Es preciso reconocer que el proyecto europeo, que había despertado admiración, esperanza e incluso entusiasmo, como espacio de paz, democracia, desarrollo económico y respeto a los derechos humanos, un proyecto en el que seducía involucrarse, como muestran las sucesivas ampliaciones, hoy ha dejado de provocar esos sentimientos y más bien despierta desinterés, en el mejor de los casos, o incluso un cierto rechazo: una parte importante de los ciudadanos considera que la Unión es culpable de los problemas que hoy sienten más cercanos o, cuando menos, ven su incapacidad para hacerles frente con solvencia. Y hay una clara tendencia a replegarse en el propio país, pensando así protegerse mejor, cuando la realidad es que, tanto en el terreno comercial como en el de la defensa, a medio plazo o incluso en el corto, aislarse supone agravar los problemas y no tener recursos para resolverlos.
Sin embargo, las consecuencias sociales de la crisis económica, el terrorismo, el crimen organizado, el cambio climático, la crisis migratoria son otras tantas razones que ponen en evidencia las fragilidades de la UE, y explican el auge de los populismos de uno y otro signo y de los partidos extremistas. No hay duda de que los líderes europeos son conscientes del sentir de las poblaciones[i], la Comisión ha elaborado recientemente varios Informes dirigidos al Parlamento y el Consejo que ponen en evidencia los deseos de buscar nuevas líneas de actuación que permitan acercar los objetivos de la Unión a las inquietudes de los europeos.
Hacen falta nuevos instrumentos y, sobre todo, acordar iniciativas conjuntas para colaborar en asuntos de interés común que superan los límites fronterizos, por ejemplo, para estabilizar los ciclos presupuestarios, para luchar contra la corrupción, más allá de las fronteras de cada Estado, contra el terrorismo o para la protección de las fronteras comunitarias. Y hay que saber transmitir a los europeos que aportar soluciones a esos problemas, que sienten tan vivos, requiere actuaciones comunes, nunca replegarse en el propio territorio. En todos estos ámbitos la competencia de las instituciones europeas es a día de hoy, muy limitada.
En otro orden de cosas, recordando la primera de las políticas comunes, cuyo indudable éxito está detrás de los problemas a que se enfrenta, es ineludible prestar nueva atención al sector agrario europeo, devolver la confianza a los agricultores y al conjunto de la población, con medidas que busquen estimular inversiones y favorecer la permanencia de la población en los territorios y no a través de nuevas regulaciones.
Hay, por tanto, un mensaje político claro: se puede dar respuesta a muchos de los objetivos actuales de la población europea con la oferta de bienes públicos que den solución a los problemas comunes, esos que no se pueden resolver por los países de forma individual y que superan ampliamente el ámbito de la economía, aunque la incluyan no pocas veces.
Así también, en el terreno de la ampliación del mercado se abre una oportunidad para Europa de reforzar los intercambios con los países asiáticos y China, con un mayor acceso a sus mercados y reciprocidad por parte europea. Se podría ayudar a China a completar la gama industrial, aumentando los flujos comerciales en ambos sentidos.
Se trata, además, de garantizar, en la medida de lo posible, la seguridad colectiva ante la nueva relación de fuerzas en el mundo; regular los flujos migratorios, respetando siempre el principio de solidaridad, tan querido a los europeos; luchar contra el terrorismo, sin que ello se traduzca en una sensible pérdida de libertad, son retos para la nueva Unión Europea, un espacio donde se coordinen los Estados miembros en materia de justicia, policía, lucha antiterrorista y contra el crimen organizado, en general, así como en las materias propias de la diplomacia y la defensa.
Los Informes que se están elaborando a requerimiento de las instituciones europeas parecen demostrar que la Unión avanza en este sentido, las últimas reuniones de los líderes demuestran que se va hacia un fortalecimiento de la Unión y no hacia una mayor debilidad.
Avanzar hacia un nuevo proyecto europeo, más cerca de los ciudadanos, tiene sentido a la luz de las nuevas relaciones de poder que se están produciendo en el mundo, Europa, la Europa unida debe seguir siendo el espacio de libertad, seguridad, respeto a los derechos humanos y avance económico en el que deseen seguir viviendo la población de los distintos países.
[i] Como muestran los Informes recientes de la Comisión Europea. Véase, por ejemplo, Iniciativa de desarrollo sostenible de la economía azul en el Mediterráneo occidental, Comisión Europea, 19 de abril de 2017; o Report from the Commision to the European Parrliament, The European Council and the Council, 12 de abril de 2017. Puede verse también el nº 402 de Question d’Europe, que ofrece algunas claves para el ‘futuro del proyecto europeo’.
Elvira Martínez Chacón, Profesora Emérita de la Universidad de Navarra, área de Economía
Artículos anteriores (1 y 2);
Apuntes: Un proyecto europeo para un futuro con esperanza (1)
Apuntes.- Un proyecto europeo para un futuro con esperanza (2) La salida del Reino Unido


