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7 de diciembre: San Ambrosio, Obispo de Milán y Doctor de la Iglesia

Los cristianos celebran hoy 7 de diciembre la fiesta de San Ambrosio, Obispo de Milán y Doctor de la Iglesia

San Ambrosio nació hacia el año 339 en Tréveris en una familia aristocrática, que pertenecía a la gens Aurelia. Recibió una esmerada educación humana y cristiana. Tras la muerte prematura del padre en el 354 se trasladó a Roma en compañía de su madre y sus hermanos. Murió el 4 de abril del año 397 y sus restos fueron colocados en la tumba de los mártires Gervasio y Protasio, cumpliendo así el deseo de S. Ambrosio, cuando el año 386 se encontraron los restos de estos mártires (Paulino, Vita, 14).

Estudió retórica y ejerció la abogacía en 370 fue nombrado gobernador de la Liguria y de la Emilia, con residencia en Milán. Destacó por sus buenas cualidades y fue designado obispo de Milán, a la muerte del obispo arriano Auxencio. Ambrosio tuvo que estar presente en el momento de la elección, en calidad de gobernador para apaciguar los ánimosm entre arrianos y católicos.

Fue bautizado y una semana antes de ser consagrado obispo, el 7 de diciembre del 374. Con la ayuda de un sacerdote erudito llamado Simpliciano alcanzará una excelente cualificación doctrinal, estudiando sistemáticamente la Biblia y a algunos Padres de la Iglesia, como Orígenes, S. Cipriano, S. Atanasio, Dídimo de Alejandría, los Capadocios y S. Cirilo de Jerusalén.

La relación de Ambrosio con los emperadores era buena. Pero fue con Teodosio (379-395) se empeoraron en 390 por el incidente de Tesalónica, que se inicia con la rebelión de la ciudad contra el emperador. Una multitud reunida en el circo de Tesalónica fue pasada a cuchillo. Ambrosio juzgó que el emperador había cometido un pecado grave de homicidio y, en consecuencia, le sometió a la penitencia eclesiástica, que fue aceptada por Teodosio quien finalmente fue reconciliado con la Iglesia en la Navidad del 390.

Destacó por sus predicaciones homiléticas dominicales y festivas que predicaba diariamente. Escribió un considerable número de obras sobre temas pastorales y de espiritualidad, San Agustín, nos narra cómo los sermones catecumenales de S. Ambrosio, con la interpretación alegórica del A. Testamento, le ayudaron a resolver las dudas que el maniqueísmo había dejado en su alma.

Pretaba gran atención a los penitentes, a los pobres y encarcelados, así como la episcopalis audientia y las gestiones para conseguir unposible indulto para los condenados a muerte.

En el siglo IV el arrianismo se distanciaba de los cristianos-católicos. Los arrianos negaban la divinidad de Cristo, afirmada por los católicos. Lo cual era un grave obstáculo a la hora de elegir un pastor que pudiera representar a ambas partes.

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