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OPINIÓN: El pelo de la dehesa estalinista

OPINIÓN: El pelo de la dehesa estalinista

La expresión «se le nota el pelo de la dehesa» se utiliza para referirse a alguien que está todavía sin desbastar, asilvestrado, que es pueblerino o de ideas muy poco elaboradas. El origen de la expresión proviene, por supuesto, del mundo de la ganadería: los toros adquieren un pelaje rudo para protegerse del frío imperante en la dehesa, donde son soltados para pasar el invierno. Luego, en primavera, ese pelo invernal se cae, sustituido por otro más fino y de mejor aspecto.

Los dirigentes de Podemos no pueden evitar que el pelo de la dehesa les asome por el cuello de la camisa. Se esfuerzan en taparlo, se afanan por mostrar un rostro amable, por invocar la socialdemocracia… pero a nada que se relajan, el pelo de la dehesa se escapa por entre los parches del vestido y sus querencias totalitarias les juegan malas pasadas.

Le ha sucedido a Monedero esta semana, cuando soltó en un mitin que si hay «muchos jueces y guardias civiles» en las listas de Podemos es “porque están esperando un Gobierno presidido por Pablo Iglesias, que les dé la orden de meter en la cárcel a todos estos sinvergüenzas del PP». O sea, que el concepto que Monedero tiene de la independencia del poder judicial es que el gobierno ordene a los jueces a quién deben detener y a quién no.

Por supuesto, todas las asociaciones de jueces – desde la conservadora Asociación Profesional de la Magistratura a la Francisco de Vitoria, pasando por el Foro Judicial Independiente y la progresista Jueces para la Democracia – han saltado como un resorte para recordarle a Monedero que «Los jueces no recibimos órdenes ni directrices de nadie. Las leyes están para cumplirlas».

Desde Podemos han intentado quitar hierro al asunto, diciendo que son cosas que se dicen en los mítines. Vamos, que a Monedero se le calentó la boca.

Por supuesto, en los mítines se dicen muchas tonterías: son cosas del directo. Yo mismo digo tonterías a cientos. Pero el problema es que nadie que tenga mínimamente interiorizada la separación de poderes, nadie que no tenga una concepción totalitaria del poder, sería capaz de cometer semejante desliz. Y si lo cometiera, sería el primero en corregirlo sobre la marcha.

Pero es que le ha pasado también a Íñigo Errejón, que en un mitin con gente del mundo de «la cultura» se refirió a los creadores culturales en términos que recuerdan al famoso discurso de Stalin en 1932, cuando el dictador soviético animaba a la producción de cultura en términos casi fabriles y bautizaba a los creadores como “ingenieros de almas”.

Errejón ve la cultura no como un producto espontáneo del deseo de creación de la sociedad, sino como un instrumento al servicio de fines políticos concretos: «vamos a necesitar», decía Errejón, “un trabajo pedagógico” y “una producción de nuevos símbolos” que “sean capaces de fundar un pueblo que pueda empujar más allá”.

Fíjense cuidadosamente en las palabras pronunciadas por Errejón. Observen la tendencia a la ingeniería social (la ingeniería de almas, que diría Stalin): según Errejón, el pueblo NO es algo que ya exista, y que produce espontáneamente la cultura y a los propios políticos, sino que los políticos tienen que usar la cultura como herramienta «para fundar un pueblo» nuevo.

No tienen remedio estos chicos de Podemos. Lo intentan. Se esfuerzan. Tratan de cubrirse con los ropajes de la moderación; tratan de fingir tolerancia. Pero en cuanto arrecia el tiempo electoral y el viento de los mítines les agita los ropajes, el pelo de la dehesa les asoma por todas las costuras, revelando su educación totalitaria.

Son como esas personas que han aprendido mal un idioma y no consiguen terminar de pensar EN esa otra lengua: pueden traducir mentalmente a ese idioma las ideas que piensan en español, pero de vez en cuando se les escapa una frase del estilo de «from lost to the river».

Iglesias, Errejón, Monedero… tratan desesperadamente de traducir al idioma socialdemócrata las frases que piensan en estalinista, pero de vez en cuando se les escapa un gulag, por obra y gracia de una traducción demasiado literal de sus inquietantes pensamientos.

Luis del Pino, Director de Sin Complejos en esRadio, autor de Los enigmas del 11-M y 11-M Golpe de régimen, entre otros. Analista de Libertad Digital

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