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Un silencio que hiere

Vamos ya para diez días del “accidente” del vertedero de Zaldibar y todo sigue igual. Continúa el silencio y dos desaparecidos que parece que sólo preocupan a sus familias. A pesar de lo que pueda parecer, el tema tiene mucho más calado de lo que aparenta. Siendo evidente que la Comunidad Autónoma Vasca no dispone de medios ni de capacidad para gestionar el problema, el Gobierno peneuvista vasco se ha negado desde el primer momento a recibir la ayuda y el apoyo de la UME.

Los motivos que se me ocurren pueden ser varios. Tal vez sea que la bandera de la solapa de los soldados les de asquito. Quizá es que la mierda del vertedero no solo esté tapando dos cadáveres y los terrenos colindantes, y haya motivos para que algunos gobernantes no puedan permitirse el lujo de correr el riesgo de que alguien vea algo inexplicable. Puede que el supremacismo nacionalista no permita dejar que otros seres inferiores acudan al rescate. Aunque lo más probable es que esto responda a una mezcla de todo lo anterior. No lo sé. Lo único seguro es que a día de hoy hay dos familias que esperan los cuerpos de sus seres queridos que siguen enterrados bajo toneladas de basuras y residuos, y que decenas de miles si no centenas de miles de vascos siguen respirando sustancias potencialmente peligrosas para su salud.

La única consecuencia conocida hasta hoy respecto del tema ha sido la sustitución del Delegado del Gobierno en Euskadi, quien cometió el imperdonable error de hacer público que había ofrecido la ayuda de la Unidad Militar de Emergencias al Gobierno de Urkullu seis horas después de suceder el accidente. ¿Quién se había creído el tío? Tal vez dentro de diez o quince años conozcamos una sentencia judicial que condene a algún cargo del PNV de las que los medios de comunicación no hagan eco, como en el caso De Miguel o los otros cinco por los que se dice que se ha condenado a personas del entorno del partido nacionalista. Esperemos que para entonces hayan conseguido rescatar los cuerpos de los desaparecidos y la población civil haya podido dejar de desayunar tostadas con amianto, y si no siempre quedará Osakidetza.

Desde la distancia cercana debo confesar que no me resulta tranquilizador ver como los mismos gobernantes con otros collares, me refiero a nacionalistas vascos y socialistas, misma combinación gobernante en Navarra y País Vasco, son los responsables del devenir de Navarra, más aún cuando la voz cantante en el binomio es claramente del PNV con el aliento de EH Bildu, como diría aquel, dinamita pa los pollos. Afortunadamente aún en la Comunidad Foral disponemos de medios e instituciones como  las propias, véase Policía Foral, y las comunes y también propias como el ejército con la UME, la Guardia Civil con unos especialistas en rescate que son un auténtico lujo (dicho sea de paso, la benemérita fue creada por un pamplonés a petición de Isabel II, el Duque de Ahumada),…

De momento creo que podemos dormir relativamente tranquilos. Pero, como sigamos viendo muchas ruedas de prensa del Vicepresidente Remirez Apesteguía apelando a la normalidad mientras señala la puerta de salida de Navarra a las instituciones del Estado a la par que pone la alfombra para recibir a los vecinos que, sin tapujos, se jactan de querer fagocitarnos y diluirnos en un ente político por ellos anhelado, y que no sabemos muy bien si pretende asemejarse a la Alemania del XX o a la Cuba de los barbudos y a la Venezuela actual, nuestra tranquilidad y confianza se van a ir esfumando.

Esperemos que, como les gusta decir a muchos políticos, se recupere la altura de miras, se olvide el interés particular de algunos políticos, y vuelva a primar el interés general de los ciudadanos. Sólo así se podrá recuperar el sueño, especialmente quien más lo necesita, y en este caso los familiares de aquellos que aún siguen sin ser encontrados y los miles de ciudadanos que no tienen más opción que continuar respirando porquerías que ponen en riesgo su salud y la de aquellos por los que se dejan todo cada día.

Juan Pablo Ibáñez, abogado

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