que pensó cuando conoció los atentados es que “el Estado español mantiene fuerzas de ocupación en Irak y no hay que olvidar que ha tenido una responsabilidad en la guerra de Irak”.

“El ‘modus operandi’, el número elevado de víctimas y el modo de proceder a mí me da que pensar y ahora mismo tengo en la cabeza como hipótesis que efectivamente haya podido ser un operativo de sectores de la resistencia árabe”, concluyó».

La ecuación “Guerra de Irak-Venganza islamista-Gobierno culpable” está aquí planteada por primera vez con todos sus componentes, en estado puro, ecuación que muy pronto el PSOE llenaría de contenido guerra-civilista. Pero la pregunta que nos hacemos ahora es la siguiente: ¿Fue una casualidad la coincidencia horaria y de contenidos entre la sutil “advertencia” de Gabilondo y la proclama de Otegui? ¡Quién sabe ! ¡En fin! Tiempo habrá… de responder a esta pregunta.

Pero el hecho es que, fue hacer esa irrupción Otegui, y a los dos minutos, las 10:17, Gabilondo abrió sus puertas de par en par a la persona que había firmado el infame pacto de Perpignan con la ETA por el que la banda podría atentar en cualquier sitio menos en Cataluña, a Carod-Rovira. Y la entrevista que le hizo, bastante amplia (7 minutos), no fue para afearle su abominable pacto. En absoluto. La cordialidad, la comprensión, las maneras del locutor hacia el incalificable personaje fueron exquisitas. Carod se explayó a gusto y defendió sin tapujos que había que dialogar con esos terroristas que él mismo estaba reconociendo en la entrevista como autores de los atentados. Y no sólo eso. Además le dirigía al Gobierno toda una admonición, en tono también amenazante, en el estilo que ya habían inaugurado Zapatero y Gabilondo (lo puedes oír aquí): «Quien tenga capacidad de decidir cosas que asuma sus responsabilidades y constate que alguien debe hacer que la palabra se convierta también en el instrumento definitivo para que se acabe la barbarie».

Hay que estar muy sobrado, muy seguro de sí mismo para permitirse sugerir, justo después de una terrible masacre de la que todavía no se sabía el número total de víctimas, que hay que negociar con esos asesinos, y no sólo eso, sino además echarle las culpas al Gobierno (“que asuma sus responsabilidades”) por su cerrazón. Desde luego, Carod no pudo encontrar un medio más receptivo para evacuar sus vilezas.

Gabilondo, justo después de la entrevista a Carod, a las 10:24 (a tres horas escasas de los atentados), empieza a hacer una serie de reflexiones. Se siente seriamente compungido por el dolor –“es lo primero”, dirá- pero no puede olvidar que hay una cita electoral “y la provocación a la democracia debe ser respondida”. A continuación, poco a poco, va introduciendo nuevos conceptos. Parece evidente que está leyendo de corrido, como sospechábamos, un texto ya escrito. Esto ya es un avance mayor de ese guion del que tenemos la sospecha que nos está administrando con cuentagotas. Lo reproduzco a continuación, porque no tiene desperdicio (lo puedes oír aquí):

“Además de eso está siendo desafiada toda la sociedad, que tiene el domingo una cita en las urnas. ¿Qué vamos a hacer con eso? ¿Cómo vamos a afrontar eso?¿Vamos a saber hacerlo? ¿No vamos a saber hacerlo? Es el momento que tenemos que estar a la altura de nuestra verdadera dimensión como ciudadanos, pero, es el momento en que tenemos que requerir que estén a la altura todos nuestros representantes públicos. Momentos de estar unidos todos en torno a la autoridad, pero, momento de mirar a los ojos a los políticos, pedirles lo mejor de sí mismos. No nos va a valer la política chica (y ahora con gran énfasis y en tono despectivo) que con tanta vergüenza hemos ido viviendo durante todo este tiempo atrás. Va a ser necesaria LA POLÍTICA MAYOR. Estamos en condiciones de esperar de nuestros líderes la Política Mayor. ¿Tenemos líderes capaces de dirigir la Política Mayor? (Y ahora en tono conminatorio) Confiemos en que sí. Cuentan con nuestra…con nuestro apoyo. Pero no nos pueden defraudar. Esta vez no nos pueden defraudar. Es imposible que se produzca cualquier cosa diferente de la unidad y de la solidaridad colectiva en torno al drama.

Una persona normal, oyendo esto, en las terribles circunstancias del mayor drama colectivo que estaba sufriendo España, no podría por menos de preguntarse: “¿Pero de qué está hablando este hombre? ¿A dónde nos quiere llevar? Y aunque oscuro y retorcido, es muy evidente de lo que está hablando. Él mismo lo dice. Está hablando de POLÍTICA. No de terrorismo, ni de lo malos que son los terroristas. Está hablando de “afrontar eso, el terrorismo, con la política, pero no con la que él llama “política chica”, a la que dedica su mayor desprecio, la que se ha practicado “con tanta vergüenza durante todo este tiempo atrás”, es decir, la de arrinconar a ETA y a sus cómplices y compañeros de viaje: HB, PNV, ERC y CiU, que quedaron excluidos del “Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo” mientras no renegaran del Pacto de Estella y de Barcelona (que suscribió CiU).

No. Es la contraria. La que llama POLÍTICA MAYOR, la que se basa en el mantra de “la unidad de todos los demócratas” contra el terrorismo (que incluye a todos aquellos que el “Pacto contra el Terrorismo” excluía) y que en lenguaje orwelliano significa la negociación política con ETA, o, lo que es lo mismo, la claudicación del Estado ante los terroristas. ¡¡¡Y que a nadie se le ocurra  “que se produzca cualquier cosa diferente de la unidad!!!, nos advierte Gabilondo, mientras se pregunta si habrá “líderes capaces de dirigir la Política Mayor”, a lo que contesta con un tono que también nos produce cierta inquietud: “Confiemos en que sí”. Porque, ¿qué podría pasar si no los hubiera? En el próximo capítulo tendremos la ocasión de adivinarlo.

Quien no interprete este texto como lo acabo de hacer, tiempo tendrá de comprobarlo, estoy convencido, en esta serie. Ahora bien,después de escuchar esta pequeña soflama, ¿alguien sigue dudando que el 11-M no fuera otra cosa que Política? Pues si lo hace, el gran Gurú de la corrección política, el gran fustigador de los indeseables “conspiranoicos”, el Gran Iñaki, ya le ha sacado del error, a la manera que lo hiciera Bill Clinton con G. Bush padre: “¡Es la política, imbécil!”

Acabemos ya con este capítulo contándoles una última escena. Gabilondo, para terminar de cerrar el círculo virtuoso y poder “ser en torno a la autoridad uno, dio entrada apenas una hora después a una de las personas más significadas del mundo abertzale, al presidente de Elkarri, Jonan Fernández, un auténtico lobo con piel de cordero salido de las filas de Herri Batasuna/ETA. ¿Y qué nos propone Jonan, después de condenar compungidamente los atentados? Pues nada muy lejos que lo de Gabilondo: negociación política con ETA y UNIDAD, todos juntitos: «Creemos también que todo esto merece reflexión, reflexión por todo lo que se ha hecho últimamente, no todo se ha hecho bien, reflexión sobre la política antiterrorista, reflexión sobre el futuro, tenemos que arreglar estojuntos, no a cabezazos».

Nos hemos quedado en las 11:35 de la mañana. Todavía nos faltan 5 minutos, el colofón de todo este tortuoso y sinuoso “viaje al fin de la noche” por el que nos parece llevar el periodista estrella del Grupo Prisa. Pero esto lo veremos en el siguiente capítulo. Mientras tanto solo quiero añadir un par de cosas. En primer lugar son de resaltar “las afinidades electivas” de Gabilondo. “Dime con quién andas y te diré quién eres”, dice nuestro refranero. Pero mucho más llama la atención las coincidencias horarias y la similitud de mensajes que nos ha venido lanzando esta “Troika” una y trina.

Decía Eduardo Zaplana, como ya vimos, que tenían datos de que Carod-Rovirahabía mantenido conversaciones desde la mañana del día 11 con Arnaldo Otegui para «desgastar al Gobierno para que no tenga ningún beneficio político electoral». ¿Se dejó alguien en el tintero Don Eduardo? Dejamos al lector que responda a esta pregunta. Pero recordemos, en cualquier caso, una de las reglas fundamentales que se impartía en la CIA a los novatos para que pudieran discernir la naturaleza de los acontecimientos:

  • Una vez es un accidente
  • Dos veces es una coincidencia
  • Tres veces es una acción enemiga

Ignacio López Brú, autor del libro Las cloacas del 11-M

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