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El abrazo de Otegui

Los abrazos políticos son símbolos, símbolos potentes. Muestran que cada parte reconoce y respeta a la otra, y que no le guarda enemistad. Los abrazos firman alianzas, aligeran rendiciones y acaban guerras. O no. Porque también los hay (Octavio y Marco Antonio, Judas y Jesús) que no son lo que parecen.

Hay abrazos que no se ven pero se sienten. Y se resienten. El más famoso quizá sea el de Kruschev y Honecker, el dictador ruso y su perro guardián en Alemania del Este (Alemania Democrática, como diría un comunista).

Hay uno que no hemos visto pero podemos sentir. El de Pedro Sánchez con Arnaldo Otegui. Un abrazo que refleja la intención declarada de Sánchez de llevar a Bildu a “la dirección del Estado”, dando por buena la intención declarada de este partido de “tumbar el sistema”.

No se confundan, me parece legítimo. Todo el mundo tiene que poder aspirar a tumbar un sistema que le parece mal. Y todo el mundo tiene derecho a pensar que le conviene dejar que suceda mientras le dejen seguir con su agenda. Alguno va más allá. Si hemos perdonado a Menachem Beguin que fundara Israel usando bombas, ¿porqué no pasar página?

Una razón es que no estamos pasando página sino intentando arrancarla para que no se vea lo que hizo cada uno. Otra (y es a la que voy) es que Bildu y su entorno no han dejado de acogotar a la sociedad vasca (y parte de la navarra), intimidando estudiantes en la UPV, poniendo pancartas apologistas en institutos de Iturrama, fomentando el odio a las instituciones y justificando las agresiones y acosos. No hace demasiado vimos huir corriendo a concejales socialistas en Pamplona.

En resumen, es legítimo aspirar a derribar el sistema, pero sólo desde dentro de la ley. Es legítimo desconfiar de las instituciones, pero no trabajar para socavar su funcionamiento. Es legítimo no compartir una decisión judicial, pero no cuestionarla desde otros poderes del Estado. Es legítimo sentir aprecio por un criminal, pero no exaltar a un asesino político. Mucho de lo que hace hoy Bildu es ilegítimo.

Ese abrazo que todos vemos es una aceptación de todo lo ilegítimo de Bildu. Y deja ver demasiadas similitudes. Porque Sánchez está comportándose con las instituciones como si no fuera mejor que Otegui. Está socavando la independencia de jueces y fiscales, instrumentalizando la policía y la enseñanza, colonizando la administración, poniendo en duda la legitimidad del orden legal, tergiversando la verdad. Está comportándose como si quisiera “derribar el sistema” pero, a diferencia de Otegui, sin decir para qué. Desde luego, no es parte del programa de su partido ni se basa en los deseos de sus votantes. La agenda de Sánchez se distancia cada vez más de lo que defiende su partido, como se ve por las tímidas protestas de barones como Fernández Vara o Susana Díaz, o los plantes de históricos como Nicolás Redondo Terreros.

Y, como señaló cierto artista esta semana frente al Parlamento de Navarra, ese abrazo tiene ecos en Navarra.

Por eso hoy algunos han intentado saludar a Sánchez con esta imagen. No han podido, pero les comprendo muy bien. Así que aquí tienen su cartel, por si les gusta.

Miguel Cornejo, economista

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