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APUNTES: Desigualdades

APUNTES: Desigualdades

A veces no resulta fácil elegir entre los distintos temas de interés que se presentan en una semana, varios merecerían un ‘apunte’ propio, pero se van a quedar varios para otro momento, porque hoy me voy a centrar en el estudio riguroso que ha realizado el Instituto Juan de Mariana con un título que ilustra bien su contenido: ‘Mitos y realidades. La desigualdad en España’.

Hay que agradecer a los autores del trabajo que pongan al descubierto la falta de rigor con que se utiliza y se difunde una mentira (un mito, dicen ellos más suavemente que yo): que España es uno de los países de Europa donde se dan las mayores desigualdades de renta y riqueza, unas desigualdades que, además, van aumentando con el tiempo. Apenas hay movilidad social y un porcentaje creciente de la población está en riesgo grave de pobreza.

Y así se transmite en buena parte de los discursos, más o menos políticos, que presentan una imagen de España empobrecida, con una población que avanza hacia la miseria y que se ve sin horizontes, a no ser que se produzca un cambio importante en el rumbo que ha tenido hasta ahora. El cambio, naturalmente para mejorar, sólo tendrá lugar si lo provocan y lo llevan a cabo ‘nuevos’ gestores de la cosa pública.

Hace unos días he podido estudiar despacio el citado trabajo, que arroja luz sobre el tema de las desigualdades. Después de señalar algunas lagunas y faltas de rigor en que incurren quienes presentan esa imagen de España, desmienten con datos tales afirmaciones.

Los autores de ‘Mitos y realidades’ comienzan por distinguir los tres puntos de vista desde los que se puede medir la desigualdad: la riqueza, la renta o el consumo.

Para medir las desigualdades de riqueza utilizan tres indicadores, el índice de Gini, el porcentaje de riqueza que está en manos del 10% de la población más rica y la comparación entre el % de riqueza que posee el 20% más rico en relación con el 80 % más pobre. De acuerdo con el primero de estos indicadores, España es uno de los tres países con menos desigualdad junto a Bélgica e Italia; también el segundo indicador señala que el 10 % de personas con mayor riqueza acumula el 43 % del total, lo que nos sitúa también en tercer puesto, detrás de Grecia y Eslovaquia, un resultado idéntico al que proporciona el tercer método de medición.

Esto contrasta con las afirmaciones a que me refiero arriba, que omiten, en general, uno de los componentes de riqueza: la propiedad inmobiliaria, tan arraigada y tan valorada en las familias españolas.

Con respecto a la renta, el estudio que comento también analiza los componentes que se consideran al medirla, y detectan que no se incluye entre ellos algunas rentas en especie de especial relevancia, como los alquileres imputados; otras omisiones son los servicios que proporcionan las administraciones públicas: salud, educación, viviendas sociales, entre otros. Cuando se tiene en cuenta todo ello, España se sitúa en un lugar intermedio dentro de Europa. Algo que, de ningún modo nos puede dejar tranquilos pero que está lejos de cualquier visión apocalíptica.

Es un hecho que las mayores desigualdades proceden de las rentas del trabajo, que se pueden descomponer en dos elementos: las que se deben a diferencias en los salarios percibidos y las que se derivan de los distintos niveles de desempleo; y es precisamente el nivel de desempleo el que provoca mayor desigualdad.

La conclusión obvia es que la mejor forma de luchar contra las desigualdades de renta es promover el mayor nivel de empleo, algo que, si no se quiere aumentar el déficit público, es una tarea que compete a las empresas privadas.

Las diferencias de bienestar de la población se expresan a través del consumo. También en este caso España se sitúa en un buen puesto, con menor desigualdad que la media de la Unión Europea, que Francia, Italia o Luxemburgo, entre otros países.

Un aspecto más se contiene en el citado trabajo: la movilidad social. Y se demuestra que España está al nivel de Alemania, no muy alejada de Suecia y mucho mejor que Francia, Italia o Reino Unido.

Llegados a este punto y para concluir vale la pena señalar que, de acuerdo con el análisis que realiza el Instituto Juan de Mariana, cuando se utilizan los datos con rigor, España resulta ser un país mucho más igualitario de lo que generalmente se afirma, no estamos a la cola de Europa; se pone de manifiesto algo ya sabido: el principal problema que tenemos es la alta tasa de paro; centremos, pues, los esfuerzos en reducirla, sin hostigar a las empresas que crean empleo.

Elvira Martínez Chacón, Profesora Emérita de la Universidad de Navarra, área de Economía

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