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Las otras macrogranjas

Hace unos meses, y con la polémica iniciada por unas nefastas declaraciones del ministro de Consumo, Sr. Grazón, se pusieron en los titulares a las macrogranjas. Entonces el ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación aclaraba que el concepto de macrogranja no está definido en la norma y se trata de “una palabra al uso que se refería a explotaciones que concentran un número muy levado de animales en un mismo espacio”.

Coincidiendo con el inicio del curso 2022-23. No estaría de más que se iniciara un debate sobre las otras macrogranjas: las escuelas, los colegios y los institutos. Y esto afecta tanto a centros públicos como concertados.

Cuando los docentes hablan de macrogranjas educativas unos se refieren al tamaño del centro y otros a la densidad (alumnos/superficie).

Lo que es cierto es que cada vez los centros educativos se hacen más grandes. fundamentalmente por cuestiones urbanísticas y económicas. Es más fácil construir un centro para 1000 alumnos que no dos de 500. Mientras los afectados señalan problemas de gestión de los espacios de aprendizaje y de la convivencia. Comentan que es un auténtico tetris, el cuadre de horarios y espacios. Se dan piruetas con los horarios y los desdobles de optativas.

Este problema, de espacios y tiempos, también afecta a la Universidad. Con horarios y jornadas, dejémoslos en extraños.

Volviendo a la enseñanza obligatoria, los docentes se quejan de la falta de planificación educativa porque va más allá de los 4 años de una legislatura. Dicen que los centros educativos pueden ser insalubres, ya que a veces no está garantizado el espacio adecuado y la ergonomía del entorno. No es sólo, que todo este limpio y sea nuevo.

Los equipos directivos y los tutores invierten gran parte del tiempo en mantener la paz social y el buen ambiente. Y el resto, habla de dificultades para conocer a todo el alumnado. Se pierde la cercanía y se resiente la atención personalizada. En definitiva, todo les resulta “más industrial”.

Otra visión de la escuela macrogranja, es su organización de estabulación por la edad del alumnado. En las macrogranjas el objetivo es que todos los animales engorden a la vez, para ir al matadero juntos y sin rechistar. Sin embargo, los índices de conversión para el engorde no son aplicables a las sinapsis neuronales. A no ser, que lo que se quiera en el fondo sea cebar a los alumnos con comida basura para un engorde rápido y sin esfuerzo.

En un sistema de competencias, los niveles educativos debieran ser marcados por la adquisición y el desarrollo de estas y no por la edad del individuo. Especialmente cuando se habla cada vez más de individualización y atención personalizada. Debiéramos empezar cambiando el chip. Ya que todos sean nacidos el mismo año, no quiere decir que todos tengan las mismas habilidades y destrezas, y desarrollen las mismas capacidades por igual y al mismo tiempo.

Puede parecer que si añadimos otra variable a la educación será imposible su organización.

No obstante, este tipo de organización funciona y bien en las enseñanzas no regladas, como los segundos idiomas y la música. En donde alumnos de diferentes edades, pero con el mismo nivel competencial en el uso de un idioma no materno o en el manejo de un instrumento conviven y aprenden juntos. Y el grado de motivación individual suele ser alto. Claro que la densidad por aula no es la de la escuela obligatoria.

Quizá esta sería la solución para el antiguo drama de repetir curso o el novedoso desastre de pasar con asignaturas suspendidas.

Los animalistas también se quejan de que en las granjas se atiborran de antibióticos a los animales para su rápido engorde. El famoso bono cultural exclusivo para los que cumplen este 2022, 18 años, viene a ser una especie de clenbuterol, de cara al electoral año que viene.

Es una medida antisocial, pues prima o beneficia más a las familias que más posibles tienen.

Y un despropósito, las dificultades para acceder a él. De todos los de mi entorno, sólo una persona ha sido capaz de acceder a él. Todo un éxito de la facilidad para conectar con la administración, y realizar un mero trámite. Para que luego nos hablen de la digitalización. Si un joven, nativo digital, no logra conseguir su bono. ¿Cómo quieren que un adulto analógico funcione en un ecosistema digitalizado?

Jesús Bodegas, Ldo. en Ciencias Biológicas

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