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Que los árboles no nos impidan ver el bosque

En nuestra ciudad Pamplona, llevamos unos meses revueltos por una serie de obras. Esta ciudad, además de ser la capital del viejo Reino de Navarra, también lo es de las coordinadoras “anti”.

Da igual quién proponga una obra en la ciudad que los del otro lado protestarán por ella, y montarán una plataforma anti, se manifestarán y harán todo lo posible para paralizarla o revertirla.

En estos momentos, tenemos la obra del aparcamiento de la calle Sangüesa promovido por el ayuntamiento, con 40 árboles afectados en la Plaza de La Cruz. Y a la espera de una consulta popular.

Mientras, en la cuesta Beloso, son casi 400 árboles los afectados; claro que aquí, además, están implicados el Ayuntamiento de Burlada y el ejecutivo foral.

Por si no fuera poco seguimos pendientes de adecuar el salón de casa, el Paseo Sarasate, y otra vez tropezamos con más árboles. Y también con quién lidera las obras, de manera que los del otro lado ya están preparando las protestas de antemano.

Por no citar el problema de la rotonda de San Jorge y el nuevo vial de conexión entre la Rochapea y la Chantrea o, si prefieren, Rotxapea y Txantrea.

Desde el Colegio Oficial de Biólogos, como corporación de derecho público que visibiliza y defiende los interese profesionales de los biólogos y la aportación que nuestro colectivo hace y puede aportar a la sociedad, no tenemos ningún sesgo político, y consideramos que, en todas estas actuaciones, pesa demasiado el componente político. Se tienen en cuenta criterios socioeconómicos que afectan a la economía de los negocios cercanos a las obras, así como las molestias que estas provocan a los vecinos. Sin embargo, echamos en falta un criterio claro desde el punto de vista medioambiental o de la ecología urbana. Disciplina cuyo objeto es estudiar las interrelaciones entre los habitantes de una aglomeración urbana y el ambiente.

Lamentablemente parece que un criterio es el de la cantidad de árboles afectados, y no se habla de la calidad de estos. Tampoco se tienen en cuenta otras muchas relaciones que ni arquitectos, ni políticos, ni vecinos conocen, porque no es ni su obligación, ni está dentro de sus competencias profesionales.

Sin embargo, todos opinan y nadie consulta a los profesionales, biólogos y medioambientalistas. Esto no ocurre con otros asuntos en donde enseguida se pide la voz de expertos del tema del momento.

La adecuada convivencia con nuestro medio ambiente empieza por la ciudad, donde interesa un espacio adecuado, que oxigene la urbe: espacios de esparcimiento, con especies autóctonas, adaptadas a las condiciones del lugar, resilientes a las consecuencias del uso y desarrollo del suelo urbano, con comunidades estratificadas que requieran menos recursos y puedan envejecer favoreciendo otras especies de fauna y flora, que permitan interrelacionar los parques del centro de la ciudad con el exterior, que tengan a sus pies parterres amplios y naturalizados,… No queremos una Pamplona verde, que es lo que se vende a menudo, para quien no sabe apreciarlo, sino una Pamplona ecológicamente sana, para todos los ciudadanos, y los que vendrán. Un correcto diseño de ecología urbana no sólo permitirá soluciones de mucho mayor consenso que las actuales, sino que mejorará el estado de nuestra ciudad hoy a todas luces verde, pero muy insuficiente desde el aspecto ecológico. Cuando la Ecología Urbana es ya una asignatura en algunas universidades, aquí todavía estamos discutiendo por quitar o plantar algunos plátanos o abetos, sin trabajar de verdad por la calidad ambiental que debe de tener la ciudad. Incluyendo el concepto de una salud global. ¿Ecología urbana? ¡Sí, gracias!, y basta ya de polémicas.

Por ello, pedimos que se baje la innecesaria tensión política que, lejos de ayudar a una mejor convivencia, a una mayor protección y preservación del medio ambiente y a una óptima calidad de vida de los convecinos, fomenta odios recalcitrantes, polémicas inútiles y decisiones erróneas, que no ayudan a las relaciones vecinales y ciudadanas. Que ya todos tenemos bastantes problemas para llegar a final de mes y queremos ser un poco más felices y humanos.

Ana Casanova Sola, Jokin Larumbe Arricibita y Jesús Bodegas Frías, Ecología Urbana del COB (Colegio Oficial de Biólogos)

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