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Calatrava aparca polémicas y presenta siete grandes esculturas en Nueva York

Calatrava aparca polémicas y presenta siete grandes esculturas en Nueva York
Cedida po EPW Studio.
Cedida por EPW Studio.

Para el arquitecto, las esculturas, abstractas, expresivas y de gran tamaño, están basadas en «la observación del crecimiento»

El arquitecto español Santiago Calatrava reivindicó el vínculo entre el arte y la arquitectura en una nueva exposición de siete esculturas monumentales en la avenida Park de Nueva York, mientras siguen las obras de la polémica estación que ha diseñado en el corazón del World Trade Center.

La exposición, que recorre el carril central de la cotizada avenida Park entre la calle 52 y la 55, está comisariada por la galería Malborough, NYC Parks y The Fund for Park Avenue y se podrá ver hasta medianos de noviembre.

Las esculturas, realizadas a gran escala a partir de aluminio en los colores rojo, negro y plateado, están relacionadas unas con las otras y aunque son autónomas, según las palabras del propio arquitecto, «reflejan la estética de la estación» de la llamada «zona cero».

«Como en muchas de mis obras hay una vertiente de entender la arquitectura como arte», consideró Calatrava, que espera que la gente experimente la nueva estación, ya en su fase final de construcción, como un espacio artístico a la vez que funcional.

Preguntado por los periodistas, Calatrava no se posicionó sobre las críticas por el sobrecoste de la obra en la estación diseñada por el arquitecto español, que según The New York Times costará en total cerca de 4.000 millones de dólares, casi el doble de lo previsto inicialmente.

La nueva estación del World Trade Center, llamada a ser uno de los símbolos de la reconstrucción del Bajo Manhattan tras los atentados del 11 de septiembre del 2001, se vio envuelta casi desde un principio en la polémica. Calatrava también fue seleccionado para reconstruir la iglesia ortodoxa griega destruida en los atentados.

Las esculturas de gran tamaño -la mayor tiene una longitud de 11,1 metros y una altura de 5,5 metros-, aunque son abstractas, recogen trabajos en los que el artista se interesa por las formas expresivas y las estructuras inspiradas en la naturaleza al estar basadas en «un sentido de la observación respecto al crecimiento».

Tras exponer sus esculturas en el Museo de Arte Moderno (MoMA) en 1993 y en el Museo Metropolitano (Met) en el 2005, la instalación es la tercera que el ingeniero valenciano realiza en una ciudad que considera que también es en parte mediterránea.

El arquitecto, que a lo largo de su carrera se ha visto envuelto en procedimientos judiciales por varios de sus proyectos, rechazó «sentirse maltratado» por su país, con el que considera que tiene un estrecho vínculo por «haber dejado algunos símbolos de la época extraordinaria de democracia, progreso y justicia social», como la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia (1998).

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