Últimas noticias
Lateral derecho Castillo de Javier
Lateral izquierda Castillo de Javier

¿Qué haremos ahora después de la Cuarentena?

Muchos agoreros, muchos oportunistas y gente de perfil pesimista, insisten que nuestra vida va a cambiar, que ya no es lo mismo “el antes que el después del Covid19”, que todo va a ser más difícil, que aquella vida en la que vivíamos a tropel ya no volverá… ¡Tantas cosas extrañas he leído estos días en prensa local y nacional, que se te encoge el estómago! Yo, entiendo que hay cosas serias que nos están ya salpicando de lleno, tanto la economía como muchas otras cosas… Pero yo tengo otra forma diferente de ver la cosas, y así y todo: “no nos bañamos nunca en el mismo río, ni nos bañaremos jamás”, pero sigue siendo el río de siempre -por emular a Heráclito (470 +)-:“No nos bañamos dos veces en las aguas de un mismo río, ni siquiera una vez.” Heráclito afirmaba, que el fundamento de todo está en el cambio incesante.¡Todo se transforma en un proceso de continuo nacimiento y destrucción al que nada escapa…! ¡Esto es cierto, cambiamos continuamente y no siempre a bien! La vida es cambio continuo.

Dicho lo que antecede, observamos que para muchas personas, las experiencias que les son adversas y continuadas, facilitan y favorecen un desarrollo de procesos mentales como la depresión, la ansiedad y la esquizofrenia; que nadie lo duda dentro de nuestra profesión, pues son más lábiles emocionalmente y se estresan con mayor facilidad… proceso que desarrolla una enorme vulnerabilidad; pero también es cierto y así lo observamos de la misma manera, que hay otras muchas personas que superan esas adversidades -diríamos con cierta facilidad-, logrando su desarrollo físico y/o psicológico normal y aparentemente no tienen mayores dificultades en su proceso evolutivo… ¡Esta afirmación, la tenemos todos “in mente” y a nadie le es extraña, pues la observamos muchas veces, a lo largo de la vida! Hasta lo comentamos con los amigos o en familia. La forma en que encaramos de frente la vida, eso es resiliencia o felicidad sintética. Unos tienen un cierto nivel mayor de resiliencia y otros mucho más bajo, tan bajo, que sucumben con facilidad ante cualquier adversidad, por mínima que ésta sea.

La neuropsicología, como ciencia moderna, centra la resiliencia en nuestro cerebro, y es tan antigua evolutivamente como es el propio homínido de Atapuerca… ¡Otra cosa es que nos suene o no reparemos en ella! La Segunda Guerra mundial, puso en la diana muchos aspectos propios que dio origen a estudios científicos, que hoy citamos con normalidad y que han arrojado mucha luz sobre otros muchos estudios actuales. Los ejes cerebrales que coordinan y apuntalan para que la resiliencia funcione, son el sistema de la motivación-acción-recompensa, que no es otro que el núcleo accumbens, el área tegmental ventral-mesencéfalo, las emociones que asociamos a la amígdala-hipocampo y todo esto “empaquetado de alguna manera” con el cortex frontal izquierdo; pueden disculpar mi lenguaje coloquial, para hacerlo más asequible.

La gracia de todo este proceso neuroconductual, que parece tan complicado y que nos hace ser o no ser, resilientes; se puede entrenar, estimular, modificar, etc.; ¡claro si uno quiere y hace un trabajo con cierta constancia para desarrollar esa resiliencia! ¡Sin nada, no hay nada! Por eso esta pandemia nos ha volteado, nos ha generado cierto nivel de estrés, a algunos le ha “dejado tocados”, “sin dinero y sin trabajo”, ¡nadie niega lo duro que es!; pero cada uno de nosotros puede reanimarse, reponerse, recuperarse…; haciendo algo al respecto, y eso es lo que nos hace ser optimistas realistas e inteligentes; tratando de asociar las experiencias pasadas de otras crisis y emergencias que hemos pasado y nos hemos levantado, porque somos fuertes, porque sabemos y queremos trabajar, porque estamos apoyados en una buena célula familiar, porque tenemos salud y suficiente energía para empezar de nuevo…¡Todo esto es optimismo inteligente y realista, que nos hace ser más resilientes! Si a esto añadimos cierto sentido del humor, si tu cerebro te ve sonreír y estar contento, él se pone contento porque cree que lo estás…; una familia cohesionada, un grupo de amigos buenos, tenemos hábitos saludables, etc.; nuestra resiliencia aumenta y se hace más fuerte. Si además intentamos desterrar la soledad, la tristeza y el pesimismo, que nos debilitan y nos hacen más vulnerables: Encajaremos de peor manera las dificultades y no tendremos fuerza para hacer frente a la vida que se nos viene encima.

Emilio Garrido Landívar , Catedrático de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos (CEU)

Artículo anterior ¡Estoy irritado, angustiado y lo pago con el que menos lo merece! ¿Qué me está pasando realmente?

Otras noticias publicadas

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies