Este 2026 hemos asistido a un mundial en el que hemos vuelto a vibrar con España. Una España de corrupción político-gubernamental-familiar-económica en el entorno del presidente Sánchez, de un expresidente Zapatero haciendo negocios con comisiones, rescates, sociedades pantalla a nivel internacional y presunta alineación con el narcotráfico, al parecer de Venezuela. Una corrupción del sanchismo que, en manos de la Justicia, ya apunta responsabilidades de delitos en el ámbito político y de partido socialista. Con el Fiscal General de Pedro Sánchez, su exministro y exsecretario de organización del PSOE José Luis Ábalos cumpliendo condena, cloacas, Cerdán, David Sánchez, hermano del presidente, condenado e inhabilitado, Begoña Gomez esperando juicio…
Pues bien, en medio de esta podredumbre, dirigida por la mentira, la pasividad, la desafección por la política y el hartazgo están dando un giro de 180 grados. Sobre todo, en la juventud que vemos cómo sorprendentemente se recupera y se carga de identidad patria y de religión, de Dios.
Ayer España vibraba, ondeaba su bandera, gritaba vivas a su Patria. Pero los proetarras de la “kale borroka”, encapuchados y ataviados de ropa negra, barras de hierro y porras extensibles, agredieron a gente de bien por celebrar la final del mundial en el que España se media con Argentina. Y ganó, a pesar del juego sucio de la albiceleste.
Sirvan estas palabras para condenar y denunciar estas agresiones, en Bilbao, en la localidad navarra de Berriozar donde quedaron malheridos 6 jóvenes, entre ellos tres militares y una joven, que en una terraza veían el partido de fútbol portando la bandera común rojigualda. Mientras, Chivite y Sanchez en silencio cómplice de sus socios de Bildu.
España es doble campeona del mundo en fútbol, triple campeona de Europa y campeona Olímpica. Algo único y ya legendario para la historia del deporte.
España fue un imperio donde “no se ponía el sol”. Durante estos días hemos asistido a la gran España -casi olvidada-. A esa evocación de unión nacional en una bandera y sus colores. Ha sido necesario el fútbol para que el oculto y “avergonzado” sentimiento español aflorara en España con gallardía, orgullo y honor.
Un sentimiento que, a partir de ahora, segura estoy, permanecerá como ejemplo y marca de identidad.
Sea como fuere contra el sanchismo y al grito de ¡Viva España! y de nuestro himno nacional, todos éramos una misma generación: jóvenes, mayores, niños, familias… El fútbol ha encendido la llama de la “arrinconada” España para dejar de manifiesto que no sólo es el fútbol, es España la que une y a la que se ama.
También en territorio de nacionalismo exacerbado, radical y separatista se coreaba España al compás del ondeo de las banderas “rojigualdas”, que lucían el escudo de España. A pesar de los encapuchados y borrokas.
España, la nación más antigua de Europa, la que alberga siglos de historia.
Gracias a la Selección por haber sido el estímulo de sentir España y portar “en la calle” y en el corazón nuestros colores de unión: el rojo y amarillo.
“La roja” identifica sólo un color y se brinda a la interpretación.
Felicidades España.
Nieves Ciprés Aznar, periodista

