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El BCE redujo los estímulos porque confía más en que la inflación suba al 2%

Las actas del BCE muestran que sus consejeros estuvieron de acuerdo en extender el QE, pero no en hasta cuándo

El Banco Central Europeo (BCE) redujo a finales de octubre los estímulos monetarios en la zona del euro a la mitad porque confía más en que la inflación suba hasta su objetivo de una tasa cercana al 2 %.

En las actas de su última reunión de política monetaria, publicadas hoy, el BCE dijo que «una amplia mayoría de miembros (del Consejo de Gobierno) apoyó» la propuesta de reducir a partir de enero las compras de deuda hasta 30.000 millones de euros durante nueve meses más y dejar un final abierto al programa de expansión cuantitativa conocido como QE (Quantitative Easing).

El Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) acordó así de manera casi unánime la extensión del programa de compra de activos, pero la estrategia de mantener el fin del plan de estímulos abierto generó una mayor controversia, según se desprende de las actas de la última reunión sobre política monetaria celebrada el pasado 26 de octubre y publicadas este jueves.

«El anuncio de una fecha de finalización podría inducir a los participantes del mercado a ajustar precios de forma anticipada, lo que podría llevar a un indeseado endurecimiento de las condiciones financieras», según las actas.

El Consejo de Gobierno también consideró importante seguir mostrando la disposición y la capacidad de cambiar el programa de compra de deuda en caso necesario si la situación empeora.

En este sentido, las actas del banco central reflejan que los consejeros debatieron una serie de alternativas y no llegaron a acuerdos comunes en lo que respecta a mantener el esquema de compras abierto. «Se consideró que una fecha de finalización estaba justificada sobre la base de un anticipo de un mayor progreso económico y un impulso de los precios, unos riesgos decrecientes y unas condiciones favorables de financiamiento», señala el documento.

Un miembro del Consejo de Gobierno consideró, incluso, que no estaba justificado un final abierto al menos que hubiera riesgos de que vuelvan a surgir presiones deflacionarias y argumentó que la relación entre costes y beneficios de las compras de deuda se volvían cada vez más desfavorable.

Aunque se reconoció que era necesario mantener la expansión monetaria y que era importante que el programa terminara de forma ordenada.

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