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Lateral derecho Castillo de Javier
Lateral izquierda Castillo de Javier

Un 14 de julio, y herido

Treinta años se cumplen estos “no Sanfermines” en que lo propio hubiera sido verle, tanto con el capote dando seguridad a los corredores como desde el callejón apoyando a nuestro buen matador Javier Marín. Tres décadas este 14 de julio desde que un joven navarro tomara la alternativa en la monumental pamplonesa. Seis lustros; poco y mucho. Sin embargo, fecha simbólica.

Venía con una trayectoria brillante como novillero. Por citar solo un dato, tres orejas e indulto en Garlin, Francia. (Qué pena este 2020 de toros muriendo en mataderos sin posibilidad de perdón).

De Sergio Sánchez Chivite, que llegó a ser quinto en el escalafón con caballos, tras presentarse en Las Ventas frente a un lote poco propicio escribió el crítico Vicente Zabala: “Tiene valor, conoce el oficio y se va detrás de la espada con redaños” (sic). Mientras el Cossío nos habla de “fácil banderillero y espectacular en la ejecución de los pares” (sic).

Iba a tomar la alternativa el día grande del Santo en la plaza de nuestra Casa de Misericordia; padrino, ni más ni menos, Julio Robles. Aquel 7 de julio, su entrega en el segundo par de banderillas le supuso una cornada en la axila que frustró el evento. No obstante, ese mismo catorce se doctoró frente a Algabeño, del Conde la Corte, a manos de José Luis Palomar con El Fundi como testigo. Por si fuera poco, a las veinticuatro horas confirmaba la máxima categoría ante Astudito, en las madrileñas Ventas del Espíritu Santo.

En sucesivas temporadas actuó por toda España, con triunfos desde el norte a Jaén. Se enfrentó, entre otros, a los hierros más míticos y duros, tal que Miura, Albaserrada, Palha, Pablo Romero…

En Pamplona, el año 93 salía por la puerta grande tras lidiar los 524 kilos y el trapío de Frutero, de Ortega. Y ese mismo año indultaba un cuatreño en Venezuela. El 94, entre otras, corta apéndices a un Guardiola en Bilbao y a un Marqués de Domecq en nuestra Feria del Toro. En San Fermín del 95, una oreja llevaba de su primer Cebada Gago, con fuerte petición de la segunda, cuando se suspendió una corrida que pintaba a salida en hombros.

A ojo, le calculo seiscientas faenas, arriba o abajo, entre novilladas, festivales y corridas, con numerosos éxitos.

¿Por qué escribo todo esto? Lo dicho, treinta años de la alternativa para un muy buen espada navarro, además excelente persona. Y ya que aquí no se quiere corregir al refranero en aquello de “nadie es profeta en su tierra”, sobre todo con diestros, escritores, los del pincel o artistas de la escultura.

Sé que alguno me dirá: “con Miguel Induráin no ocurre eso”. Solo faltaría, Miguel también es navarro de nacimiento, espíritu, vocación, y frecuenta el coso pamplonés; pero cuando ganaba todo, algo de Marte también tenía. Pablo Hermoso, ídem de lienzo.

Sergio Sánchez ¡enhorabuena! La afición, te está agradecida; los que te conocemos, con más causa; tu padre y suegro, comentándolo orgullosos allá arriba.

Jesús Javier Corpas Mauleón, escritor

Entrega trofeos feria taurina.

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