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Lateral izquierda Castillo de Javier

Un estado de alarma excepcional que provoca la alarma del Estado

No sorprendo a nadie, supongo, si afirmo que este descerebrado intelectual, malo hasta decir basta e inepto sin duda -pero no tonto, ojo- que preside lo que va quedando de España, está haciendo un abuso que más bien podría calificarse de asalto, de momento sin mano armada, pero con el “arma” incontrolada de un Boletín Oficial del Estado en el que van colando, so pretexto de controlar la pandemia, una serie de “cositas” que no son sino el desarrollo ideológico totalitario que quieren imponer para convertirnos en la Venezuela europea en tiempo récord. Un instrumento altamente peligroso en manos de unos ineptos destructivos que vuelve a dejar patente la frase de Francisco Ayala que tantas veces traigo a mis artículos desde los gobiernos nefastos de José Luis Rodríguez en los lejanos ya, años 2004 al 11, repetida por cierto en uno de sus últimos discursos desde la tribuna del Congreso por Santiago Abascal, al que también le valdría: “La incompetencia es tanto más dañina cuanto mayor sea el poder del incompetente”.

Sería muy prolijo y aburrido por repetitivo, siquiera citar las continuas ocurrencias, contradicciones, rectificaciones en pocas horas de sus permanentes ejercicios de acierto y error por la mucha mayor abundancia de lo segundo y, por supuesto, los no menos frecuentes abusos del antes citado BOE, en el que nos cuela disposiciones y órdenes, vía reales decretos para modificar leyes orgánicas, de más rango que los instrumentos “legales”, teóricamente de emergencia. Lo vimos con la salida de los niños, primero de 12 años, después 14 y al final fue para los de 13 -tal vez por eso de que “en el término medio está la virtud”, aunque con esta gente las virtudes escasean bastante-. Niños que han vuelto a estar en el centro de la polémica tras la última ocurrencia de ese genio vasco que ocupa la cartera de Educación, Isabel Celaá, que bajo los decretos del estado de alarma nos pretende colar una reforma educativa más, en la que como en todas las de la izquierda, prevalece la ideología y el adoctrinamiento estabular frente al que debería ser el verdadero objetivo de una Educación basada en la excelencia, el esfuerzo y el mérito, que nos dice ahora que “Mientras no haya una vacuna o un remedio, las aulas deberán estar con la mitad de su capacidad, aproximadamente” -aclara, menos mal, porque con estos cerebros las aulas con cifras impares podrían sufrir soluciones salomónicas-. Y enseguida tuvo su refrendo en ese otro genio, Fernando Simón, que a final de Enero pronosticaba la ausencia de casos de COVID19 en España “no más allá de algún caso” -el suyo tal vez- y esta vez amplió su ameritada inclusión en la creciente “Antología del Disparate” diciendo que “la medida me parece bien si en un aula de 40 se mete a 15 niños, pero no si el aula es de 15”. Tampoco perdió su oportunidad Teresa Ribera, desaparecida hasta ahora, ministra para la Transición Ecológica y el Reto Democrático de España -casi “ná p’a” una tarjeta de visita-, agraciada de propina con la cuarta vicepresidencia del todo a cien que ideó la redonda mano que mece la cuna en Moncloa, a la que “reconforta ver la Castellana llena de bicis y sus bulevares llenos de ciudadanos caminando, corriendo o paseando al perro”. La susodicha, por más señas nuera de aquel “ilustre” Juez del Supremo, Enrique Bacigalupo -alta escuela peronista- que no quiso “estigmatizar” a Felipe González por los GAL, y que no “recordaba” si había renunciado a la generosa pensión que le reportó más de medio millón de dólares por “haber ocupado, durante mes y medio, un cargo de segunda fila en el gobierno de Héctor Cámpora” -Argentina- mientras cobraba su sueldo español –Jaime Campmany, ABC, 16.03.2002-. Nos dice esta señora que “Portugal está más al Oeste y como el virus viene del Este, por eso llegó menos”. Nadie preguntó por qué Grecia, bastante más al Este de España que Portugal al Oeste, tiene tan pocos casos y fallecidos. O Finlandia, Noruega, Dinamarca… todos más cerca de China. Da igual. Ellos dicen lo que les place y sus medios lo acallan culpando al PP. También puso su granito de arena en otra rectificación, la ocupación de terrazas de cafeterías y restaurantes en sabe Dios cual de las laberínticas “fases de desescalada” que empiezan en la cero, “la inicial”, pasa a la uno, “la primera”, y termina en la tres, “la avanzada”, después de la dos “la intermedia” ¿de cuatro? Era del 30% y creció al 50% ante la protesta de los empresarios del sector, a los que no se consultó y cuando alguno expresó no poder abrir su negocio con esa baja ocupación su respuesta fue “El que no se sienta cómodo, que no abra”.

¿Qué decir de la nueva consigna en la permanente manipulación del lenguaje de la izquierda con el eslogan de “la nueva normalidad”? Tal vez sea la que la portavoz Mª Jesús Montero aludía en una de sus apariciones: “avanzar en un cambio del modelo productivo que permita que España se posicione como una economía dinámica, fuerte, en este Nuevo Orden Mundial”, ¿le traicionó el subconsciente, fue un desliz o era la continuación de lo que su jefe pretende, supuestamente claro, desde su reunión con Georges Soros a los pocos días de llegar a Moncloa tras la moción de censura para “devolver la estabilidad a España mediante la convocatoria de elecciones generales lo antes posible” que tardaron 10 meses? Reunión de la que nada se supo oficialmente ni qué temas se trataron, pese al reciente brindis al Sol de la mencionada portavoz: “Porque este Gobierno más transparente no puede ser”. ¿O tendrá que ver con la visita de Falconeti “os y as” a la Fundación de Bill & Melinda Gates en septiembre del año pasado? Allí presentó su Agenda 2030 como “la forma de convertirla en el nuevo contrato social global” y dijo que “en España todo el mundo (sic) está muy concienciado en esta agenda y la está convirtiendo en su propia agenda” -yo no ¿usted?- y que España “regresaba a la comunidad de donantes y aportaría 100 MM€ al fondo conjunto en los próximos cinco años y 100 MM€ más al fondo global para la lucha contra sida, malaria y  tuberculosis en los próximos tres años”. Estoy más con el gran español Rafa Nadal: “quiero recuperar la antigua normalidad”, por lo que ha sido duramente atacado en Twitter por ese mundo “tolerante” de la otra pandemia progresista y populista que nos invade. O con Donald Trump, “No más ONU y No al NOM. El futuro no pertenece a los globalistas. El futuro pertenece a los patriotas, a naciones soberanas e independientes que protegen a sus ciudadanos, respetan a sus vecinos y honran las diferencias que hacen que cada país sea especial y único”.

Termino con una referencia al nuevo show parlamentario de ayer, una tomadura de pelo más al pueblo soberano al que dicen representar nuestros políticos, con todo previsible y  precocinado. Tras el acuerdo alcanzado a última hora del martes entre el encantador de serpientes y la encantada de haberse conocido, la dulce Inés Arrimadas, muchos esperábamos la intervención de Pablo Casado sin el peso ya de la trampa saducea permanente del gobierno replicado debidamente por sus medios de comunicación fieles, para que, hiciera lo que hiciera, ser siempre el malo de la película, como repitieron algunos portavoces y el propio presidente en intervenciones y réplicas. Creo que estuvo bien y contundente en su crítica y muy bien en su réplica, pero optó por la abstención que, entendiendo su posición, no comparto -siempre es más fácil opinar que decidir- y no sé si lo será entre su electorado. Me preocupa, como escribí ayer en Twitter, que el cambio de criterio de Ciudadanos pueda encerrar algo más que lo que ha dicho hoy su presidente desde su doble estado de buena esperanza, la del niño y la de creer que cumplirá su palabra el que no ha hecho otra cosa que mentir desde que sabemos de su existencia y que no cabe duda de que provoca en muchos españoles auténtica alarma. Yo iría pensando en un posible adelanto electoral en las comunidades en que gobierna el Partido Popular con el apoyo de los naranjas y que, especialmente en Madrid, el verdadero enemigo a batir por el frente popular todavía en el poder, creo que su buena gestión en la crisis sanitaria salvaría con rotundidad, antes de que la inevitable crisis económica, que llegará con mucha más crudeza de lo que ya apunta, haga saltar las calles, en lo que la izquierda populista es especialista y que siempre será más fácil de afrontar con una mayoría holgada o absoluta que con una débil apoyada en un socio nada fiable que vuelve a sus orígenes, la socialdemocracia bisagra. Ya se sabe que “la cabra tira al monte” y el de Ciudadanos es el PSC no nacionalista, pero socialista.

Antonio de la Torre, licenciado en Geología, técnico y directivo de empresa. Analista de opinión

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