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El mayor robo de la historia de las criptomonedas entró por el portátil de un ingeniero: cómo reducir el riesgo en la empresa y qué cubre un ciberseguro
Binance, la mayor plataforma de intercambio de criptomonedas del mundo por número de usuarios, sufrió el pasado viernes un hackeo que, según sus primeras estimaciones, asciende a 6.300 millones de dólares (unos 5.650 millones de euros). De confirmarse, sería el mayor robo de la historia de las criptomonedas. Los atacantes, presuntamente el grupo norcoreano TraderTraitor, entraron en el portátil de un ingeniero y desde ahí controlaron el proceso automatizado que autoriza las transferencias. El propio sistema de Binance envió los fondos a sus cuentas a través de diez cadenas de bloques distintas.
La compañía ha bloqueado en torno a 3.000 millones con ayuda de otros actores del ecosistema: Tether congeló unos 1.570 millones de dólares y Circle, más de 800 millones. Binance ha reservado más de 6.300 millones de fondos propios para cubrir el incidente y, desde el 1 de julio, no puede operar en Europa al no contar con licencia MiCA.
El puesto de trabajo, la puerta de entrada
Para Miguel Ortega Haro, director de Procesos y Seguridad de cdmon, el caso traslada una lección directa a cualquier empresa: “la seguridad al 100% no existe, tampoco en la mayor plataforma del mundo. La cadena de bloques aguantó; el punto débil fue el equipo de una persona autorizada a ordenar movimientos. En una pyme ocurre lo mismo con quien administra el dominio, el correo o el servidor, y esos accesos merecen tanta protección como la cuenta del banco”.
La compañía recomienda aplicar el principio de mínimo privilegio, separar las cuentas de administración de las de uso diario y activar el doble factor de autenticación en paneles de hosting, gestores de dominios y correo corporativo.
Después del robo, las estafas
Tras un incidente de esta repercusión se multiplican los fraudes: mensajes que prometen recuperar fondos, piden “verificar” la cuenta o llevan a dominios que imitan a la plataforma afectada. Ortega Haro lo ha visto repetirse: “después de un incidente mediático siempre aparecen mensajes falsos que ofrecen reembolsos o piden ‘verificar’ la cuenta. Muchos llevan a direcciones casi idénticas a la original, con una letra cambiada o una extensión distinta. Ninguna plataforma pide claves por SMS ni por correo. Lo seguro es entrar directamente en la app oficial y no pulsar ningún enlace”.
Cuando la prevención falla
Master Mutua, correduría de seguros, recuerda que la parte del riesgo que no se puede evitar se puede transferir con un ciberseguro. Según la póliza, estas coberturas pueden incluir la respuesta al incidente y el análisis forense, las pérdidas por interrupción de la actividad, la responsabilidad frente a terceros cuyos datos se vean afectados y la gestión de las notificaciones obligatorias.
José Manuel Sánchez Trallero, director de Master Mutua, pide no dar nada por supuesto: “las pólizas de ciberriesgos se parecen poco entre sí. Las diferencias están en las exclusiones y en los sublímites, sobre todo en el fraude por suplantación y en las transferencias que ordena un empleado engañado. Conviene revisarlas con un corredor antes de que ocurra nada, porque después del incidente ya no hay margen para cambiar la póliza”.
En el caso de los particulares, la correduría aconseja comprobar en los registros públicos de la CNMV y de ESMA que la plataforma donde se guardan criptomonedas está autorizada bajo MiCA, el reglamento europeo que obliga al custodio a separar los criptoactivos de sus clientes de los propios y le hace responsable de su pérdida si el incidente le es atribuible.

