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Trump, Venezuela, identidad y… Sánchez

Trump, Venezuela, identidad y… Sánchez. Conglomerado y nexo común

Desde la elección por mayoría aplastante de Donald Trump la situación geopolítica está tomando otro rumbo, no solo en lo económico o territorial, sino en el ideológico.

A nivel mundial Trump y su gobierno representa una alternativa al estatus establecido, sobre todo en Europa y por ende en España, avocadas a un comunismo moderno que ya no aguijonea con la lucha de clases, y aviva la cultura Wok, cultura de la muerte con el aborto, la eutanasia, el suicidio asistido o no.

En busca, diríamos de una, planificación mundial basada en una organización de ataque a la familia natural; un feminismo alejado de la maternidad y configuración familiar; un impulso de la homosexualidad que provoca la perdida de identidad, ahora ya desde la más pura infancia…

Una agresión a la cultura occidental cristiana, católica por excelencia, que incluso silencia los masivos masacres, secuestros y asesinatos a fieles y sacerdotes.

Una utilización del denominado cambio climático, culto que sirve para justificar todo y que ha llevado al «empobrecimiento de la sociedad y la economía desde los coches eléctricos pasando por la sostenibilidad insostenible.

Pues bien, en este maremágnum, Trump ha pasado a enarbolar la bandera identitaria de la persona, de la cultura occidental, de la familia como estructura de la sociedad, de la libertad, de la propiedad privada… La de un nuevo orden mundial

Y con España en el punto de mira. Ha intervenido en Venezuela, capturando a Maduro, quien perdió las elecciones y gobernó con la aquiescencia de los organismos internacionales que deberían y deben velar por el cumplimiento de las leyes, la democracia internacional y los derechos humanos. Organismos que dejaron hacer a Maduro y a los suyos.

Sea como fuere en este dejar hacer, Trump, con sus secretarios de Estado, de exteriores y de guerra, con paso firme mantiene su gestión en Venezuela, ampliándola a Cuba.

Un hecho que si bien ha sido criticado por dejar la transición venezolana a la vicepresidenta de Maduro, Deslcy Rodríguez, para España no me parece mala elección.

Y es que Trump, aunque ridiculizado por los medios “progres” o socialistas-podemitas-comunistas, ha señalado con el dedo político a Sánchez y no para otorgarle el protagonismo internacional que tanto desea. Tiempo al tiempo.

Sánchez está respaldado por Europa o China, si, pero que transición elegida para Venezuela la quieren al estilo de la España del 78.

Por lo que el hecho de que gire sobre la vicepresidenta del dictador, es significativo.

Ella es la de las maletas en Barajas, la amiga de Zapatero, el más que investigado judicialmente por delitos de corrupción, el presidente a la sombra, investido por Sánchez; el que comenzó sus contactos con China ya amparados por el rey Felipe y Letizia…

Deslcy tiene mucho que decir de la España actual, de Sánchez o Ábalos, en la cárcel. Y según indicios, se asegura que vendió a Maduro.

Todo en orden, pero…  ¿Cuánto tiempo para poner fin al sanchismo? ¿con dimisión o elecciones? ¿qué gota será la que determine su fin?

Y a más a más ¿con compromiso de revertir sus políticas más atroces para España en lo económico, social, ideológico, blanqueo del terrorismo de ETA, ataque a la Iglesia etc..?

Dicen y comparto que una España no católica desaparece.

Y Trump ha anunciado que pondrá una escultura de Colón en la casa Blanca. Figura clave de la Hispanidad y la evangelización.

Punto clave para acabar con la Leyenda negra contra España.

Punto clave para recuperar la España, la Hispania romana, pasando por los fenicios.  i-shpan-ya, término fenicio que fue adaptado más tarde por los romanos como Hispania.

Nieves Ciprés, periodista

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