Escucho, leo a muchos agoreros decir que la gente vive con inquietud, ansiosa, con una salud mental muy deteriorada y que hay una inmensa mayoría que el desasosiego los corroe por dentro y por fuera… ¡No lo niego que hay personas y grupos vulnerables y con una situación económica lindando con la pobreza! Pero, tristemente por muchas asociaciones que se presten y ayuden, quizás sean más los desfavorecidos. Pero de ahí a que vivamos con una espada de Damocles a punto de romper el hilo fino que la detiene, como puede ser el cambio climático (¿), la guerra próxima de Europa, la crisis económica que nos desajusta nuestro estado de confort, salir de una pandemia que nos ha dejado vuelta al aire… No es verdad, por muchos agoreros que existan en nuestro entorno, que: ¡cualquier tiempo pasado fue mejor!
Llevamos muchas crisis, casi una detrás de otra, podríamos decir que la vida es una pura policrisis, cierto, lo admito, pero seguimos vivos… Como dicen los neuropsicólogos, llegamos a tener unos noventa mil pensamientos, un diez por ciento es sobre el sexo y el fútbol, un 20 por ciento sobre el futuro, y el resto es casi todo baladí y tóxico; pero, el premio nobel último decía: “con que tengamos dos pensamientos positivos ya merece la pena”. Y, si estuviéramos acostumbrados a tener nuestro cerebro en “manual” y reseteáramos con cierta rutina aprovechando los ciclos circadianos, las crisis y el futuro sería mucho mejor del que estamos acostumbrados a imaginar, porque realmente somos tan propensos a nublarlo todo, que todo es peor en nuestro cerebro, de lo que realmente es. No recordando que nuestro cerebro no diferencia si lo que imaginamos es virtual o real, por eso estos tiempos convulsos como en casi todas las épocas los ha habido, son lo que cada uno imagina, y esa imaginación negativa que codifica nuestro cerebro, hace que nuestro presente y por supuesto el futuro parezcan tan negros y peligrosos… Los tiempos son como son, y nuestra cabeza los transforma en peor porque esa inclinación reptiliana que tenemos en esa evolución en la que hemos creído a pie juntillas, nos daña tanto que no nos deja ser felices, pues nuestro cerebro es prehistórico, y nada hace para que convirtamos -nuestro cerebro, que somos nosotros-, en un cerebro más “manual” y a nuestro favor, pero eso tiene mucho trabajo sistemático y personal… ¡Es más fácil seguir con el automático puesto, y que sea lo que dios quiera! Y así nos va, creyendo que estamos viviendo en una continua crisis, con una incertidumbre, que nadie hace nada por nadie… Esperando que la salud mental nos lo resuelva.
“Dos millones de británicos tienen terapia psicológica regular, según la fundación de Salud Mental, de ellos, 1,6 millones reciben apoyo del NHS. La orientación oficial de NICE recomienda la terapia psicológica junto con la medicación antidepresiva como tratamiento estándar para la mayoría de los problemas de salud mental”. Sí, así lo afirma la última encuesta en el mundo anglosajón, pero no significa que estemos peor de todo lo que los adivinos les gusta remarcar: Tenemos más conciencia de que la salud es salud sea física o mental, sendas son la misma salud. Tenemos más ciencia, más servicios, mejores profesionales, y eso hace que podamos tener más ofertas y más orientación, para que empecemos a trabajar por nosotros mismos para que mejore nuestro nivel de salud, se acabó aquella salud de consumir servicios, y esperar que todo lo haga el profesional. Cada vez sabemos y disponemos de más herramientas para gestionar nuestras vidas, y eso es un valor de nuestro tiempo moderno.
Dr. Emilio Garrido Landívar, Psicólogo clínico y doctor de la Salud, Catedrático de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos (CEU)


