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Crítica literaria: “El hombre que fue Jueves”

Crítica literaria: “El hombre que fue Jueves”
  • Por José Andrés, profesor y doctor en geografía

Título:  El hombre que fue Jueves

Autor: G. K. Chesterton

Editorial: Valdemar

ISBN: 9788477026280

Cuando vi el título de este libro, rápidamente me acordé de viernes el amigo De Robinson Crusoe, de la novela “La Isla del Tesoro” de Robert Louis Stevenson y me dije, “Manos a la Obra”, a leerla.

Jueves es el nombre en clave de Gabriel Syme, un policía secreta que se ha infiltrado en un grupo anarquista con la intención de destruirlo. El resto de miembros de dicho grupo tienen como nombres clave otros días de la semana y su jefe es domingo. El objetivo de dicho grupo es devastar el  mundo. Gabriel Syme se encargará de evitarlo.

La trama transcurre en unos pocos y vertiginosos días en la ciudad de Londres. Es divertida, llena de magnetismo y emociones, aderezada con unos diálogos que bien pudieran calificarse de excelentes y un buen número de referencias bíblicas. Esta destreza narrativa se ramifica en interpretaciones simbólicas- cada personaje es un símbolo-  para mostrar la lucha entre la decisión personal de tomar un camino u otro que tenemos todos y la existencia del mal.

Se trata de una novela difícil de analizar debido a su complejidad, aunque hay que reconocer su escritura brillante y llena de matices. En un escenario irreal, con personajes anacrónicos, Chesterton da una lección de vida que, sin embargo, puede ser difícil de entender para lectores no muy avezados porque la novela termina siendo un rompecabezas que se asemeja a un cóctel de Lewis Carroll y P.G. Wodehouse. Borges, de hecho, aprendió mucho de todos ellos.

Tómese como ejemplo el fragmento abajo expuesto. Si uno es capaz de entenderlo, será capaz de descubrir lo que esta oculto en esta novela…

Ese joven con largo pelo castaño rojizo y rostro descarado no era realmente un poeta; pero, sin duda alguna, era un poema. Aquel anciano caballero con su barba blanca indomable y su indomable sombrero blanco, sí, ese venerable farsante no era realmente un filósofo, pero al menos daba ocasión de filosofar a otras personas. El caballero científico de cabeza calva en forma de huevo, con un descarnado cuello de pájaro, no tenía derecho en realidad al presuntuoso aire científico que asumía. No había descubierto nada nuevo en biología; pero ¿qué criatura biológica podría haber descubierto más original que él mismo?”

Un artista desprecia todos los gobiernos, elimina todas las convenciones. El poeta se deleita sólo en el desorden. Si no fuera así, la cosa más poética del mundo sería el ferrocarril metropolitano.”

El autor, es G.K. Chesterton, anglicano, colosal – media casi dos metros y pesaba unos ciento treinta kilos-,  un prolífico y polemista inglés, conocido principalmente por los relatos protagonizados por el Padre Brown, un excelente detective y sacerdote. No obstante, esta novela es la que le dio unas cotas de popularidad nunca alcanzadas hasta entonces.

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