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La distopia de Orwell se hace realidad

La novela distópica, también conocida como apocalíptica, es un subgénero de la literatura de ciencia ficción. Un relato distópico describe una futura sociedad en donde el individuo es alienado y vive absorbido por una sociedad que se fundamenta en un pensamiento único. Quien se salta las normas es perseguido y reeducado.

Los precursores del género son Yevgueni Zamiatin con su novela Nosotros (1920), Aldous Huxley con Un mundo feliz (1932), George Orwell con 1984 (1948) y Ray Bradbury con Fahrenheit 451* (1953). El título de este libro hace referencia a la temperatura a la cual el papel de los libros se inflama y arde.

Conociendo el argumento de estos libros parece que nuestra ansiada “normalidad”, o debiéramos decir mejor anormalidad, se encamina a convertirse en realidad.

Recientemente ha sido noticia la quema de libros, entre ellos comics de Astérix, Tintín y Lucky Luke, en Canadá en un acto de “reconciliación con las primeras naciones”. Por otro lado, aquí la polémica ha sido la del “indulto” de unos ninots para no soliviantar a la comunidad musulmana. Renunciando a unas tradiciones que ni siquiera la dictadura pudo amordazar, gracias al ingenio de los artistas falleros al realizar las críticas al régimen franquista. Pronto olvidamos el Je suis Charlie (Hebdo), mientras aplicamos un doble rasero para los símbolos judeocristianos y nacionales.

Nos hemos fijado siempre en los conceptos que Orwell desarrolló en su 1984:

  • La omnipresente vigilancia masiva del Gran Hermano ya es una realidad con la cantidad de videocámaras que hay en nuestras calles, edificios, fábricas e incluso la de nuestros artilugios electrónicos, teléfonos móviles, Alexia, etc.
  • La famosa y temida habitación 101 en donde el objetivo final de la tortura no es tanto conseguir información como quebrar la voluntad de la persona torturada con lo que ella más teme.
  • La policía del pensamiento logra que las proles sientan que poseen una libertad intelectual, cuando en realidad están desprovistos de intelecto. Nuestro no consensuado y reparcheado sistema educativo y la penosa propuesta de reforma universitaria del ministro Castells, se encaminan a conseguir el abotargamiento de la materia gris.
  • Una sociedad donde se manipula la información lo que se entiende por “fabricación de consenso”. Concepto acuñado por Walter Lippman y desarrollado por Noam Chomsky y Edward S Herman en Los guardianes de la libertad con su modelo de propaganda de los medios de comunicación de masas.
  • Sin olvidar la neolengua, nuevalengua o nuevahabla según la traducción del original orwelliano “newspeak”. En donde las palabras son desprovistas de su significado y así dejan de existir en la mente del hablante. Llega a ser sarcástica la denominación que Orwell da a los Ministerios en su novela.

Sin embargo, hemos pasado por alto la descripción que hace del mundo. Según el escritor británico hay tres superpotencias: Oceanía, Eurasia y Asia Oriental. Resulta que fue un visionario pues su esquema mundial coincide prácticamente con lo que el reciente tratado AUKUS ha provocado.

Según Orwell Oceanía es Reino Unido, América, Australia, Nueva Zelanda, Sur de África e Irlanda. Sólo se equivoca en Irlanda.

Asia Oriental son China, Japón y Corea. No es casualidad que el pasado julio China no ocultará sus aspiraciones. En palabras de Xi Jiping “Completar la reunificación de China es una misión histórica e ineludible”. El último informe anual de seguridad de Japón reconoce que la posición de fuerza de la República Popular China y la indiferencia del resto de estados democráticos suponía “la mayor amenaza de seguridad en Asia Oriental”. Lo que puede convertir Taiwán en los Sudetes del siglo XXI. No podemos olvidar los viajes del gran navegante Zheng He, durante la dinastía Ming, y como consiguió un gran poder en la zona. La dinastía Ming es el arquetipo en el que se mira la actual China.

Por último, queda Eurasia con la Unión Soviética y Europa exceptuando Reino Unido, Irlanda e Islandia. Por lo tanto, está muy cerca que el mapamundi de Orwell sea una realidad.

La situación de Europa es muy delicada, tras el tratado Aukus, la jubilación de Merkel y la insignificancia de Macron. Sin olvidar las continuas injerencias de la Rusia de Putin en los procesos electorales democráticos de los países de la Unión Europea, y su demostrado apoyo al procés catalá. El espejo de Putin es la gran madre Rusia de siglos pretéritos.

Entre tanto ¿a qué modelo aspira la vieja Europa? Las opciones son redefinición y afirmación en nuestros valores grecoromanos y judeocristianos o irrelevancia y posterior subyugación por el vencedor entre una neozarista Rusia o un Califato yihadista.

Jesús Bodegas Frías, licenciado en Ciencias Biológicas

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