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Cuidar sin descuidarse: la importancia de pedir ayuda para romper la soledad de los cuidados

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Cuidar sin descuidarse: la importancia de pedir ayuda para romper la soledad de los cuidados

Andrés Losada, catedrático de Psicología Clínica en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) y colaborador del programa de Personas Mayores de la Fundación ”la Caixa”, destaca conceptos que cobran especial relevancia en este contexto como el familismo, el duelo anticipado, la terapia de aceptación y compromiso o la soledad.

El estrés, el cansancio o la ansiedad son síntomas reconocidos por personas que cuidan de un familiar o ser querido. A esta situación se añaden sentimientos como la soledad, la tristeza, el aislamiento así como la disminución de tiempo para el autocuidado y el ocio. Con una población cada vez más envejecida y un creciente aumento de la esperanza de vida, los cuidados se erigen como uno de los mayores retos sociales en la actualidad.

Ana López es una de los miles de personas cuidadoras no profesionales que atienden a un familiar en situación de dependencia en España. Desde hace años cuida a su madre, con demencia, y a su marido, con una discapacidad física. Como ella, muchas personas asumen los cuidados de sus seres queridos, una labor que, si se hace en soledad y sin recursos, puede deteriorar su salud física y psicológica, advierte el doctor Andrés Losada, catedrático de Psicología Clínica. En los talleres de la Escuela de Cuidadores de la Fundación ”la Caixa”, Ana ha aprendido a relativizar, a aceptar sus límites y a permitirse errores.

Ana López Arias tiene 63 años y vive en el barrio de la Concepción de Madrid. Hace cinco años, cuando estaba con su familia en la casa de la playa, notó que Victoria, su madre, andaba sin sentido por la estancia a altas horas de la madrugada. «Hacía cosas raras y empezó a mostrarse inquieta y desconfiada», explica Ana. Después de ir al neurólogo le diagnosticaron una enfermedad neurodegenerativa frontotemporal en grado avanzado. «La evolución fue rapidísima».

A partir de ese momento, la vida de Ana pasó a girar alrededor de los cuidados, tanto de su madre, con demencia, como de su marido, Javier, con una discapacidad física. «El deterioro de los dos ha ido en paralelo y he tenido que estar a caballo entre mi madre y mi pareja», cuenta.

En España hay oficialmente más de 104.000 cuidadores no profesionales de personas en situación de dependencia. Más del 87 % son mujeres y más del 60 % supera los 50 años, según datos de junio de 2026 del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030. El número real de familiares que cuidan a seres queridos es mucho mayor, ya que esta cifra solo recoge a las personas registradas en el sistema. En España, por ejemplo, se estima que hay unas 800.000 personas con demencia y todas ellas necesitan a alguien que las cuide.

Cuando el cuidar ocupa toda una vida

De la noche a la mañana, la realidad de Ana dio un vuelco, aunque hizo equipo en las tareas de cuidado y en la toma de decisiones sobre todo con una de sus hermanas, Paloma. Como Ana y Victoria vivían en portales enfrentados, madre e hija pasaban mucho tiempo juntas. «Al principio solía venir ella a mi casa para ayudarme a hacer algún guiso. Después me di cuenta de que iba perdiendo las pocas capacidades que tenía y tuve que irme yo a dormir a la suya todas las noches».

Los cuidados fueron desplazando poco a poco su trabajo al frente de un taller de costura y tapicería donde confeccionaba vestuario para grupos de teatro y escuelas de flamenco. Era un oficio que la llenaba y que, además, la conectaba con su madre, la persona que le había enseñado a coser. Primero redujo los encargos y, con el tiempo, acabó cerrando el taller.

Ese desgaste también acabó afectando a su vida personal. Dejó de salir con sus amigos y la relación con parte de su familia quedó tocada. «En cuanto mi madre perdió la capacidad de tomar decisiones, todo el mundo quería decidir, unos querían mandarla a una residencia, otros no».

Finalmente consiguió la curatela judicial de su madre y vendieron la casa de la playa para poder hacer frente a los gastos de los cuidados. «Estar enfermo es carísimo y mi madre se quedaba sin recursos».

Por ello, la Fundación ”la Caixa” creó en 2018 la Escuela de Cuidadores cuyo objetivo es ofrecer acompañamiento y guía a personas que se encuentran en una situación sobrevenida de cuidados de un familiar. Hasta el momento, se han impulsado más de 2.800 talleres presenciales y online en los que han participado más de 11.000 personas en toda España. Una de ellas es Ana, quien desde hace años cuida a su madre, con demencia, y a su marido, con una discapacidad física. «Lo importante es que ahora estoy en paz conmigo misma», relata tras haber superado una época de angustia y soledad.

Andrés Losada, catedrático de Psicología Clínica en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) y colaborador del programa de Personas Mayores de la Fundación ”la Caixa”, destaca conceptos que cobran especial relevancia en este contexto como el familismo, el duelo anticipado, la terapia de aceptación y compromiso o la soledad . «Las personas cuidadoras pueden llegar a perder facultades cognitivas o que su salud se deteriore y, si van perdiendo recursos y capacidad para hacer las cosas, se terminan agotando».

 

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