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EDITORIAL: La enseña nacional

Los estadounidenses tienen una sana costumbre cual es la de su sentimiento patrio. Es habitual que en sus calles, casas y plazas,  ondee su bandera, la denominada “barras y estrellas”, sin ningún tipo de pudor y sin ningún tipo de vergüenza, hasta el punto, por ejemplo, de que en las mismas películas de Hollywood es exhibida en los cines norteamericanos,  aunque sea mínimamente, en alguna de sus escenas, la bandera estadounidense.

No ocurre, lamentablemente, en muchos lugares de este país al que denominamos España. La bandera roja y gualda, símbolo por antonomasia español, es vituperada y maltratada por un elevado número de independentistas que en Cataluña, Galicia, País Vasco y otros lugares de todo el ancho y largo de la geografía española se empeñan en atacar a los símbolos de esta nación. Tampoco es defendida por muchos “españolitos” de a pie, que por temor a que los clasifiquen como seguidores de la ultraderecha o del mismísimo Franco,  miran para otro lado o callan cuando su bandera es ofendida.

 Homenajes a la bandera española ha habido muchos estos últimos años, en la Plaza de Colon de Madrid o en las innumerables juras de bandera de civiles en muchos puntos de la geografía. Sin embargo, no parece ser suficiente, porque los actos contra los símbolos nacionales se multiplican.

El presidente Rajoy ha declarado que la bandera española es símbolo de fusión de todas las formas de sentirse español, en un intento de crear opinión hacía este símbolo. La Constitución española, regula estos hechos. No obstante, las leyes de este país no suelen aplicarse cuando se producen actos atentatorios contra estos símbolos. Bastaría seguramente con aplicar las leyes para eliminar estas ofensas o minimizarlas, pero, cuidado, que igual le llaman a uno franquista o cosas peores por ello.

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