Artículo 149
Muy señora mía y de todos sus clientes:
Distinguida modista y artista.
Ante todo, felicitarle por sus éxitos y diseños.
En relación con alguna de las prendas que compramos en las que hay que hacerles arreglos para que parezcan nuestras, en mi caso (el público que asiste al teatro), vengo a comentarle lo siguiente:
Este mes de agosto compramos en su tienda de El Corte Inglés de Pozuelo de Alarcón una camisa de lino (Morgan), unos pantalones y dos polos, uno de fresa y otro de chocolate. El pantalón, bien gracias, pero la camisa hubo que ajustarla un poco a mi condición física. Cortar un poco las mangas y coger los bajos.
Esta operación de reducción de prenda no lo hacen ustedes, lo hacen los modistos del centro que me la dejaron según describo: Corta de mangas, que al recuperar el brazo estirado, solo en el hombro derecho, se quedaba una especie de mochila con apariencia de chepa. En la izquierda no.
Los bajos, por delante como una minifalda y por detrás como una bata de cola. Además, al plancharla le dieron vuelos.
En el frontal, entre la parte de los botones y la de los ojales, había un desnivel de poco más de un centímetro.
Me desplacé al centro con el fin de devolver la prenda. Fui atendido correctamente, es más, las dependientas llamaron al modisto que justo estaba a treinta metros de nosotros, pero no estaba. Tras esperar y desesperar llegó, pero no se dignó a venir a nuestro probador y nosotros (cogiendo nuestros enseres para desplazarnos a su posición, bolsas y mi polo de chocolate), peregrinamos hasta su lugar de trabajo, con el fin de que viera en mi persona cómo hacían los arreglos sus compis.
Basado en el chiste del sastre, comenzó a sacarme faltas, como diciendo: “Que usted ya venía así”, y continuó, la mochila ya se la compró así. Ahí mi señora le comentó (al ver que mis ojos se alejaban de sus órbitas): “Oiga, mire usted el cosido de la parte de atrás de la camisa, está en zigzag” (que parece el nombre de una señora china).
Sin haber vuelto a sus órbitas mis ojos y, en defensa propia le dije al incómodo: ¿Por qué tengo yo que venir a que usted vea el estropicio y trate de defender lo imposible si soy el cliente? He venido a descambiarla. Me di media vuelta, descambié la camisa y en el estand contiguo, BOGGI Milano, compré la camisa y otros complementos. Estos, que vieron la movida, comentaron: “Si tiene usted algún problema con las prendas o hay que arreglarle algo, nosotros tenemos nuestros propios sastres.”
Le ruego tome buena nota y le envío un saludo y mi deseo de que sigan los éxitos.
Suyo.
Manolo Royo, humorista www.manolo-royo.com

