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Crítica literaria: “La casa de los siete tejados”

Crítica literaria: “La casa de los siete tejados”
  • Por José Andrés, profesor y doctor en geografía

Título: La casa de los siete tejados

Autor: Nataniel Hawthorne

Editorial: Mondadori

ISBN: 9788499080963

Solamente descubrir el nombre de la autora de la Letra escarlata, ya daban ganas de leer la novela que nos ocupa, La casa de lo siete tejados. Según el que fue gran critico, T. S. Eliot, esta es la mejor novela escrita en lengua inglesa.

En ella, se nos describe la presión que los antepasados muertos pueden ejercer sobre las generaciones futuras. Y este es el caso de Phoebe Pyncheon, descendiente de un coronel del ejercito de su majestad, que arrebata las tierras a un humilde campesino y recibe una maldición que le perseguirá mientras viva, tanto a el como a sus descendientes.

Aunque lo que verdaderamente importa es el descubrir como la herencia que acompaña a los Pyncheon y que pasa de una generación a otra, es la debilidad, los defectos, las oscuras pasiones, la tendencia a hacer el mal y las flaquezas morales que conducen al delito y que les lleva a atropellar la felicidad de los más débiles.

La encarnación más palpable de ello es el juez Jaffrey Pyncheon, cuyo comportamiento y ambición le sitúan en el punto de mira del autor y de sus personajes. La culpa transmitida de generación en generación se revela como un castigo mucho más terrible que una simple condena física: las virtudes y defectos pasan de padres a hijos, pero también los pecados y las buenas acciones.

En La casa de los siete tejados el escritor deja muy claro que ese legado es lo que marca la vida de los hombres. Así, Jaffrey aparece como una nueva versión del coronel original, el causante de aquella maldición que ha venido asolando a la familia con mayor o menor ferocidad; no es baladí el que su rostro se asemeje casi por completo al de su antepasado, puesto que sus rasgos externos simbolizan las coincidencias en su idiosincrasia. Hepzibah, la propietaria de esa casa que da título al libro y prima del juez, carga también con una parte de culpa que en su caso se manifiesta en su rostro, ajado y feo, lo cual la “marca” ante su comunidad y le impele a llevar una vida aislada. Clifford, el hermano de Hepzibah, será el desencadenante de la historia al enfrentarse al juez Pyncheon; no de una forma física, sino recurriendo a las palmarias diferencias de carácter entre ambos. Jaffrey tiene un punto de maldad insoslayable, algo que se convierte en definitivo a la hora de arrostrar su destino.

Visto lo visto, la conclusión de la novela es la que cabría esperar: la culpa recayendo sobre los malvados y haciendo que expíen sus faltas, mientras que la bondad redime a aquellos que han sabido apartarse del pecado, como es el caso de Phoebe. Las vueltas de tuerca finales (que no revelaremos) hacen que un desarrollo modélico se vea empañado por unas últimas páginas algo atropelladas y quede la sensación de que el autor condensa mucha información en poco espacio. No obstante, el narrador que Hawthorne emplea como hilo conductor de la novela está cargado de ironía, soltura y modernidad, anticipando incluso la narración cinematográfica en algunos pasajes. La voz del narrador, por tanto, se convierte en un personaje más, que da al relato una fuerza y un misterio que casi lo convierte en una historia de fantasmas sin fantasmas.

 

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