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La socorrida pólvora del Rey

 

Estoy seguro de que no habrá un español que no haya escuchado o incluso utilizado esa conocida frase de “Disparar con pólvora del Rey”, que hoy sería más actual traducir por “Disparar con pólvora del Estado”. Una frase, la original, que parece provenir del Siglo XVI, atribuida a los conocidos como Tercios de Flandes, que debían costearse de su paga incluso la pólvora, por lo que reducían su uso. Pero a veces, en confrontaciones más importantes, esa pólvora procedía de las arcas del Rey y se disparaba con más alegría y ligereza. De ahí que la frase se utilice comúnmente hoy para resumir la facilidad con la que se paga a costa de otro, tan común desgraciadamente en el ámbito político a la hora de emplear recursos del Estado con poco rigor o necesidad y, no pocas veces, honradez.

A veces, entre la mera disposición de recursos ajenos como “pólvora del Rey” y “ligerezas” mucho más dañinas, sólo hay una delgada línea y pasamos a corruptelas o flagrantes corrupciones. Algo más frecuente a medida que ese “disparar con pólvora del Rey” se “normaliza” y se acepta como parte del sistema y no se corta con contundencia. Y, como no pasa nada, se da un pasito más.

Un repaso exhaustivo de la hemeroteca daría para una enciclopedia sobre el poco rigor en el gasto público desde la alegría con la que se empleaba la partida de fondos reservados y otras “minucias”. No parece otra cosa, en la situación de crisis actual, la alegría de comprar 724 vehículos por parte del Parque Móvil del Estado. Todavía más, si 118 de ellos son para un gobierno que ya cuenta con 655.

Y después de lo que se ha sabido hasta ahora y de lo que no se sabe todavía, se hace bueno de nuevo el título del drama de Francisco de Rojas, “Del Rey abajo, ninguno”. Hoy podría actualizarse por “Del Rey abajo, todos” –o casi– son “presuntamente” aficionados a disparar con pólvora del Estado, cuando no corruptos consumados o condenados. Al menos debajo del que ahora se le llama “Emérito”, porque al sucesor no se le conoce indicio alguno –toda regla tiene su excepción–. Recuérdese el escaso “patrimonio” de nuestra recuperada realeza al llegar en el último cuarto de Siglo XX, después de aquella época en la que –se decía– los monárquicos españoles cubrían los gastos del Conde de Barcelona en su residencia de Estoril. En este caso se puede decir que se invirtió el sentido de la frase –otra excepción de la regla– con la que comenzaba mi artículo y era el posible Rey, sobre el que saltó la línea sucesoria, el que “disparaba con pólvora ajena”. Y parece que hay poca duda de que el sucesor a título de Rey que nos dejó Francisco Franco llegó “Con una mano detrás y otra delante”. Si es cierta esa cifra de “más de 2.000 millones de euros” a que asciende el patrimonio de Don Juan Carlos I, que he visto en la prensa, hay que reconocer su buen “olfato inversor” para obtener esa “rentabilidad” a partir de sus “modestos” ingresos oficiales. Algo parecido al de dos de los próceres socialistas, Felipe González y José Bono, destacados “tiradores” con “pólvora de Rey” y, presuntamente también, posibles transgresores de esa línea que antes decíamos. Ni sumados los sueldos recibidos en sus años de vida política activa, y con gasto cero, creo que podrían justificar sus respectivos patrimonios inmobiliarios y empresariales de no ser por ese “olfato inversosr”. Pero eso no toca hoy, más allá de la cita.

¿Qué, sino “disparar con pólvora del Rey”, es mucho de lo que estamos viendo en los tres años de “gobierno” de Mr. Falconeti a la hora de disponer de lo que el Patrimonio Nacional pone a su disposición? Por ejemplo con el abuso del Falcon. Ese que en un solo vuelo dicen los expertos que contamina más que 16.000 vacas de las que quiere eliminar su ministro de Consumo, Alberto Garzón. Otro “experto” en tirar con “pólvora del Rey”, de la que sale su propio sueldo y la estructura de desvarío que se ha montado, coches oficiales incluidos, para jugar con los intereses de España.

¿O qué decir del disfrute de los palacetes de La Mareta o Las Marismillas que parece compartir el Sr. Sánchez y Pérez-Castejón con familia y amigos de pandilla?

¿Qué, sino “disparar con pólvora del Rey”, es lo que depone cada mes el inefable José Félix Tezanos en sus encuestas mensuales –antes el CIS las hacía trimestrales, creo– a 300.000 €? Parece que este caballero ha antepuesto su sectarismo socialcomunista al “prestigio” profesional que algunos colegas dicen que tuvo alguna vez.

¿Qué, sino “disparar con pólvora del Rey”, es maquillar (falsear) la creación de empleo de 2021 con el aumento de funcionarios –potenciales “clientes”– que hacen que la Moncloa se convierta en una sucursal del INEM? El aumento de funcionarios clientelares ha sido una característica común de los gobiernos socialistas, reyes del “nepotismo desilustrado”.

Otro amigo de la “pólvora del Rey” no cabe duda que fue –lo sigue siendo– PabLenin Iglesias, fallido vicepresidente y hoy “periolisto” de la Cadena SER y otros medios tan “objetivos” como él. Después del enorme “sacrificio” que lo llevó, en tiempo récord, desde su Vallecas querido al “marquesado” de Galapagar y a su casoplón millonario –que disfrutó poco, por cierto–, pide ahora ayuda económica. Lo hacía mediante un vídeo en el que anuncia crear un podcast para “ofrecer datos, reflexiones y enfoques que no suelen ser habituales en los grandes medios de comunicación”. Lo anunciaba con el nombre de La Base, “un puto podcast que para existir necesita que mucha gente lo sustente”.

Tampoco tiene mala “puntería” con munición ajena la madre de sus tres hijos, Irene Montero, que dice la prensa que ha multiplicado por cien su patrimonio desde que es ministra de “Igual-da”. No sólo tiene una estructura cara, sectaria e inútil, sino que esa “pólvora” le da caché para ser invitada especial del ICAM, que queda por cierto a la altura del betún. Como sucedió hace tiempo con el Partido Socialista, el Colegio de Abogados de Madrid perdió el significado de alguna de sus siglas, la “I”, y cambió otras dos para pasar a ser “Amigos de Moncloa”, o tal vez de Montero, que sería todavía peor.

Otra que ha dejado patente su afición a esa pólvora ajena, ha sido la alcaldesa de Barcelona y “reina” del escrache, Ada Colau, investigada –es decir, imputada, para que no queden dudas– por repartirla entre sus fundaciones amigas.

Respecto al deambular a un lado u otro de la línea que antes citaba, de los principales sindicatos, me resulta imposible siquiera resumirlo. Desde sus famosas mariscadas en uno, hasta las condenas firmes en el otro, en casos como los ERE de Andalucía o el MAREA de Asturias, por citar sólo dos.

Se quedan en el tintero otros amigos de la “pólvora ajena”, que predican lo que después no hacen, pero como todo se les queda por el momento en el terreno de la teoría, porque no han llegado de momento a tocar poder, no me detengo en ellos.

Y aunque sea repetitivo, y con sus sombras de épocas pasadas, si no a nivel institucional, sí personal en más casos de los que sería deseable, es decir, ninguno, siempre nos quedará Madrid. Su Consejo de Gobierno aprobó el día 19 el anteproyecto de Ley de Defensa de la Autonomía Financiera “para blindar su política económica y fiscal de la que prepara el gobierno central”. Entre otras cosas, “la norma regulará la autonomía de ingresos, los recargos sobre impuestos estatales y los impuestos cedidos por el Estado”. También “se reglamenta la autonomía de gasto, de acuerdo con los principios de eficiencia, eficacia y economía, así como de sostenibilidad y estabilidad presupuestaria”. Además, “garantiza la transparencia en la información sobre la actividad financiera de la Comunidad de Madrid y el funcionamiento y control de la actuación pública tributaria”. Y “se informará a los ciudadanos del destino final de la aportación que realizan a los ingresos públicos, o de su situación tributaria en relación con otras comunidades autónomas o, en su caso, regiones extranjeras”. Casi igual que la que presentó y prepara para España Marisú Montero, más conocida como “la ruina andaluza”.

Antonio De la Torre, licenciado en Geología, técnico y directivo de empresa. Analista de opinión

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