Organizada en colaboración con la Yale University Art Gallery y The Estate of Sol LeWitt, es la muestra más ambiciosa de España, dedicada en exclusiva al dibujo mural de esta figura capital del arte del siglo XX, considerado el padre del Arte Conceptual
Pintor y escultor, nunca se manchó las manos de pintura ni entró en una fundición. Como un arquitecto con un edificó, Sol LeWitt diseñó sus obras, dio instrucciones sobre cómo había que hacerlas, pero nunca las llevó a cabo personalmente.
En la exposición más importante organizada hasta ahora en España, la Fundación Botín «descubre» a este artista, considerado el padre del arte conceptual, a través de 17 dibujos murales, la mayoría de ellos nunca antes exhibidos en nuestro país.
La muestra, organizada en colaboración con la Yale University Art Gallery y The Estate of Sol LeWitt, está comisariada por John Hogan, director de instalaciones y archivista de Wall Drawing en la Yale University Art Gallery y colaborador de Sol LeWitt desde 1982, y por Benjamin Weil, director artístico del Centro Botín.
Durante los últimos dos meses ambos han trabajado en el montaje de la muestra, que estará abierta hasta enero de 2016, y en la supervisión de la creación de las obras siguiendo las instrucciones que dejo LeWitt.
En estas creaciones han participado, además de asistentes cercanos al equipo del artista norteamericano, un grupo de licenciados en Bellas Artes seleccionados por los comisarios para llevar a cabo los dibujos murales.
LeWitt, quien nació en Connecticut en 1928 y falleció en Nueva York a los 78 años, fue un visionario para quien «la idea es la máquina que hace el arte» y por ello se dedicó desde la década de los sesenta a crear obras de arte en las que exploraba la manera en que las ideas lógicas pueden ser transformadas en formas visuales y expresivas.
Dibujos murales inéditos
La exposición ofrece al visitante una perspectiva única de la evolución formal y conceptual del dibujo mural en la trayectoria del artista.
De la selección de diecisiete dibujos murales que componen la exposición, realizados entre 1970 y 2015, dieciséis son inéditos en España -el decimoséptimo fue inaugurado en Madrid en 1989-, y la mayoría no han sido expuestos de nuevo tras su primera ejecución hace más de veinte años. Además, Wall Drawing 7A será llevado a cabo por primera vez en la sala de exposiciones de la Fundación Botín.
Sol LeWitt. 17 Wall Drawings. 1970-2015 pone el acento en un principio teórico básico en la trayectoria de Sol LeWitt que se ha convertido desde entonces en práctica habitual de la creación contemporánea: la supremacía de la idea y del proceso creativo sobre la obra de arte propiamente dicha. Como afirmaba el propio artista: «la idea es la máquina generadora de arte«.
Paralelamente, el conjunto de dibujos murales que se muestra en Santander refleja la extraordinaria consistencia de las exploraciones sistemáticas de LeWitt y la notable diversidad y evolución de su práctica artística, tanto desde el punto de vista formal (de sus figuras geométricas simples a las formas «continuas» y «complejas») como en la variedad de técnicas utilizadas (grafito, lápiz a color, tinta china o pintura acrílica).
Importancia de la obra de LeWitt
John Hogan, estrecho colaborador de LeWitt desde 1982, sigue trabajando con los herederos del artista y está llevando a cabo la catalogación de su obra.
Atento supervisor del montaje de esta exposición, controlando el nivel de calidad y la intención del artista, ha recordado que la cotización de la obra de LeWitt, «quien sólo trabajaba con lápices», ha subido de forma destacada durante los últimos quince años, logrando importantes ventas en subasta.
Hogan ha destacado la importancia que para él tiene «Wall Drawing 821A», con el que se inicia y finaliza el recorrido por la exposición. Se trata de una obra mural realizada con pintura acrílica en blanco y sobre pared blanca «y es uno de los últimos trabajos creador por LeWitt antes de su muerte».
También tiene gran carga emocional «Wall Drawing 46». Ejecutado días antes de la prematura muerte de la escultora Eva Hesse, el dibujo puede considerarse un homenaje a su amiga y en él, por primera vez, introduce líneas de lápiz irregulares, cuya única acotación es que no deben tocarse ni ser rectas. «Era como una manera de meditar, las líneas parecen lágrimas».

