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OPINIÓN: Erdogan ya tiene su Incidente Afortunado

OPINIÓN: Erdogan ya tiene su Incidente Afortunado

Los jenízaros fueron las tropas de élite del ejército otomano durante varios siglos. Creados en 1383 por el sultán Murad I como una unidad compuesta por jóvenes esclavos de origen cristiano, su poder fue creciendo ininterrumpidamente, de forma similar a como sucedió con la guardia pretoriana en Roma o los mamelucos en el Califató Abasí.

Hacia el siglo XVII, los jenízaros turcos ya se habían convertido en un auténtico estado dentro del estado, capaz de decidir la suerte de las intrigas palaciegas y poner o quitar sultanes mediante golpes de estado. Pero, al mismo tiempo, se había convertido en un cuerpo cada vez más burocratizado y anquilosado, lo que terminaría llevando a su lenta decadencia.

El fin de los jenízaros se produjo el 15 de junio del año 1826, cuando el sultán Mohamed II anunció una reforma del ejército destinada a europeizarlo. Los jenízaros, como tantas veces habían hecho a lo largo de su historia, se amotinaron para intentar deponer al sultán. Pero este, preparado para el evento y apoyado en sus propias fuerzas de cipayos, masacró a miles de sublevados, detuvo y ejecutó a otros tantos, disolvió el cuerpo de jenízaros y confiscó todas sus posesiones.

A esa última rebelión de los jenízaros se la conoce, en la Historia turca, por el significativo nombre de “El incidente afortunado”, porque ese levantamiento permitió disolver aquel auténtico poder fáctico temido por los sultanes y odiado por una parte de la población. Muchos historiadores afirman, de hecho, que el sultán Mohamed II provocó conscientemente la rebelión de los jenízaros con el único fin de tener la excusa para acabar definitivamente con ellos.

Como saben ustedes, anteayer se produjo un intento de golpe de estado en Turquía: una parte del ejército – de ese ejército turco que tanto poder ha tenido en el país y que tanto ha condicionado su marcha en el último siglo – se sublevó para tratar de derrocar a Erdogan. Los sublevados, bastante chapuceros o bastante mal informados, no consiguieron más que hacerse durante unas horas con el control de algunos centros oficiales y algunos medios de comunicación. Ahora bien, la intentona se ha saldado con más de 200 muertos, y el resultado inmediato ha sido la inmediata puesta en marcha de una purga, en la que Erdogan no solo ha detenido a casi 3.000 militares, sino que también ha aprovechado para destituir a 2.300 jueces no adictos, entre ellos algún magistrado del Tribunal Constitucional.

Podríamos decir, con toda propiedad, que para el cada vez más autócrata Erdogan, el golpe de estado ha sido un nuevo “incidente afortunado”. El propio presidente turco no ha utilizado directamente esa expresión, pero ha dejado bien claro el concepto, al declarar que “este golpe es una bendición de Alá, porque nos permitirá purgar el Ejército”.

Como sucedió con los jenízaros en 1826, el ejército turco había quedado ya arrinconado, a pesar de lo cual seguía intentando actuar como poder fáctico capaz de tutelar al gobierno, en este caso para frenar la islamización puesta en marcha por Erdogan. Como sucedió con los jenízaros en 1826, la sublevación ha sido una auténtica chapuza, fácilmente aplastada por las fuerzas leales a Erdogan y por esa parte de la población que le apoya. Como sucedió con los jenízaros en 1826, Erdogan ha aprovechado el fracaso de la asonada para poner en marcha inmediatamente una depuración de elementos no adeptos, en el ejército y fuera del ejército.

Quizá algunos malpensados puedan sospechar también, como afirman los historiadores de aquel Incidente Afortunado de 1826, que es el propio “sultán” el que ha provocado el golpe, con el fin de tener una excusa para purgar a sus enemigos.

Desde luego, si alguien no se ha inspirado en la Historia para repetirla, es asombroso cómo la historia turca se repite a sí misma.

Luis del Pino, Director de Sin Complejos en esRadio, autor de Los enigmas del 11-M y 11-M Golpe de régimen, entre otros. Analista de Libertad Digital.

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