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EDITORIAL: «Nueva censura»

Nadie puede discutir que nos encontramos en unos momentos críticos para la libertad de prensa y opinión.

Más de 400 periodistas de medios nacionales de distintas sensibilidades suscribieron el manifiesto #LaLibertadDePreguntar, como protesta por el sistema de ruedas de prensa implementado por la Moncloa poco antes de la declaración del estado de alarma por la pandemia del coronavirus. Un sistema que permite al Gobierno, a través de la Secretaría de Estado de Comunicación, que dirige Miguel Ángel Oliver, filtrar y elegir las preguntas que se dirigen a los comparecientes.

La censura hoy es una realidad en este país. Llamémosle, como el manifiesto #LaLibertadDePreguntar, “nueva censura” o la ciberpratulla del Gobierno que monitoriza las redes sociales en busca de «discursos peligrosos y «elementos que tratan de intoxicar, causar desasosiego y de manipular a la opinión pública», como afirmó el propio Ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska.

El Jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil, José Manuel Santiago, declaró que “lo primero son las personas, no hay ideologías”, después de las críticas recibidas por sus polémicas palabras cuando afirmó que en la lucha contra los bulos, «trabajan para minimizar el clima contrario al Gobierno por su gestión de la crisis del coronavirus».

El general no ha rectificado sus palabras, ni ha dado más explicaciones al respecto.

Ayer el diario El Mundo tuvo acceso a una orden interna de la Guardia Civil que pidió recopilar bulos y ‘fake news’ «susceptibles» de generar «desafección» al Gobierno, unos términos, de nuevo, muy similares a los utilizados por el general Santiago.

La ministra de Educación, Isabel Celaá, también negaba «rotundamente» que el Gobierno haya dado instrucciones a la Guardia Civil para perseguir noticias falsas y bulos con el fin del «proteger la buena imagen del Ejecutivo» en la gestión de la crisis del coronavirus.

Con todo, lo cierto es que ya sólo falta saber quién dirigirá el «Ministerio de la Verdad».

Los ciudadanos, los paganos confinados, empiezan a no contentarse en estos intentos de crear un nuevo régimen político. Ya de poco les sirve que sus niños salgan un rato a la calle, los aplausos de las 20:00 o la suspensión de la fiesta por antonomasia, San Fermín. Una pena

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