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De la socialdemocracia al socialcomunismo… media un abismo

Les aseguro que no fue intencionado el “pareado” fonético y sin una métrica poética ortodoxa del título, pero  puede que me ayude a recordarlo y, desde luego, enmarca bien lo que pretendo transmitir con esta reflexión que comparto.

Antes de mi breve análisis, voy a intentar centrar el significado de los dos términos del título. Nuestro Diccionario de la RAE, define “Socialdemocracia” como un “Movimiento político que propugna un socialismo democrático y reformista. Por su parte, Oxford Languages da una definición con algún paso más: Corriente política moderada, dentro del socialismo, que defiende que la transformación de la sociedad puede llevarse a cabo desde una democracia parlamentaria y no necesariamente desde la revolución. Y, todavía más, la inefable Wikipedia termina por encorsetarla casi del todo: “La Socialdemocracia es una ideología política, social y económica, que busca apoyar las intervenciones estatales, tanto económicas como sociales, para promover la justicia social en el marco de una economía capitalista”.

Por su parte, si se busca la palabra “Socialcomunismo” en el antes citado DRAE, nos dice que “no está recogida en el Diccionario”. Pero si buscamos el término en el socorrido “san” Google, casi todas las opciones nos llevan directamente a “Comunismo”, sin el prefijo que podría suavizar su dureza. Y de nuevo el DRAE, en su acepción primera, lo define como “Movimiento y sistema político, desarrollados desde el siglo XIX, basados en la lucha de clases y en la supresión de la propiedad privada de los medios de producción. Y encontramos después, en la misma entrada, dicho término con un apellido que ayuda a definirlo mejor, tal como conocemos sus hechos hoy, desde lo ocurrido en la antigua Rusia y países satélites, así como en China, en el siglo XX. Lo mismo que vemos en este siglo XXI en sus discípulos aventajados, Cuba, Venezuela, El Salvador y cada día más países centro y sudamericanos. Me refiero a Comunismo libertario”, que lo define como “Doctrina anarquista, que considera imprescindible la desaparición del Estado y de la propiedad privada”. Como vemos, añade muy adecuadamente el calificativo “anarquista” y, manteniendo la supresión de la propiedad privada, consustancial con esa ideología, propugna la “desaparición del Estado”, fin último para hacer “SU” Estado totalitario. Sí he podido encontrar en #RAEconsultas que, pese a no estar recogida en el DRAE, “Socialcomunismo es una voz correcta con tal sentido de ideología política, incluido el que surge de la unión de socialistas y comunistas”. Hasta aquí, “encuadre” terminológico completo.

Diré también que la idea de este artículo me vino a raíz de la reciente visita a España del nuevo Canciller de la República Federal Alemana, Olaf Scholz, tras su reunión con nuestro presimiente Pinocho Sánchez. El detonante fue escuchar al doctor Fraude cum Laude su coincidencia en “la noción de justicia y en la necesidad de que ”Alemania y España impulsen la Europa Social, así como la defensa de nuestro valores y principios socialdemócratas«. Y no contento con ello, y sin despeinarse, se descolgó con que “Compartimos la visión sobre el progreso social y económico, que traducimos en la determinación para garantizar y devolver la dignidad a nuestros conciudadanos, a los trabajadores y trabajadoras –¡cómo no iba a salir el inclusivo en el discurso!–, a nuestros jóvenes y a nuestros mayores”.

He recurrido al subrayado de algunas palabras o partes de frases de las diferentes definiciones y de algunas de las impúdicas afirmaciones de Mr. Falconeti, para centrar en ellas mi análisis.

Si la Socialdemocracia “propugna un socialismo democrático”, ¿se puede llamar “socialdemócrata” a alguien que ignora la democracia y gobierna a base de reales decretos, que aprovecha para colar imposiciones totalitarias que nada tienen que ver con el fundamento del decreto?

Si la Socialdemocracia “busca apoyar las intervenciones estatales, tanto económicas como sociales, para promover la justicia social”, ¿se puede llamar “socialdemócrata” a alguien cuya gestión ha colocado a España en el último país de Europa en la recuperación económica después de la crisis que ha dejado la pandemia?

¿Se puede llamar “socialdemócrata” a alguien que, aparte de caer en una de las dos mayores mentiras dejadas a los españoles en su campaña electoral, se apoya para conformar su gobierno en un partido declarado comunista extremo como Podemos? La segunda fue decir que “no dejaría la gobernabilidad en manos de los que quieren romper el Estado”, precisamente el principal objetivo del Comunismo libertario que antes definíamos. Y no ha dejado de apoyarse en ERC y BILDU, representantes extremos por la izquierda del nacionalismo rupturista o en el PNV y Junts per Cataluña, sus equivalentes por la derecha.

¿Es coincidir en la “visión de justicia” alemana, mantenerse en el poder después de haberse demostrado la fraudulencia de su “tesis doctoral”, plagiada en buena parte y hecha por terceros, frente a la dimisión de más de un ministro alemán por la simple copia de un párrafo?

¿Son “principios socialdemócratas” que alguien se atreva a decir “salimos de la crisis sin dejar a nadie atrás”, pero deja una inflación en 2021 del 6’5%, la mayor en treinta años, que reduce sensiblemente el poder adquisitivo de los españoles. O que deja un desempleo que triplica con creces la media de la Unión Europea y una deuda pública en torno al 145% del PIB. Y que se atreve además a preguntarle a la Oposición que “¿qué les pasa que no pueden celebrar las buenas noticias para España?”. Es decir, aparte de lo dicho, que la bombona de butano se haya disparado el 5%, el gas natural más del 11%, el gasoil  un 25% y la electricidad un 72%, aunque “descontada la inflación” mantuvo el coste de 2018. Las legumbres, hortalizas y frutas, el 8-9%, la carne que denuesta su ministro de Consumo por el extranjero, un 22% y el aceite casi un 27%. O los hoteles a los que arruina con sus políticas erráticas y la cacareada “cogobernanza” de algunas autonomías, socialistas o nacionalistas principalmente, un 32%. Y demuestra su “coincidencia” con Alemania preparando una subida de impuestos global, que amenaza con aumentar la ruina de ciudadanos, autónomos y empresas, mientras que en el país germano, el invitado se ha estrenado con una sustancial bajada.

¿Es “justicia social” repartir a su antojo entre las autonomías de su color o a las que necesita para seguir en la poltrona una parte de los fondos europeos que van llegando? Un reparto unilateral que ya sabemos a quiénes se lo debe, por cierto, pero eso no toca ahora. ¿Es siquiera justicia, indultar a los que pusieron en jaque –y quieren seguir poniéndola como parte del resto de sus socios la unidad del Estado español–?

Sin duda, podría seguir con innumerables preguntas del mismo tenor que se responderían solas, pero creo que son suficientes y termino con un hilo de esperanza que refleja que bastantes españoles se están dando cuenta ya de a dónde nos lleva el socialcomunismo frentepopulista. Al menos, eso parecen reflejar las encuestas que venimos recibiendo en cuanto a intención de voto, después del “sorpasso” que infligió a las izquierdas –y al supuesto centro liberal y a la derecha “monasterial”– Isabel Díaz Ayuso, el pasado 4 de Mayo. Un resultado que parece que puede repetirse en las ya convocadas elecciones en Castilla y León y que puede también no diferir mucho en las que ya se intuyen en Andalucía, siguiendo la estela de Madrid. Y, cómo no, la Presidente madrileña volvió a dar el martes un nuevo jaque al reyezuelo de la Moncloa y a su “dama” fiscal, Marisú Montero. Así, aprobaba ayer su “Ley de autonomía Financiera, que asegura las competencias fiscales recogidas en la Constitución, que permiten seguir siendo libres, mejores y aportar a este proyecto común de prosperidad, entendimiento y bienestar, que es Madrid”. Y fue un poco más lejos en su aviso, por si quedaban dudas: “Nosotros no vamos a subir los impuestos ni vamos a permitir que nadie los suba por la puerta de atrás, porque es lo que los madrileños han votado”. Terminó, con un mensaje directo a su “amigo” Pedro Sánchez: “Ningún país prospera atentando directamente contra su capital. Este ataque, sólo ocurre en España”.

Nunca mejor dicho, una luz al final del tenebroso túnel socialcomunista sanchista, que ojalá sea indicio de claridad a nivel nacional, más clara, si algunos de la derecha dejan de jugar a la contra por intereses personalistas.

Antonio De la Torre, licenciado en Geología, técnico y directivo de empresa. Analista de opinión

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2 Comentarios

  1. joffeca@gmail.com

    Llevo leído muchos artículos del autor y, si bien todos son acertados, me refiero a este como uno de los más completos en cuanto se refiere a como le está quedando la cara y el alma a esta España.
    Podríamos resumir el artículo con un refrán muy manido y popular; «Aunque la mona se vista de sella, si mona era, mona se queda». Podrá el partido socialista añadirse todos los apellidos o adjetivos que quiera, pero sigue siendo, aunque un poco camuflado, el socialismo de los años treinta; aquél que en el 34 dio un golpe de Estado a la República y el que hoy como ayer, arruina a España y a los españoles; lo hizo con Felipe González, el cual subió enormemente el paro a pesar de decir que crearía 800.000 puestos de trabajo, hoy se arrepiente de tal promesa, lo hizo el desdichado, rencoroso e inepto Zapatero y lo está haciendo el que ahora está haciendo medio bueno al antedicho.
    Esperemos que esto no tarde en cambiar, pues no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo aguante.

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  2. joffeca@gmail.com

    Muy buen artículo, que pone en evidencia lo que es y lo que fue, desde su fundación, el PS. Todo populismo, mentira y corrupción. Baste saber que se sublevó contra la II República en 1.934. Ellos que se dan de demócratas; ellos que dicen luchar por el interés general, son los que se aprovechan en nombre de ese interés, que el pueblo compra tan fácilmente, para lucra lucrarse y mantener chiringuitos con los impuestos de toda la ciudadanía.

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